ILHA DE MARÉ (BRASIL) – LOS QUILOMBOS OLVIDADOS. 1º Parte

ILHA DE MARÉ (BRASIL) – LOS QUILOMBOS OLVIDADOS. 1º Parte

El jueves 21 de marzo empezó con lluvia y muy temprano. Partimos del bonito barrio de Río Vermelho, en Salvador de Bahía, al nordeste de Brasil, con rumbo a Santo Tomé de Paripe. Una hora aproximadamente de viaje, hasta este pequeño enclave de pescadores, rodeado por la Bahía de Todos los Santos y la Base Naval Aratú.

La isla tiene unos 5 mil habitantes, el 93% se reconoce como “negro” o “pardo” y vive de la pesca artesanal. Es muy poco lo que se conoce sobre el lugar, con un pasado turístico que parece ya olvidado y un presente complicado para quienes allí habitan. Son comunidades quilombolas, asentadas en las tierras donde sus antepasados, los esclavos de las plantaciones cercanas, huyeron en busca de libertad.

Brasil fue el último país latinoamericano en abolir formalmente la esclavitud: recién en 1888. La zona norte de la isla es la que sufre de mayor precariedad, más próxima a la zona industrial y carente de infraestructura de calidad. La zona sur tiene mayor oferta de servicios básicos, cierta ligazón con actividad turística y mayor distancia de las fuentes contaminantes. Llegamos a destino a las 8 de la mañana con un cielo amenazante. El mar se embravecía y los barquitos se sacudían rítmicamente. Zarpar hacia la Isla de Maré sonaba a una aventura extrema.

Dentro de la embarcación, unas 70 personas hacíamos equilibrio para sentarnos, y algunos se pusieron el salvavidas. Contra todo pronóstico, el viaje fue de lo más tranquilo. Jocemar y Marizélia, de la comunidad quilombola Bananeiras y miembros del MPP (Pescadores y Pescadoras Artesanales de Brasil) fueron nuestros guías y quienes nos llevaron a ver de cerca las construcciones gigantes, el “progreso industrial brasilero”, que está carcomiendo a sus habitantes y cultura tradicional. “Nosotros producimos la comida que comen los brasileros” explican nuestros guías, y es real… ellos pescan de ese mar y ese río que las corporaciones están matando.

UN BOLONQUI SERIO

Los quilombos son comunidades autónomas. En el año 2003, por decreto, el presidente Lula estableció el reconocimiento de sus derechos territoriales, pero en la práctica esto no resolvió todos sus problemas y titular la tierra comunitaria les resulta sumamente complicado. Son comunidades pobres, descendientes de esclavos con sus derechos avasallados. El Estado los ignora y, actualmente, bajo un gobierno que mira con poco cariño a las comunidades campesinas, indígenas, quilombolas, y a las minorías en general, resultan sobre todo un obstáculo al ingreso de industrias y corporaciones internacionales que buscan recursos naturales.

Esta isla, perteneciente al municipio de Salvador, desde la década de los ‘50 fue convertida literalmente en “zona de sacrificio ambiental” en pos del “desarrollo” brasileño, a partir de la instalación de un complejo industrial en la región. La Refinería Landulpho Alves (RLAM), la Terminal Marítima Madre de Dios (TEMADRE), el Complejo Industrial de Aratú (CIA), el Puerto de Aratú y el Complejo Petroquímico de Camaçari (COPEC) son algunas de las industrias en funcionamiento alrededor de la isla. Como consecuencia, elevados niveles de contaminantes (arsénico, cadmio, cobre, mercurio, plomo, zinc, entre otros) fueron registrados en toda la bahía, afectando a la población de la isla y a toda su fauna y flora. Uno de los efectos es modificación de la cadena alimenticia en los humanos, ya que como “predadores tope” ingieren alimento contaminado. El riesgo cancerígeno asociado para varios poblados de la región -y cuya absorción es más acentuada en los niños- ha sido registrado oficialmente pero aún no se le ha dado ninguna respuesta concreta.

Mientras nuestro barco se adentra en la bahía, vamos observando las distintas comunidades costeras. Son construcciones humildes, casas de ladrillos, algunas pintadas de colores, enclavadas en un selvático ecosistema litoral. En las orillas siempre hay barcos y a nuestros costados, mientras navegamos, nos cruzamos con hombres en plena labor, lanzando redes desde pequeños botes. Nuestra primera parada nos lleva frente unos tanques-esferas gigantescas de cemento, almacenes de gases licuados y otros materiales. Del lado de enfrente hay un puerto donde podemos presenciar el momento en que las grúas descargan granos en camiones, liberando polvo lleno de agrotóxicos al mar y al aire.

La logística del mercado agroindustrial también se implantó en esta isla, y los impactos recaen en las aguas y costas, ensuciando las aguas con los remanentes, los materiales de limpieza de máquinas y buques, que atraen animales que pueden ser peligrosos para las comunidades, como ratas o serpientes, aumentando el riesgo sanitario. No hay gestión ambiental para estas consecuencias, más bien se las invisibiliza y no se brinda asistencia a las poblaciones locales para que puedan lidiar con estas situaciones de mejor manera. No muy lejos ya podemos ver torres que expelen el humo y fuego de las centrales termoeléctricas cercanas. La isla está rodeada de estos monstruos contaminantes.

LA BASE NAVAL ARATÚ

Un muro separa el poblado del comienzo de una zona restringida de uso militar. Más allá, las playas guardan refugio a usos exclusivos de las tierras.

Durante la década de 1950 se instaló la primera refinería de petróleo cerca de la Isla y a partir de ese momento, la región quedó ligada al paradigma desarrollista de la nación brasileña, así como a los impactos de los gobiernos dictatoriales. Puntualmente, en 1954 la prefectura de Salvador donó tierras continentales de Paripé, y ahora se encuentra una de las bases navales de la Marina brasilera (que luego construyó en la región también una represa). En los años ‘70, estas tierras se destinaron a residencia de los militares que allí se instalaron, aunque moraban comunidades quilombolas. En ese entonces unas 50-60 familias fueron expulsadas del lugar, sin indemnización. Desde ese momento perduran relaciones de hostilidad y agresión con las comunidades quilombolas adyacentes, quienes reclaman las tierras como propias.

En definitiva, el noreste brasilero, y particularmente la zona de Aratú (puerto de Aratu-Candeias) recibió un fuerte impulso en materia industrial (y un fuerte cariz militar en su control y vigilancia), estableciendo también una zona de movimientos entre diferentes actividades que requerían abastecimiento y transporte de personal desde los poblados cercanos. Paradójicamente (o no tanto…), en los últimos tiempos la base funciona como remanso vacacional para presidentes y otros funcionarios de alto rango. Los guías nos comentaron que Dilma Rousseff y Lula pasaron sus fiestas de fin de año, y el uso exclusivo para jefes de Estado parece que no va a cambiar. Algunos pueden disfrutar la tranquilidad y belleza de las playas de Inema.

Tan lejos y tan cerca de estas comunidades que resisten 500 años de una opresión que nunca termina. Hoy en día encontramos industrias que no cumplen con las normativas, el riesgo de las actividades portuarias y pretroleras, un tipo de turismo que impacta negativamente en el ambiente, el crecimiento del cultivo de camarones en los manglares, la contaminación atmosférica, la deficiencia de los servicios sanitarios y cloacales, la pesca con bomba y la destrucción de la Mata Atlántica, como mayores problemas para un buenvivir de esta región. Las actividades de drenado del Canal de Cotegipe, que implica el riesgo de diseminar metales pesados sedimentados y acumulados en el fondo del mismo, además de los nuevos riesgos asociados al polo de la Industria Naval en la Bahía de Iguape, acrecientan el drama.

Y tenemos, a la vez, los mismos pozos de extracción de petróleo dentro del territorio de las quilombolas.

¿Cómo llevan esta situación las comunidades, y qué alternativas pueden encontrarse desde sus propias intervenciones y propuestas?

 

EL RÍO SOMOS TODAS

EL RÍO SOMOS TODAS

El Río Matanza-Riachuelo es un cuerpo de agua muerto. La zona con más industrias de la provincia de Buenos Aires, con una cuenca de 2240 km2 que abarca 14 municipios, donde viven aproximadamente 7 millones personas, de 64 km de extensión hasta desembocar en el Río de la Plata, el Riachuelo acumula y transporta gran cantidad de elementos tóxicos que las fábricas arrojan al agua entre ellos cromo, plomo y cobre generando todo tipo de padecimientos en las poblaciones que se asientan en sus márgenes, ciudadanos pobres y con sus derechos vulnerados.

“Mujeres del Río” es un cortometraje de investigación dirigido por Soledad Fernández Bouzo que indaga en la lucha permanente por sanear el agua, el suelo y el aire de la cuenca que llevan adelante tres mujeres: Beatriz Mendoza, Claudia Leguizamón y Graciela Itatí Aguirre.

 

EL RÍO SOMOS TODAS

Ayer en la Universidad Nacional de Moreno se llevó adelante una proyección del corto, junto a la realizadora y a Marta Maffei (Dirigente sindical docente argentina) y Maristella Svampa (Doctora en Sociología) quienes pudieron charlar con el público sobre algunas cuestiones pertinentes al rol de las mujeres en las luchas ambientales y la situación de extrema gravedad ecológica que estamos atravesando como humanidad.

“Esta es una invitación poco común”, con esta frase dio inicio a su charla Maristella Svampa, haciendo referencia a la invisibilización de la temática ambiental en la agenda pública, especialmente a nivel académico y estatal, y más aún, cuando los afectados son las poblaciones en situación de mayor vulnerabilidad. Hace 10 años que la causa del Río Matanza-Riachuelo adquirió resonancia mediática, gracias al fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que ordenó su saneamiento.

Para Svampa, para poder entender el caso del Riachuelo se necesita hacer uso de algunos conceptos clave y entender cómo estos se relacionan entre sí. El primero de esos conceptos es el de racismo ambiental, que tiene que ver con la invisibilización de ciertas poblaciones, excluidas y marginalizadas. El segundo concepto es el de zona de sacrificio, que son esos lugares donde viven las personas en condiciones precarias y marginales, áreas que son utilizadas para depositar los excedentes tóxicos, o pasivos ambientales, de la producción industrial, y el último es el concepto de maldesarrollo, que apunta a dar cuenta de un modelo insustentable, con consecuencias sanitarias graves para las poblaciones.

En cuanto al rol de la mujer, Svampa destacó el protagonismo de los feminismos populares o del sur, que han surgido en toda América Latina, principalmente conformados por mujeres en situación de marginalidad, pobres, indígenas, campesinas, y que visibilizan su situación de exclusión. Para la investigadora, estos son movimientos feministas situados en luchas concretas, de aspectos comunitarios.

La radicalidad de estos feminismos populares está en su reivindicación de una cultura de la vida, contraria a la cultura de la muerte que nos ha impuesto el sistema capitalista y patriarcal, y una cultura de la vida y el cuidado. Poner de manifiesto la relación entre mujer y Naturaleza, entre feminismo y ecologismo y poner en cuestión las “dualidades de la modernidad”, esto es la separación arbitraria de los pares naturaleza/sociedad, Mujer/Hombre, humano/no-humano, donde además, uno de esos polos siempre es jerarquizado sobre otro, desconociendo la diferencia y desvalorizándolo, abriendo el camino para la dominación y la opresión.

En este sentido, para la especialista “el ecofeminismo revaloriza aquello que fue denigrado por el pensamiento moderno y patriarcal, poniendo en el centro la tarea del cuidado, sin esencializarlo”; cuando esencializar el rol de cuidadoras fue justamente lo que hizo el patriarcado, separando a los hombres de ese rol y anulando su capacidad de empatía. El cuidado al que se hace referencia tiene que ver con cuidar del otro, de la Naturaleza, de la producción y reproducción de la vida y de su sostenibilidad. Svampa resaltó que los humanos no somos seres autónomos sino seres vulnerables e inderdependientes, o sea, ecodependientes.

“Debemos resaltar que no todo el movimiento feminista asume que la tarea del cuidado de la Naturaleza es tan prioritaria como conseguir la abolición del patriarcado y terminar con la cultura machista y violenta, y en ese sentido, es necesario hoy más que nunca articular entre la agenda del ecofeminismo con los feminismos como el ‘ni una menos’” concluyó Svampa.

Por su parte, Marta Maffei recordó que las luchadoras y luchadores por el saneamiento del Riachuelo no se plantearon la descontaminación del río sino el saneamiento de la cuenca completa, del suelo, el agua y la tierra. “La tierra de la cuenca está llena de tóxicos, ahora mismo”, advirtió Maffei, y agregó que “están construyendo una gran cloaca para verter desechos en el Río de la Plata, y la tierra que remueven luego la acumulan en cualquier lado, donde los chicos juegan, al aire libre”.

Existe hoy una capacidad tecnológica y científica que nos contamina a gran escala, debemos repensar el rol de la investigación en relación a las necesidades y luchas sociales. El derecho de propiedad nos hace creer que podemos hacer lo que queremos con nuestro pedazo de tierra, sin considerar cómo eso afecta a los demás, el daño colateral de las actividades industriales es aceptado y no se controla.

Para Maffei, es necesario pensar al agua como un derecho humano, no hay posibilidad de vida sana (como manda el artículo 41 de la Constitución Nacional argentina) tomando agua contaminada. Además, recordó que las mujeres, por su constitución física orgánica, absorben mayor cantidad de toxinas que los hombres y la ciencia médica no está reconociendo suficientemente esta diferencia para realizar estudios específicos. Últimamente han cobrado relevancia enfermedades como la sensibilidad química múltiple, la fibromialgia y la fatiga crónica, todas relacionadas a la grave contaminación del ambiente.

SOBRE LA PELÍCULA 

Mujeres del Río

ver online: https://www.youtube.com/watch?v=6IlwE5ZocIw&t=653s

Dirección: Soledad Fernández Bouzo

Duración: 11’ 52’’

Universidad de Buenos Aires, 2018

Producción: Instituto de Investigaciones Gino Germani y el Centro de Producción e Investigación Audiovisual de la Facultad de Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires).

Realizado en el marco del concurso de microrrelatos audiovisuales de investigación social, financiado por la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación e impulsado por el Consejo de Decanos de las Facultades de Ciencias Sociales y Humanas en el año 2015.

 

22 de abril | Día de la Tierra

22 de abril | Día de la Tierra

El 22 de abril de 1970 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Madre Tierra (o día de la Tierra), en Estados Unidos, por iniciativa del senador Gaylord Nelson. La preocupación por los impactos de las actividades humanas sobre la vida y los ecosistemas no es nada reciente: ya en aquel entonces había muchas voces que alertaban sobre estos impactos y pronosticaban un futuro siniestro de persistir el mismo modelo de producción que los estaba causando. Y el gran problema de este modelo también estaba claro cincuenta años atrás: la humanidad estaba acercándose peligrosamente a los límites del crecimiento. En efecto, en 1972 el Massachusetts Institute of Technology (MIT) publicó The limits of Growth (“Los límites del crecimiento”), un informe en el que se da cuenta, a lo largo de sus casi doscientas páginas, de la insensatez de perseguir un crecimiento infinito en un planeta cuyos recursos están limitados.

Desde entonces han pasado 49 Días Internacionales de la Tierra, 24 Conferencias sobre Cambio Climático y 14 Conferencias de Naciones Unidas sobre la Biodiversidad. Se han establecido los Objetivos de Desarrollo del Milenio y luego los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Se estableció el Protocolo de Kyoto, que fracasó, y desde 2015 el Acuerdo de París. Se han celebrado otros tantos encuentros: sobre océanos, bosques, glaciares, pueblos indígenas, países emergentes, migraciones, transporte sostenible y más. Pero a la par de todos estos encuentros y acuerdos, el modelo de producción lineal, de depredación de recursos naturales y de consumo voraz persiste en su hegemonía, como si nada pasara. 50 años después la economía sigue siendo lineal, dependiente de fuentes de energía no renovables, de la esclavitud y la explotación de animales y seres humanos. Insensato y desolador.

El Quinto Informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) nos dice que estamos en un brete, pero que todavía estamos a tiempo de evitar una verdadera catástrofe. El cambio climático es una amenaza que hoy se ciñe sobre nuestras cabezas más que nunca. Tenemos incluso un margen de tiempo para actuar: doce años. Hoy, 22 de abril de 2019, están a la vista los efectos devastadores de este sistema depredador y excluyente. El cambio climático es un síntoma. El sistema de económico y productivo es la enfermedad. La buena noticia es que la cura está en nuestras manos. Para que, dentro de doce años, el 22 de abril de 2041 sea, quizá por primera vez, un día para celebrar. Pero hoy es un día para luchar y para cambiar.

LA EMPATÍA, ES POSIBLE, IMPOSIBLE… VALE LA PENA INSISTIR?

LA EMPATÍA, ES POSIBLE, IMPOSIBLE… VALE LA PENA INSISTIR?

Un experimento realizado por científicos del Instituto de Neurociencia Holandés sometió a ratas a sufrir electroshocks dolorosos para comprobar qué tanto sus conespecíficas eran capaces de reaccionar y concluyó que la misma región del cerebro se activaba tanto en la rata que sufría la experiencia dolorosa, como en la que la observaba. Al desactivar ciertas neuronas, los animales dejaban de ser capaces de “registrar” el dolor de sus pares (o sea, no se verificaba actividad en esa región neuronal). Eligieron ratas porque el “área 24” de su arquitectura neuronal es similar a la de los humanos.

Hay científicos y experimentos que siguen aportando pruebas sobre la capacidad de empatía y sentimientos de los animales no humanos. Para nosotres, en tanto humanes, la ciencia nos proporciona el conocimiento sobre el mecanismo físico que permitiría reconocer el dolor ajeno y “sentirlo como propio”, pero… es posible sentir como siente une otre?

Según el estudio en cuestión, el córtex cingulado anterior (ACC) de las ratas responde igual tanto cuando experimentan dolor propio como al observar similares expresiones y síntomas de dolor ajeno en otra rata, aunque los mecanismos celulares permanecen poco entendidos en los humanos. Según estos estudios, los psicópatas, por ejemplo, no expresan el mismo nivel de actividad neuronal.

Eso desde el punto de vista puramente científico y mecánico. Mirado desde la simple – y no tanto – humanidad sensible, lo difícil es aceptar que la empatía (si  la reducimos a la idea de “ponerse en el lugar de otre”) sea algo tan sencillo. ¿Es posible “situarse en el lugar de otre” para sentir lo que él o ella siente? ¿No estaríamos opacando la misma presencia de ese otre ser sensible “poniéndonos en su lugar” … y en todo caso, qué significa “ponerse en su lugar”? el cuerpo, la subjetividad, la racionalidad, ¿qué pondríamos y dónde?

El propio experimento nos enfrenta a la paradoja de humanes que buscan descifrar los mecanismos físicos de la empatía en animales vertebrados, torturando ratas… !!! ¿Ese gesto no nos dice ya bastante sobre la empatía como algo absoluto e universal? Por ejemplo en este caso, la situación vincular está mediada por la ciencia, el laboratorio y, por qué no, el “especismo”, que permite y legitima un trato cruel hacia un ser sensible sin mayores consecuencias para quienes lo realizan.

En este punto, resulta interesante cómo se cruza lo subjetivo individual con la forma en que socialmente fuimos formateados y puestos en roles sociales que aún estamos pensando y tratando de desarmar, tarea titánica y más que difícil. Por eso,  recomendamos leer esta entrevista que aporta una reflexión sobre este tema, y también esta otra, ya que plantea una respuesta más que interesante por el uso de la terminología y la reflexión sobre los acuerdos “afectivos”, en tanto constructos sociales y no puramente individuales. 

En esa línea, también Rita Segato entiende que la capacidad de empatía es una construcción social que atraviesa a los individuos, que se enseña y se aprende, por eso ella habla de la “pedagogía de la crueldad”, como lo opuesto: la forma en que el sistema capitalista neoliberal entrena y formatea a los individuos para no ser sensibles ante los demás.

“Por qué la pedagogía de la crueldad, por qué la gratuidad de la crueldad. Me parece que estamos en una fase del capitalismo al que le interesa tener sujetos no sensibles, sin empatía. Y esta etapa, donde el enriquecimiento y la acumulación se dan por despojo, donde el mercado es global; en esta abolición de lo local, que es la abolición de las relaciones interpersonales, de la propia empatía; es necesario entrenar a los sujetos para esa distancia, para esa crueldad, para la no identificación de la posición del otro y la no relacionalidad. Esa pedagogía de la crueldad es funcional a esta fase del capital.” dice Rita Segato

Tal vez aún sirva pensar la cuestión de la “empatía” en términos de sensibilidad y afectos, que atraviesan el cuerpo y varían todo el tiempo, que son subjetivos pero socialmente formados y articulados. No somos todes iguales, ni somos dueñes absolutos de lo que sentimos, pero podemos reconocer situaciones en que une otre está pasándola mal y ser sensibles a eso, sin pensar en igualar nuestros sentimientos y actitudes ni imponer la propia mirada y opinión. Los vínculos sociales se sostienen en acuerdos preestablecidos y socialmente construidos, que implican desigualdades y roles de género que los hacen funcionar de cierta manera y no de otra, que vale la pena revisar.

Y también habrá que aceptar, por más difícil que sea, que hay otres que por momentos – largos, cortos o perpetuos – son más sensibles a todo, otres que no lo son, otres que son torpes, otres que simplemente son imbéciles, y que nada es así todo el tiempo y para siempre y que no está mal pensar colectivamente para desarmar las formas que nos forman y construir otras, priorizando sensibilidades solidarias y cuidadosas para nosotres y les otres.

EPÍLOGO

En estos tiempos de efervescencia feminista y altas dosis de violencia (no sólo machista sino de todo tipo) la cuestión de la empatía cobra mayor protagonismo, sin embargo, no sin tensiones. La palabra misma está ya contaminada por ciertos usos cuestionados, donde se cuelan la intencionalidad, la moral, el bien y el mal. Por eso, creemos que la idea de “empatía” tendría sentido si la podemos pensar, no como “ponerse en el lugar del otre” sin más bien, sino como la posibilidad de estar sensible ante los sentimientos de une otre. Quizá si vale la pena seguir cuestionando la terminología, ampliando límites y provocando reflexiones. En esta línea, agregamos en este apartado una cita de la autora Suely Rolnik ya que hace eje en la dimensión corporal (no cognitiva si se quiere) para pensar qué pasa cuando dos afectos se encuentran…, se encuentran?

Política de las palabras: de la empatía a la transverberación

“De la misma manera que mientras el sujeto aprehende por medio de la percepción, nuestro cuerpo vivo aprehende por medio de los afectos, mientras que el sujeto se relaciona con lxs otrxs por medio de la comunicación, nuestro cuerpo vivo se relaciona con lxs otrxs por medio de algo cuyo nombre estoy buscando en este preciso momento para un texto nuevo[2]. Porque antes lo llamaba empatía, pero empatía no va. No va porque la publicidad lo usó mucho, la cosa new age y los libros de autoayuda también. A su vez, muchos militantes negros por ejemplo nos dicen “gracias, estamos hartxs de su empatía”; es que la empatía deniega la tensión. La palabra que creo que voy a poner, lo estoy trabajando en estos días, es transverberación. Transverberar alude a reverberar, traslucir, diseminar… Es un término que encontramos en Santa Teresa de Ávila. Voy a contar primero la descripción que ella hace de esa experiencia desde su idioma católico, después sacamos la Iglesia, Dios, etc., para transcribir su experiencia en nuestro idioma desde lo que esa experiencia aporta. Para Santa Teresa, existen seis etapas para volverse Santa, la sexta es la transverberación. Describe un sueño que tuvo: vino un ángel hacia ella y le traspasó el corazón. Sintió un dolor gigantesco en su cuerpo, su cuerpo quemaba pero decía todo el tiempo que ese dolor no era solo corporal, sino también espiritual. Y ahí, dice, habitaba totalmente el espíritu, es decir Dios en su idioma católico. Si traduzco esto en mi idioma lo que ella sentía habitar plenamente es el saber-del-cuerpo, nuestra condición de viviente, lo que podemos llamar “el espíritu”, si lo liberamos en nuestro idioma de su cafisheo por el poder colonial de la Iglesia, que ha sido fundamental e indisociable del poder de Europa sobre el resto del mundo así como del poder colonial del capitalismo globalizado, (ambos poderes van de la mano). Diríamos entonces que la ética de una vida consiste precisamente en habitar cada vez más nuestra condición de viviente. Desde esta perspectiva, la sexta etapa, en nuestro idioma, no es un devenir-santa, sino cumplir con el destino ético de una vida, honrándola; la vida es lo “sagrado”, si queremos preservar ese término. Honrar la vida es habitarla lo más plenamente posible. Esto es la transverberación. El “trans-” remite a trans­-versalidad, pero también a trans-sexualidad, y por supuesto a trans-cendencia, cuando esa no es lo más allá del mundo, sino su inmanencia misma. También es una especie de “reverberación” pero de “espíritu” con “espíritu”, de lo viviente con lo viviente, y no una comunicación entre identidades o sistemas morales. Es una especie de resonancia intensiva, o resonancia entre afectos. En este caso el conocimiento no es el de la cognición, sino el del saber-del-cuerpo, de lo viviente, del saber-eco-etológico. A partir de esto podemos pensar la resistencia, en particular del movimiento de mujeres.”

Seguiremos pensando!


Fuentes:
“Emotional Mirror Neurons in the Rat’s Anterior Cingulate Cortex” Carrillo et al., 2019, Current Biology 29, 1–12 https://doi.org/10.1016/j.cub.2019.03.024

“¿Cómo hacernos un cuerpo?” Entrevista con Suely Rolnik // Marie Bardet publicada en Lobo Suelto

“Acostarse con un boludo no es violencia” Entrevista a Alejandra Kohan para revista Panamá 


“Por una pedagogía del cuidado, el acuerdo y la responsabilidad afectiva” Por Magdalena López para Latfem 

“En los medios existe una pedagogía de la crueldad” Entrevista a Rita Segato

LA CONSERVACIÓN DEL RÍO SANTA CRUZ: UNA CAUSA INTERNACIONAL

LA CONSERVACIÓN DEL RÍO SANTA CRUZ: UNA CAUSA INTERNACIONAL

Por Noel Miranda, desde Puerto San Julián, Santa Cruz, Argentina.

El 14 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Acción por los Ríos Libres, en este marco, se realizan actividades en todo el mundo en defensa de las cuencas de agua promoviendo la conservación de las fuentes hídricas fundamentales para la vida. Este año, el Río Santa Cruz fue protagonista internacional, durante 4 días kayakistas, activistas y comunicadores, navegaron sus aguas con el fin de llevar un mensaje: “Queremos que el río continúe en estado natural”, en relación a la construcción inminente de dos mega represas en su cauce.

Charles Fuhr –ubicado a unos 30 km de la ciudad de Calafate- fue el lugar elegido para iniciar los 350 km que recorrió el heterogéneo grupo de profesionales (y poco experimentados en el deporte náutico) para “unir” la naciente del río Santa Cruz con el mar Atlántico.

Realizar este tipo de acciones requiere un esfuerzo físico, mental y espiritual –a la deriva siempre del implacable clima patagónico- con una temperatura promedio del entorno de 10° C, mientras que la temperatura del agua oscila entre 1° a 12° C a lo largo del año; en este escenario la articulación de un grupo humano tan variado fue el desafío. Finalmente, designados en 7 kayaks simples y 9 kayaks dobles, 27 personas culminaron la travesía.

Gastón, Zequi y Linno, remadores inexpertos pero especialistas en la difusión de causas sociales, estuvieron presentes en esta travesía con su propuesta “Influos”, una iniciativa para crear y difundir contenidos que generen un impacto positivo en la sociedad y, así, utilizar las redes de forma constructiva, o como dicen ellos, “usar la influencia en forma positiva”.

También fueron parte de la expedición activistas de distintas partes de mundo, desde Alemania, Estados Unidos y Chile, distintos conservacionistas viajaron miles de kilómetros hasta llegar a la Patagonia argentina, con un fin: establecer redes de acciones, intercambiar experiencias sobre luchas similares en otras partes del mundo y fortalecer un año cargado de actividades, encuentros y producciones en torno a la defensa de los ríos.

Por último, kayakistas experimentados y conocedores de la cuenca del río Santa Cruz se pusieron a la carga el traslado de aquellos quienes el cuerpo agotado ante los obstáculos climáticos les impedía continuar el ritmo de la remada.

Así, entre coirones, guanacos, zorros y cóndores; aguas planas o revoltosas, el firmamento soleado o nubes espesas; el equipo supo compartir mates, charlas y fogatas, que hicieron parecer que fueron mucho más que 4 días, porque en este río glaciario que aún corre libre de cordillera a mar, todo es más intenso.

DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Las represas Cóndor Cliff y La Barrancosa pueden ser vistas como una fuente laboral inmediata y de alguna manera lo son; sin embargo, la flexibilización laboral, las pésimas condiciones de trabajo y la corta vida de la obra son la otra cara de la moneda. Construir dos paredones gigantescos de más de 15 km de ancho, dos embalses que superan los 100 km de largo cada uno, para producir energía destinada a los grandes centros de consumo del país no es fomentar el desarrollo energético, sino todo lo contrario.

Donde algunas personas ven un río que desperdicia su fuerza desembocando en el mar, otros observan el tercer río más caudaloso de la Argentina que arrastra los nutrientes necesarios para la vida de distintas especies de aves, mamíferos y peces que habitan este inhóspito territorio. Mientras algunos ven un desierto improductivo, otros reconocen vastos terrenos que, si prestamos atención, nos narran la historia de nuestro planeta y de culturas ancestrales que supieron vivir 10 mil años en equilibrio con el clima agrestre e inexorable frío de la Patagonia. Para algunos la construcción de las mega represas son la salvación de la provincia, para otros es condenar a la desaparición un río glaciario que se encuentra en constante cambio.

Por eso, contraponer el ´progreso´ al ´no progreso´, es una discusión sin cabida. Lo que se necesita es información real sobre las consecuencias que esta obra generará en el entorno y en la cotidianidad de los habitantes de la provincia. ¿Cómo se trasladará la energía desde Santa Cruz a Buenos Aires? ¿Por qué aún no se presenta el Estudio de Impacto Ambiental de dicho tendido eléctrico? ¿Qué plan de contingencia existe en caso de que las represas fallen “por error matemático” como ha sucedido en otros casos en los que la empresa China Gezhouba Group –encargada de la obra- ha construido mega represas? ¿Qué sucederá con la calidad del agua del río Santa Cruz de la cual se proveen tres localidades santacruceñas? ¿Y qué respuesta se les dará los trabajadores que quedarán cesantes en unos cinco o siete años, una vez concluida la obra?

Cuando hay más preguntas que respuestas, el acceso a la información es el primer derecho que no se cumple, por eso, si vamos a ver la moneda, que sea ambas caras, y antes de que sea tarde.

LA ISLA VERDE DE EL PALOMAR

LA ISLA VERDE DE EL PALOMAR

Sembrar:

– Esparcir o enterrar semillas sobre la tierra para que se desarrollen y reproduzcan.

– Esparcir algo

– Iniciar algo”.

Foto Laura Borsellino

 

Sobre la avenida Derqui y Leones, en El Palomar, hay un espacio verde amplio, con algunos árboles añosos y otros recién plantados. Allí unos 20 jóvenes están activando el festival “Sembrando conciencia”, un evento que realizan todos los meses para visibilizar el valor natural y cultural de un área que quieren proteger ante la inminente reconversión de ese terreno que corresponde a la base aérea naval en un aeropuerto comercial para compañías aéreas “low cost”. Es fines de mayo, hace frío y el día está nublado; llovió toda la semana pero mucha gente se acerca a mirar las fotos, llevarse semillas de plantas y charlar con los activistas. En el aire hay un movimiento constante: avionetas que pasan de un lado al otro y aves, muchas aves. De repente la tierra tiembla, un ruido ensordecedor aturde y justo por arriba de las cabezas despega el Boeing amarillo de Flybondi. “Ahora sólo tienen habilitados 3 vuelos diarios, pero imagináte esto todo el día”, dice uno de los presentes sobre el proyecto de la empresa y el gobierno de aumentar la frecuencia de los vuelos. Frente a eso, los vecinos resisten.

 

Foto Lina Etchesuri

 

LA RESERVA Y LA ORGANIZACIÓN A SU ALREDEDOR


En julio 2017, la empresa Flybondi presentó una oferta de inversión para comenzar su operación en el país usando como base el aeropuerto de El Palomar, que según el proyecto debía ser reconvertido para albergar una gran cantidad de viajeros, aviones comerciales e infraestructura de logística. A pesar de que se interpusieron varias acciones judiciales, que en un primer momento paralizaron las obras de remodelación, y si bien últimamente la empresa es noticia por la cantidad de vuelos cancelados, aviones con desperfectos e incidentes peligrosos que impiden su normal operación, al día de hoy el aerupuerto se sigue construyendo y se realizan cada vez más vuelos comerciales.
Desde entonces se puso en juego una contienda entre la gente que vive en los municipios aledaños – principalmente de el Palomar, Haedo y Hurlingham-, a quienes se sumaron organismos de Derechos Humanos (ya que el sitio funcionó como centro clandestino de detención) y organizaciones ambientalistas. Del otro lado, las empresas comerciales de aviación y su principal socio: el Estado nacional. Los dueños de Flybondi tienen estrechos vínculos con funcionarios del gobierno, como el vicejefe de gabinete de la Nación, Mario Quintana.

Dentro del predio de la base área hay un espacio que los vecinos organizados bautizaron cariñosamente Isla verde, “porque vista desde google maps es una isla en un mar de cemento”, dice uno de ellos. Estamos hablando de un espacio natural de 200 hectáreas de bosque nativo de ribera, pastizal pampeano húmedo y un talar de barranca único en la zona.

Foto Lina Etchesuri

 

EL COMIENZO DE LA LUCHA POR LA RESERVA NATURAL

Desde hace unos años un grupo de vecinos se interesó por el lugar y comenzó a idear un proyecto para declararlo reserva natural comunitaria. “Observábamos aves que no veíamos en otros lugares del barrio o que ni sabíamos que existían”, relata Nahuel Martínez, uno de los integrantes y fundador del grupo llamado Proyecto Isla Verde. Esta organización está conformada principalmente por vecinos de El Palomar y de Haedo. Movidos por la intriga, en 2014 decidieron atravesar el alambrado para ver qué había del otro lado: “Ahí nos empezamos a percatar que se estaban realizando descargas ilegales de basura y ante esa primera problemática empezamos a nuclearnos y a imaginar una organización para proteger el espacio”.

El interés sobre el cuidado y conocimiento de las aves que allí habitan  llevó al grupo a organizarse en un Club de Observadores de Aves de la red de clubes de la ONG Aves Argentinas: “Lo primero que te fascina son las aves, que son los animales más fáciles de observar, ya que con paciencia y unos largavistas vas a ver cosas que nunca pensaste que ibas a observar”, relata Nahuel. Ezequiel Andreazzi, otro integrante del grupo, explica que fueron aprendiendo en la práctica sobre flora nativa, sobre cómo funciona una reserva y sobre la fauna que allí habita.

Desde 2017, con la llegada de Fly Bondi y compañía, las amenazas al espacio natural aumentaron. Dice Ezequiel: “Con lo del aeropuerto están desmontando bastante el cortaderal, siguen actuando ilegalmente, además los aviones al despegar tiran nafta y aceite al aire, y esos hidrocarburos contaminan”. El Estudio de Impacto Ambiental, realizado por la empresa concesionaria Aeropuertos Argentina 2000, confirma los temores del grupo al insistir que “el intento por convertir el sitio en un área protegida municipal se enfrentó y también se enfrentaría hoy a un problema insoslayable: su contigüidad inmediata a la pista del aeropuerto que podría poner en peligro la seguridad aeronáutica, ya sea en caso de atraer más aves, en caso de desarrollar especies arbóreas altas o en caso de permitirse el ingreso de público”. Aunque parezca un (mal) chiste el informe que debe preservar el espacio de las incidencias externas, termina diciendo exactamente lo contrario: “La seguridad de los pasajeros y aeronaves prima, en todos los predios aeroportuarios, sobre los objetivos de conservación”.

Ya que las aves representan un riesgo para los aviones, al momento minimizan el riesgo con viejas mañas: “Tiran con morteros para espantar a los pájaros, si se extiende el aeropuerto van a hacer un ‘avicidio’ matando a las aves del lugar”, dice Ezequiel.
Melina Tassara, quien participa del proyecto desde el primer día, también cuestiona los resultados de este documento: “Por definición un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) es un estudio que evalúa cómo afectará una obra proyectada sobre el ambiente, y lo que presentaron fue lo contrario; cómo la biodiversidad que habita allí obstaculiza el funcionamiento de las aeronaves. En el segundo EIA presentan una lista de especies más detallada que en el primero (donde solo nombran la presencia de “subespecies” de palomas, ratas y cucarachas) pero aun así, remarcan que la seguridad de operación prima sobre cualquier objetivo de conservación. Habiendo incluso citado el excelente estudio de Kalesnik y Sirolli, que se encuentra en internet, y donde concluyen que el sitio, por sus particularidades y por ser el último espacio verde natural de la zona, debe ser protegido.”

Foto Laura Borsellino

 

DERECHOS HUMANOS “LOW COST”

Los vecinos y organizaciones que se oponen a la conversión del aeropuerto en comercial reclamaron que se realice la audiencia pública y los estudios de impacto ambiental en cumplimiento de la Ley general del Ambiente (Ley 25675). También interpusieron un amparo judicial para detener las obras, ya que la base aérea funcionó como centro clandestino de detención y desde allí se operaron vuelos de la muerte y se teme que los trabajos de excavación y construcción destruyan restos del pasado.

Durante la última dictadura cívico militar el lugar funcionó como centro clandestino de detención y desde allí partieron vuelos de la muerte. Asociaciones de Derechos Humanos intentaron frenar los trabajos de construcción y denunciaron que el lugar debe ser conservado ya que continúan los juicios de lesa humanidad sobre casos acontecidos en ese lugar.

Patricia Danna, presidenta de la Asociación de Derechos Humanos de Hurlingham cuenta que “todo lo que era la casa, el chalet, donde entraban a los compañeros detenidos secuestrados lo demolieron, es lo que ellos muestran como fotos del aeropuerto. Eso se hizo antes de que se expidiera la justicia, por eso se hizo una denuncia por el delito de daño, además de la violación de la ley 266912 de protección de sitios, se hizo una denuncia penal por daño a la propiedad del Estado, eso todavía se está investigando… es todo lento.”

Esta Asociación, junto con la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, están llevando adelante una denuncia judicial contra el presidente Macri, el jefe de gabinete Peña Braun, el ministro de defensa Aguad, el ministro de transporte Dietrich, el secretario de derechos humanos Avruj y al ex-director de la ANAC Irigoin, por inclumplir los deberes inherentes a sus funciones y por incumplimiento y violación de la ley nacional 26691 que resguarda los sitios de la memoria del terrorismo de Estado.
 Según explica Lucas Marisi, abogado de la Asociación que lleva adelante estas medidas, “al día de la fecha está todo judicializado con recursos de apelación pendientes ante la Cámara y también ante la Corte Suprema, con lo cual, las obras están todas empantadanas pendientes de que se expida la justicia”
Como no se avanzó con el resguardo del sitio ni con los amparos tendientes a frenar su destrucción, los propios organismos de derechos humanos se movilizaron para visibilizarlos: “el 3 de Julio se va a señalizar como Sitio de la Memoria, le van a poner las placas de los lugares que fueron centro clandestino de detención. Lo que no hay es expediente administrativo para justificar el cumplimiento de la ley 26691, que fue violada de punta a punta, de hecho no hay expediente administrativo en la secretaría de derechos humanos ni en la dirección de sitios referidos a esta cuestión”, comenta Patricia.

 

Foto Lina Etchesuri

 

EL PROGRESO Y “EL PROGRESO”

Los vecinos se enorgullecen al contar del atardecer sobre la calle Derqui, una de las calles que bordea el predio y a la cual suelen ir a pasar el día, como hacían sus padres y abuelos, que además podían pescar en una laguna que desapareció bajo una rotonda. Sabrina Ferraris reflexiona: “Como ciudadanos y citadinos, nos deberíamos hacer la pregunta ¿en qué tipo de ciudad queremos vivir? Eso va asociado a la idea de progreso ¿qué tipo de progreso es deseable? Porque vivir en una ciudad en la cual eso implica perder un espacio que hace a la calidad de vida de la población… ¿ese es el tipo de ciudad en que queremos vivir?” Sabrina es socióloga y vive a pocas cuadras de la base aérea.

“Qué entendemos por calidad de vida si pensamos una ciudad ‘más conectada’ porque tiene un aeropuerto o estamos pensando en una ciudad con la posibilidad de respirar aire puro, de disfrutar, de tener sitios de esparcimiento y espacios que nos permitan construir educación ambiental, un espacio que nos relaje.”

Por lo pronto, la justicia impuso una restricción de operaciones que establece un máximo de 3 vuelos (seis movimientos) diarios, pero según el Estudio de Impacto Ambiental, el aeropuerto  “puede tener como mínimo 20 vuelos diarios, es decir 40 (cuarenta) movimientos por día en esta etapa inicial” y el objetivo es que “en etapas posteriores de desarrollo, este aeropuerto puede alcanzar la cifra de 150 vuelos (300 movimientos) diarios, lo cual lo posicionaría en un rango equivalente de capacidad al Aeropuerto Jorge Newbery”
Para ella, lo que está en juego son ideas alternativas de progreso: “Si avanza la lógica de maximizar la cantidad de vuelos y el proyecto de autopista, que pasará por encima de la isla verde, más el área de logística ferroviaria, sentiremos una disminución de calidad de vida; por cantidad de transporte que va a aumentar, cantidad de vuelos, mayor cantidad de gente circulando con un medio de transporte, que es el tren que también usamos para ir a trabajar y que hoy funciona paupérrimamente, es un cambio que tiene que ver con mayor contaminación por combustiones en el aire, por autos, colectivos, aviones, y por ruidos”.

Foto Lina Etchesuri

 

UN PROYECTO COLECTIVO

En ese sentido, desde el colectivo Isla Verde se preguntan si es posible hablar de progreso como algo separado del cuidado de los espacios naturales y la biodiversidad. En la audiencia pública los funcionarios locales dejaron ver su idea de progreso: dijeron que gracias al aeropuerto se había asfaltado y cambiado luminarias.

Melina explica que el grupo se ha puesto firme en exigir el cumplimiento de la legalidad ante un Estado que les pasa por arriba: “El proyecto aeroportuario del gobierno nacional fue instalado sin cumplir con los pasos legales y la intención anunciada en la audiencia pública – que fue un logro de nuestro colectivo y dónde hicimos uso de nuestro derecho a la información – es ampliar el aeropuerto, construir un aeroparque, una playa seca de logística ferroviaria donde acopiar containers y la autopista que implica entubar el Arroyo Morón: el sitio que nos protege de inundaciones y la fuente de vida de la reserva natural que habita en nuestro barrio.”
El activismo insistente del colectivo Isla Verde fue fundamental para sumar a la comunidad a conocer y proteger este pulmón verde; Melina dice que si bien es a través de los festivales y recorriendo el barrio que difundieron la propuesta, fue a partir de la noticia de la construcción del aeropuerto comercial (y de los propios papelones de Flybondi) que más personas tomaron conocimiento de la existencia de este lugar de valor natural.  “Nosotros les contamos que todo ese espacio verde nos permite respirar, disfrutar de temperaturas más frescas que en zonas más urbanizadas y el enorme valor ecológico que representa, los espacios verdes, el arroyo y las especies animales conviven en el sitio interrelacionándose en equilibrio, y su valor no sería el mismo sin alguna de esas partes”.

Nahuel, que argumenta con firmeza pero sin perder jamás la sonrisa, agrega: “El arte también surge como un método de expresión. Notamos en estos años tratando de sensibilizar a la comunidad, que el mensaje tiene que ser estudiado para ser difundido y comprendido, entonces la rama artística te ofrece un montón de herramientas con pocas palabras o con dibujos, pinturas, de una manera distinta”.

El arte y la naturaleza se encuentran en la primera línea de defensa de la Isla verde. Nahuel, que es jardinero de profesión, continúa: “Nos definimos como colectivo ambiental artístico porque consideramos que el proceso de sensibilización de los seres con su ambiente está intrínsecamente relacionado con lo que es el arte”. En el grupo hay otros jardineros, artistas, diseñadores, actrices, estudiantes de bellas artes, científicos y gente que “no tiene nada que ver con el ambiente este, pero fue sensibilizándose con la cuestión y al día de hoy están comprometidísimos”.
Él cuenta que lo que motiva a este grupo a seguir luchando para lograr su objetivo es el respeto al ambiente en que vivimos y la necesidad de proteger espacios verdes frente al avance del cemento: “Ante la necesidad de conservar ese espacio y las inexistentes políticas ambientales, es que dijimos nos organizamos. No queríamos llegar a tener 80 años y no haber hecho nada por este lugar. Conocimos a las aves que vivían ahí, conocimos a los reptiles y a los mamíferos, a los árboles, a los pastos y ese es el fuego interior que nos llevó a organizarnos, que nos mueve a ir de reunión en reunión y de un lado para el otro, a hablar con unas y otras personas, exponernos. Creemos que el fin más noble que una actividad puede tener es el bien común, entonces, ante eso, no hay medias tintas, no se puede ser tibio cuando se trata de la naturaleza y el bien común”.

Foto Lina Etchesuri

 

LOS ÁRBOLES RESISTEN DE PIE

El abogado que patrocina a la agrupación Isla Verde nos pone al día con la causa. Se presentó un amparo que se fundamenta en tres puntos principales: el “dominio eminente” sobre el ambiente pertenece a la provincia de Buenos Aires, según el artículo 121 de la Constitución Nacional y el artículo 28 de la Constitución provincial, y en consecuencia, es deber de la provincia habilitar el funcionamiento del aeropuerto, siempre y cuando se evalúe que el mismo no produce daños ambientales, sin embargo, en ningún momento el estado provincial tomó cartas en el asunto y la habilitación corrió por sola cuenta del estado nacional.

Por otro lado, existe una gran cantidad de árboles que conforman un bosque dentro del predio, y estos no pueden tocarse hasta que la provincia cumpla con la ley de presupuestos mínimos de bosques nativos (26.331) y los categorice como ordena la ley antes de disponer cualquier modificación. Por último, no puede haber aviones en un espacio donde hay tal cantidad de aves, como en este reducto natural.

La cámara civil y comercial federal de San Martín, que tiene a su cargo resolver este amparo, dictaminó a través del Juez Salas el día 28 de diciembre de 2019, que si bien por un lado considera que no existe urgencia para darle curso al amparo, ya que según entiende no está probado el daño sobre el ambiente, por otro lado, obliga al OPDS (Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible, que es la institución encargada de asuntos ambientales en la provincia) a que intervenga en este caso. Así, si bien no se dio curso a la medida que inhabilitaría el uso del aeropuerto, el abogado es optimista ya que entiende que el fallo reconoce que es la provincia la encargada de asumir la evaluación del riesgo ambiental, la obliga a cumplir con el mandato constitucional y dictaminar sobre los estudios de impacto ambiental sobre los que anteriormente no tuvo incidencia alguna.

Este año será clave ya que Isla Verde se conformó como asociación civil y pedirán formalmente la creación de la Reserva Natural y Comunitaria.

 

Foto Laura Borsellino