LA CONSERVACIÓN DEL RÍO SANTA CRUZ: UNA CAUSA INTERNACIONAL

LA CONSERVACIÓN DEL RÍO SANTA CRUZ: UNA CAUSA INTERNACIONAL

Por Noel Miranda, desde Puerto San Julián, Santa Cruz, Argentina.

El 14 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Acción por los Ríos Libres, en este marco, se realizan actividades en todo el mundo en defensa de las cuencas de agua promoviendo la conservación de las fuentes hídricas fundamentales para la vida. Este año, el Río Santa Cruz fue protagonista internacional, durante 4 días kayakistas, activistas y comunicadores, navegaron sus aguas con el fin de llevar un mensaje: “Queremos que el río continúe en estado natural”, en relación a la construcción inminente de dos mega represas en su cauce.

Charles Fuhr –ubicado a unos 30 km de la ciudad de Calafate- fue el lugar elegido para iniciar los 350 km que recorrió el heterogéneo grupo de profesionales (y poco experimentados en el deporte náutico) para “unir” la naciente del río Santa Cruz con el mar Atlántico.

Realizar este tipo de acciones requiere un esfuerzo físico, mental y espiritual –a la deriva siempre del implacable clima patagónico- con una temperatura promedio del entorno de 10° C, mientras que la temperatura del agua oscila entre 1° a 12° C a lo largo del año; en este escenario la articulación de un grupo humano tan variado fue el desafío. Finalmente, designados en 7 kayaks simples y 9 kayaks dobles, 27 personas culminaron la travesía.

Gastón, Zequi y Linno, remadores inexpertos pero especialistas en la difusión de causas sociales, estuvieron presentes en esta travesía con su propuesta “Influos”, una iniciativa para crear y difundir contenidos que generen un impacto positivo en la sociedad y, así, utilizar las redes de forma constructiva, o como dicen ellos, “usar la influencia en forma positiva”.

También fueron parte de la expedición activistas de distintas partes de mundo, desde Alemania, Estados Unidos y Chile, distintos conservacionistas viajaron miles de kilómetros hasta llegar a la Patagonia argentina, con un fin: establecer redes de acciones, intercambiar experiencias sobre luchas similares en otras partes del mundo y fortalecer un año cargado de actividades, encuentros y producciones en torno a la defensa de los ríos.

Por último, kayakistas experimentados y conocedores de la cuenca del río Santa Cruz se pusieron a la carga el traslado de aquellos quienes el cuerpo agotado ante los obstáculos climáticos les impedía continuar el ritmo de la remada.

Así, entre coirones, guanacos, zorros y cóndores; aguas planas o revoltosas, el firmamento soleado o nubes espesas; el equipo supo compartir mates, charlas y fogatas, que hicieron parecer que fueron mucho más que 4 días, porque en este río glaciario que aún corre libre de cordillera a mar, todo es más intenso.

DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Las represas Cóndor Cliff y La Barrancosa pueden ser vistas como una fuente laboral inmediata y de alguna manera lo son; sin embargo, la flexibilización laboral, las pésimas condiciones de trabajo y la corta vida de la obra son la otra cara de la moneda. Construir dos paredones gigantescos de más de 15 km de ancho, dos embalses que superan los 100 km de largo cada uno, para producir energía destinada a los grandes centros de consumo del país no es fomentar el desarrollo energético, sino todo lo contrario.

Donde algunas personas ven un río que desperdicia su fuerza desembocando en el mar, otros observan el tercer río más caudaloso de la Argentina que arrastra los nutrientes necesarios para la vida de distintas especies de aves, mamíferos y peces que habitan este inhóspito territorio. Mientras algunos ven un desierto improductivo, otros reconocen vastos terrenos que, si prestamos atención, nos narran la historia de nuestro planeta y de culturas ancestrales que supieron vivir 10 mil años en equilibrio con el clima agrestre e inexorable frío de la Patagonia. Para algunos la construcción de las mega represas son la salvación de la provincia, para otros es condenar a la desaparición un río glaciario que se encuentra en constante cambio.

Por eso, contraponer el ´progreso´ al ´no progreso´, es una discusión sin cabida. Lo que se necesita es información real sobre las consecuencias que esta obra generará en el entorno y en la cotidianidad de los habitantes de la provincia. ¿Cómo se trasladará la energía desde Santa Cruz a Buenos Aires? ¿Por qué aún no se presenta el Estudio de Impacto Ambiental de dicho tendido eléctrico? ¿Qué plan de contingencia existe en caso de que las represas fallen “por error matemático” como ha sucedido en otros casos en los que la empresa China Gezhouba Group –encargada de la obra- ha construido mega represas? ¿Qué sucederá con la calidad del agua del río Santa Cruz de la cual se proveen tres localidades santacruceñas? ¿Y qué respuesta se les dará los trabajadores que quedarán cesantes en unos cinco o siete años, una vez concluida la obra?

Cuando hay más preguntas que respuestas, el acceso a la información es el primer derecho que no se cumple, por eso, si vamos a ver la moneda, que sea ambas caras, y antes de que sea tarde.

LA ISLA VERDE DE EL PALOMAR

LA ISLA VERDE DE EL PALOMAR

Sembrar:

– Esparcir o enterrar semillas sobre la tierra para que se desarrollen y reproduzcan.

– Esparcir algo

– Iniciar algo”.

Foto Laura Borsellino

 

Sobre la avenida Derqui y Leones, en El Palomar, hay un espacio verde amplio, con algunos árboles añosos y otros recién plantados. Allí unos 20 jóvenes están activando el festival “Sembrando conciencia”, un evento que realizan todos los meses para visibilizar el valor natural y cultural de un área que quieren proteger ante la inminente reconversión de ese terreno que corresponde a la base aérea naval en un aeropuerto comercial para compañías aéreas “low cost”. Es fines de mayo, hace frío y el día está nublado; llovió toda la semana pero mucha gente se acerca a mirar las fotos, llevarse semillas de plantas y charlar con los activistas. En el aire hay un movimiento constante: avionetas que pasan de un lado al otro y aves, muchas aves. De repente la tierra tiembla, un ruido ensordecedor aturde y justo por arriba de las cabezas despega el Boeing amarillo de Flybondi. “Ahora sólo tienen habilitados 3 vuelos diarios, pero imagináte esto todo el día”, dice uno de los presentes sobre el proyecto de la empresa y el gobierno de aumentar la frecuencia de los vuelos. Frente a eso, los vecinos resisten.

 

Foto Lina Etchesuri

 

La reserva y la organización a su alrededor


En julio 2017, la empresa Flybondi presentó una oferta de inversión para comenzar su operación en el país usando como base el aeropuerto de El Palomar, que según el proyecto debía ser reconvertido para albergar una gran cantidad de viajeros, aviones comerciales e infraestructura de logística. A pesar de que se interpusieron varias acciones judiciales, que en un primer momento paralizaron las obras de remodelación, y si bien últimamente la empresa es noticia por la cantidad de vuelos cancelados, aviones con desperfectos e incidentes peligrosos que impiden su normal operación, al día de hoy el aerupuerto se sigue construyendo y se realizan cada vez más vuelos comerciales.
Desde entonces se puso en juego una contienda entre la gente que vive en los municipios aledaños – principalmente de el Palomar, Haedo y Hurlingham-, a quienes se sumaron organismos de Derechos Humanos (ya que el sitio funcionó como centro clandestino de detención) y organizaciones ambientalistas. Del otro lado, las empresas comerciales de aviación y su principal socio: el Estado nacional. Los dueños de Flybondi tienen estrechos vínculos con funcionarios del gobierno, como el vicejefe de gabinete de la Nación, Mario Quintana.

Dentro del predio de la base área hay un espacio que los vecinos organizados bautizaron cariñosamente Isla verde, “porque vista desde google maps es una isla en un mar de cemento”, dice uno de ellos. Estamos hablando de un espacio natural de 200 hectáreas de bosque nativo de ribera, pastizal pampeano húmedo y un talar de barranca único en la zona.

Foto Lina Etchesuri

 

El comienzo de la lucha por la Reserva Natural

Desde hace unos años un grupo de vecinos se interesó por el lugar y comenzó a idear un proyecto para declararlo reserva natural comunitaria. “Observábamos aves que no veíamos en otros lugares del barrio o que ni sabíamos que existían”, relata Nahuel Martínez, uno de los integrantes y fundador del grupo llamado Proyecto Isla Verde. Esta organización está conformada principalmente por vecinos de El Palomar y de Haedo. Movidos por la intriga, en 2014 decidieron atravesar el alambrado para ver qué había del otro lado: “Ahí nos empezamos a percatar que se estaban realizando descargas ilegales de basura y ante esa primera problemática empezamos a nuclearnos y a imaginar una organización para proteger el espacio”.

El interés sobre el cuidado y conocimiento de las aves que allí habitan  llevó al grupo a organizarse en un Club de Observadores de Aves de la red de clubes de la ONG Aves Argentinas: “Lo primero que te fascina son las aves, que son los animales más fáciles de observar, ya que con paciencia y unos largavistas vas a ver cosas que nunca pensaste que ibas a observar”, relata Nahuel. Ezequiel Andreazzi, otro integrante del grupo, explica que fueron aprendiendo en la práctica sobre flora nativa, sobre cómo funciona una reserva y sobre la fauna que allí habita.

Desde 2017, con la llegada de Fly Bondi y compañía, las amenazas al espacio natural aumentaron. Dice Ezequiel: “Con lo del aeropuerto están desmontando bastante el cortaderal, siguen actuando ilegalmente, además los aviones al despegar tiran nafta y aceite al aire, y esos hidrocarburos contaminan”. El Estudio de Impacto Ambiental, realizado por la empresa concesionaria Aeropuertos Argentina 2000, confirma los temores del grupo al insistir que “el intento por convertir el sitio en un área protegida municipal se enfrentó y también se enfrentaría hoy a un problema insoslayable: su contigüidad inmediata a la pista del aeropuerto que podría poner en peligro la seguridad aeronáutica, ya sea en caso de atraer más aves, en caso de desarrollar especies arbóreas altas o en caso de permitirse el ingreso de público”. Aunque parezca un (mal) chiste el informe que debe preservar el espacio de las incidencias externas, termina diciendo exactamente lo contrario: “La seguridad de los pasajeros y aeronaves prima, en todos los predios aeroportuarios, sobre los objetivos de conservación”.

Ya que las aves representan un riesgo para los aviones, al momento minimizan el riesgo con viejas mañas: “Tiran con morteros para espantar a los pájaros, si se extiende el aeropuerto van a hacer un ‘avicidio’ matando a las aves del lugar”, dice Ezequiel.
Melina Tassara, quien participa del proyecto desde el primer día, también cuestiona los resultados de este documento: “Por definición un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) es un estudio que evalúa cómo afectará una obra proyectada sobre el ambiente, y lo que presentaron fue lo contrario; cómo la biodiversidad que habita allí obstaculiza el funcionamiento de las aeronaves. En el segundo EIA presentan una lista de especies más detallada que en el primero (donde solo nombran la presencia de “subespecies” de palomas, ratas y cucarachas) pero aun así, remarcan que la seguridad de operación prima sobre cualquier objetivo de conservación. Habiendo incluso citado el excelente estudio de Kalesnik y Sirolli, que se encuentra en internet, y donde concluyen que el sitio, por sus particularidades y por ser el último espacio verde natural de la zona, debe ser protegido.”

Foto Laura Borsellino

 

Derechos humanos “low cost”

Los vecinos y organizaciones que se oponen a la conversión del aeropuerto en comercial reclamaron que se realice la audiencia pública y los estudios de impacto ambiental en cumplimiento de la Ley general del Ambiente (Ley 25675). También interpusieron un amparo judicial para detener las obras, ya que la base aérea funcionó como centro clandestino de detención y desde allí se operaron vuelos de la muerte y se teme que los trabajos de excavación y construcción destruyan restos del pasado.

Durante la última dictadura cívico militar el lugar funcionó como centro clandestino de detención y desde allí partieron vuelos de la muerte. Asociaciones de Derechos Humanos intentaron frenar los trabajos de construcción y denunciaron que el lugar debe ser conservado ya que continúan los juicios de lesa humanidad sobre casos acontecidos en ese lugar.

Patricia Danna, presidenta de la Asociación de Derechos Humanos de Hurlingham cuenta que “todo lo que era la casa, el chalet, donde entraban a los compañeros detenidos secuestrados lo demolieron, es lo que ellos muestran como fotos del aeropuerto. Eso se hizo antes de que se expidiera la justicia, por eso se hizo una denuncia por el delito de daño, además de la violación de la ley 266912 de protección de sitios, se hizo una denuncia penal por daño a la propiedad del Estado, eso todavía se está investigando… es todo lento.”

Esta Asociación, junto con la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, están llevando adelante una denuncia judicial contra el presidente Macri, el jefe de gabinete Peña Braun, el ministro de defensa Aguad, el ministro de transporte Dietrich, el secretario de derechos humanos Avruj y al ex-director de la ANAC Irigoin, por inclumplir los deberes inherentes a sus funciones y por incumplimiento y violación de la ley nacional 26691 que resguarda los sitios de la memoria del terrorismo de Estado.
 Según explica Lucas Marisi, abogado de la Asociación que lleva adelante estas medidas, “al día de la fecha está todo judicializado con recursos de apelación pendientes ante la Cámara y también ante la Corte Suprema, con lo cual, las obras están todas empantadanas pendientes de que se expida la justicia”
Como no se avanzó con el resguardo del sitio ni con los amparos tendientes a frenar su destrucción, los propios organismos de derechos humanos se movilizaron para visibilizarlos: “el 3 de Julio se va a señalizar como Sitio de la Memoria, le van a poner las placas de los lugares que fueron centro clandestino de detención. Lo que no hay es expediente administrativo para justificar el cumplimiento de la ley 26691, que fue violada de punta a punta, de hecho no hay expediente administrativo en la secretaría de derechos humanos ni en la dirección de sitios referidos a esta cuestión”, comenta Patricia.

 

Foto Lina Etchesuri

 

El progreso y “el progreso”

Los vecinos se enorgullecen al contar del atardecer sobre la calle Derqui, una de las calles que bordea el predio y a la cual suelen ir a pasar el día, como hacían sus padres y abuelos, que además podían pescar en una laguna que desapareció bajo una rotonda. Sabrina Ferraris reflexiona: “Como ciudadanos y citadinos, nos deberíamos hacer la pregunta ¿en qué tipo de ciudad queremos vivir? Eso va asociado a la idea de progreso ¿qué tipo de progreso es deseable? Porque vivir en una ciudad en la cual eso implica perder un espacio que hace a la calidad de vida de la población… ¿ese es el tipo de ciudad en que queremos vivir?” Sabrina es socióloga y vive a pocas cuadras de la base aérea.

“Qué entendemos por calidad de vida si pensamos una ciudad ‘más conectada’ porque tiene un aeropuerto o estamos pensando en una ciudad con la posibilidad de respirar aire puro, de disfrutar, de tener sitios de esparcimiento y espacios que nos permitan construir educación ambiental, un espacio que nos relaje.”

Por lo pronto, la justicia impuso una restricción de operaciones que establece un máximo de 3 vuelos (seis movimientos) diarios, pero según el Estudio de Impacto Ambiental, el aeropuerto  “puede tener como mínimo 20 vuelos diarios, es decir 40 (cuarenta) movimientos por día en esta etapa inicial” y el objetivo es que “en etapas posteriores de desarrollo, este aeropuerto puede alcanzar la cifra de 150 vuelos (300 movimientos) diarios, lo cual lo posicionaría en un rango equivalente de capacidad al Aeropuerto Jorge Newbery”
Para ella, lo que está en juego son ideas alternativas de progreso: “Si avanza la lógica de maximizar la cantidad de vuelos y el proyecto de autopista, que pasará por encima de la isla verde, más el área de logística ferroviaria, sentiremos una disminución de calidad de vida; por cantidad de transporte que va a aumentar, cantidad de vuelos, mayor cantidad de gente circulando con un medio de transporte, que es el tren que también usamos para ir a trabajar y que hoy funciona paupérrimamente, es un cambio que tiene que ver con mayor contaminación por combustiones en el aire, por autos, colectivos, aviones, y por ruidos”.

Foto Lina Etchesuri

 

Un proyecto colectivo

En ese sentido, desde el colectivo Isla Verde se preguntan si es posible hablar de progreso como algo separado del cuidado de los espacios naturales y la biodiversidad. En la audiencia pública los funcionarios locales dejaron ver su idea de progreso: dijeron que gracias al aeropuerto se había asfaltado y cambiado luminarias.

Melina explica que el grupo se ha puesto firme en exigir el cumplimiento de la legalidad ante un Estado que les pasa por arriba: “El proyecto aeroportuario del gobierno nacional fue instalado sin cumplir con los pasos legales y la intención anunciada en la audiencia pública – que fue un logro de nuestro colectivo y dónde hicimos uso de nuestro derecho a la información – es ampliar el aeropuerto, construir un aeroparque, una playa seca de logística ferroviaria donde acopiar containers y la autopista que implica entubar el Arroyo Morón: el sitio que nos protege de inundaciones y la fuente de vida de la reserva natural que habita en nuestro barrio.”
El activismo insistente del colectivo Isla Verde fue fundamental para sumar a la comunidad a conocer y proteger este pulmón verde; Melina dice que si bien es a través de los festivales y recorriendo el barrio que difundieron la propuesta, fue a partir de la noticia de la construcción del aeropuerto comercial (y de los propios papelones de Flybondi) que más personas tomaron conocimiento de la existencia de este lugar de valor natural.  “Nosotros les contamos que todo ese espacio verde nos permite respirar, disfrutar de temperaturas más frescas que en zonas más urbanizadas y el enorme valor ecológico que representa, los espacios verdes, el arroyo y las especies animales conviven en el sitio interrelacionándose en equilibrio, y su valor no sería el mismo sin alguna de esas partes”.

Nahuel, que argumenta con firmeza pero sin perder jamás la sonrisa, agrega: “El arte también surge como un método de expresión. Notamos en estos años tratando de sensibilizar a la comunidad, que el mensaje tiene que ser estudiado para ser difundido y comprendido, entonces la rama artística te ofrece un montón de herramientas con pocas palabras o con dibujos, pinturas, de una manera distinta”.

El arte y la naturaleza se encuentran en la primera línea de defensa de la Isla verde. Nahuel, que es jardinero de profesión, continúa: “Nos definimos como colectivo ambiental artístico porque consideramos que el proceso de sensibilización de los seres con su ambiente está intrínsecamente relacionado con lo que es el arte”. En el grupo hay otros jardineros, artistas, diseñadores, actrices, estudiantes de bellas artes, científicos y gente que “no tiene nada que ver con el ambiente este, pero fue sensibilizándose con la cuestión y al día de hoy están comprometidísimos”.
Él cuenta que lo que motiva a este grupo a seguir luchando para lograr su objetivo es el respeto al ambiente en que vivimos y la necesidad de proteger espacios verdes frente al avance del cemento: “Ante la necesidad de conservar ese espacio y las inexistentes políticas ambientales, es que dijimos nos organizamos. No queríamos llegar a tener 80 años y no haber hecho nada por este lugar. Conocimos a las aves que vivían ahí, conocimos a los reptiles y a los mamíferos, a los árboles, a los pastos y ese es el fuego interior que nos llevó a organizarnos, que nos mueve a ir de reunión en reunión y de un lado para el otro, a hablar con unas y otras personas, exponernos. Creemos que el fin más noble que una actividad puede tener es el bien común, entonces, ante eso, no hay medias tintas, no se puede ser tibio cuando se trata de la naturaleza y el bien común”.

Foto Lina Etchesuri

 

Los árboles resisten de pie

El abogado que patrocina a la agrupación Isla Verde nos pone al día con la causa. Se presentó un amparo que se fundamenta en tres puntos principales: el “dominio eminente” sobre el ambiente pertenece a la provincia de Buenos Aires, según el artículo 121 de la Constitución Nacional y el artículo 28 de la Constitución provincial, y en consecuencia, es deber de la provincia habilitar el funcionamiento del aeropuerto, siempre y cuando se evalúe que el mismo no produce daños ambientales, sin embargo, en ningún momento el estado provincial tomó cartas en el asunto y la habilitación corrió por sola cuenta del estado nacional.

Por otro lado, existe una gran cantidad de árboles que conforman un bosque dentro del predio, y estos no pueden tocarse hasta que la provincia cumpla con la ley de presupuestos mínimos de bosques nativos (26.331) y los categorice como ordena la ley antes de disponer cualquier modificación. Por último, no puede haber aviones en un espacio donde hay tal cantidad de aves, como en este reducto natural.

La cámara civil y comercial federal de San Martín, que tiene a su cargo resolver este amparo, dictaminó a través del Juez Salas el día 28 de diciembre de 2019, que si bien por un lado considera que no existe urgencia para darle curso al amparo, ya que según entiende no está probado el daño sobre el ambiente, por otro lado, obliga al OPDS (Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible, que es la institución encargada de asuntos ambientales en la provincia) a que intervenga en este caso. Así, si bien no se dio curso a la medida que inhabilitaría el uso del aeropuerto, el abogado es optimista ya que entiende que el fallo reconoce que es la provincia la encargada de asumir la evaluación del riesgo ambiental, la obliga a cumplir con el mandato constitucional y dictaminar sobre los estudios de impacto ambiental sobre los que anteriormente no tuvo incidencia alguna.

Este año será clave ya que Isla Verde se conformó como asociación civil y pedirán formalmente la creación de la Reserva Natural y Comunitaria.

 

Foto Laura Borsellino

 

PEDALEANDO POR UN RÍO SANTA CRUZ LIBRE

PEDALEANDO POR UN RÍO SANTA CRUZ LIBRE

Ricardo Gaustein nació en Lomas de Zamora y pasó los últimos 16 años viviendo en Morón, zona oeste del gran Buenos Aires, donde estudió y se recibió de Técnico Universitario en Turismo. Hace veinte años trabaja como Guía de Turismo y desde la primavera pasada está embarcado en una travesía increíble, que lo lleva en bicicleta a recorrer los Parques Nacionales de Argentina alertando sobre el proyecto de represar al Río Santa Cruz.

por Laura Borsellino y Gaby Franchini

El 15 de octubre de 2018 partió de la localidad de Roque Pérez (Provincia de Buenos Aires), en la que inició un viaje que le llevará un año y medio, o más. Son aproximadamente 20 mil kilómetros que Ricardo quiere pedalear, de los cuales, al día de hoy ya lleva recorridos unos 4500. Nada mal considerando la cantidad de rutas complicadas, las inclemencias del tiempo, y el esfuerzo enorme que implica atravesar todo el territorio argentino en el vehículo más independiente y audaz: la bicicleta.

Entrevistamos a Ricardo para que nos cuente cómo es la experiencia de unir Parques Nacionales Argentinos en bici y sobre la lucha a contrarreloj, y casi con todo en contra, que él – junto a muchos otrxs argentinxs – están llevando adelante contra la instalación de dos mega represas sobre el río Santa Cruz financiadas con capitales chinos.

“A finales del 2007 también dejé todo y con mi pasaje de avión en mano y mi mochila, me fui seis meses a recorrer India, Nepal, y algunos países de sudeste asiático. Luego he recorrido algunos países de Sudamérica, como Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, también de mochilero. Trabajando tuve la suerte de visitar el resto de nuestros países limítrofes y algo de Europa”, dice Ricardo sobre sus viajes iniciáticos.

LA BICICLETA

Argentina tiene casi 3 millones de km2. Recorrerlos en bicicleta es todo un desafío, implica cambios radicales de paisajes y climas, y sobrevivir a rutas atestadas de camiones o sin presencia humana por horas y horas. La bicicleta es un vehículo que te permite acceder lugares únicos, sentir el viento y escuchar los sonidos del ambiente, es la forma de moverse a velocidad más estrechamente integrada al ambiente, sin embargo, no son pocos los desafíos que el mundo les presenta a los viajeros en dos ruedas.

—¿Cómo llegó a tu interés recorrer los Parques Nacionales en bicicleta, qué pensás que te vincula con lo ambiental?
—Mi vinculación con lo ambiental nace desde el respeto y la empatía, más allá de un tema de gusto personal. Intento ser muy respetuoso de todo lo que me rodea. Y no concibo no “cuidar” el medio ambiente, porque creo que de no hacerlo, me estaría faltando el respeto a mí mismo, a quienes quiero, y a las personas en general. Todos disfrutamos y dependemos del medio ambiente, de una u otra forma. Me parece que tratar de vivir en comunión con el entorno, nos asegura una mejor calidad de vida, y me encantaría que todos tuvieran la posibilidad de aprovechar eso.
En cuanto al viaje, en realidad fue “mutando” y tomando forma de a poco. Desde siempre quise recorrer toda la Argentina, aunque nunca lo había pensado de esta manera. Suponía que lo haría al estilo “mochilero”, como otros viajes .. y el hecho de visitar los Parques surgió de la mano de mi interés personal por las áreas naturales (considero que son fundamentales para la preservación de nuestros recursos), y de “observar” el mapa: al unir cada una de éstas áreas que forman el sistema de Parques Nacionales, estaría recorriendo prácticamente todo el territorio argentino; sobre todo lugares poco turísticos que aún no tuve la suerte de conocer. Y, como siempre digo también, creo que porque soy un guardaparques frustrado, ya que es una tarea que me encanta, aunque no tuve en su momento la posibilidad de volcarme a ella.
Por otro lado, también tengo muchas ganas de mostrar esa “otra Argentina”, que es la que no suele salir en los medios, sobre todo en las grandes ciudades. La de la gente solidaria, hospitalaria, que realmente es mucha, y de las que las noticias no siempre hablan.

—Seguramente en un viaje así te topaste con muchas dificultades y obstáculos particulares, ¿qué elementos pensás que son imprescindibles para encarar un viaje así? ¿Qué cosas allanaron el camino en tus travesías?
—Si tuviera que declarar algunos obstáculos importantes, creo que podría enumerarlos:
Lo mal que manejan los argentinos, reflejado en el hecho de no respetar una distancia mínima con el ciclista y maniobras, a veces, ¡imprudentes! Me han hecho “tirar” a la banquina muchas veces; tengo dos porrazos importantes:el primero, el día de la salida, a los 15 kilómetros de haber comenzado.
-En segundo lugar, el viento. Hasta ahora ha sido, creo, que lo más duro del viaje. Es impredecible, y cuando aparece con fuerza no hay manera de sobrellevarlo. Es lo único que me ha hecho “parar” o, incluso, tener que aceptar que me lleven en algún tramo del camino. Puede reducir tus expectativas o planes de viaje a cero en cualquier momento.
-La inexperiencia, es otra dificultad. Nunca fui un verdadero ciclista, ni siquiera un buen deportista, y puedo decirte que aún hoy, a cuatro meses de haber comenzado, sigo sin saber arreglar bien los frenos; ajustar los cambios; y todavía me cuesta cambiar o emparchar una cámara, etcétera. Es un aprendizaje permanente y un desafío, pero se va sobrellevando con muchas ganas.
Luego podemos mencionar el frío, la lluvia, el mal estado de los caminos, las largas distancias sin “nada” en medio de la estepa. Pero estos son aspectos que con algo de planificación y cierta paciencia, se van superando bien
En cuanto a qué “allanó” mi travesía, podría decirte que lo fundamental es el “sentido común”. Problemas e imprevistos van a surgir siempre, pero creo que ser prudente; ser consciente de nuestras propias limitaciones; y poder contar con, al menos, algún tipo de información acerca del trayecto que vamos a realizar, nos brinda ciertas garantías y seguridades. Admito que tantos años de profesión sirven también, ya que no sólo me han dado ciertos conocimientos importantes sobre muchas partes del camino recorrido y a recorrer, sino que además, te brinda una cierta sensación de seguridad, o de saber cómo desenvolverte en determinadas circunstancias, que para alguien que no está acostumbrado a andar, serían estresantes.

LOS PARQUES NACIONALES

Si bien la Administración de Parques Nacionales (APN) de Argentina es un ente autárquico, en la práctica la institución mantiene una alineación con el Gobierno de turno. Para el caso de APN, los directivos elegidos por el presidente Macri para dirigirla, son empresarios sin ninguna relación con la práctica ambiental, la visión general de la institución se volcó hacia el turismo VIP y mayormente, a desentenderse y silenciar su postura las problemáticas sociales que ponen en peligro a las áreas protegidas, como sucede con el caso de las megarepresas, o la minería a cielo abierto, los desmontes, y tantas otras actividades que son tanto política de estado como serias amenazas para la conservación de la biodiversidad.

—¿Teniendo en cuenta que los objetivos de esta experiencia que nos comentas pasan por unir los parques y llamar la atención sobre las represas en el río Santa Cruz, cómo viviste la relación entre los parques que visitabas y sus entornos, la gente, los turistas?
—Yo creo que cada caso ha de ser particular en relación a las localidades o pueblos cercanos. Tengamos en cuenta que en muchos casos hay parques que se encuentran a enormes distancias del poblado más cercano. Otros están rodeados por estancias o campos de cría de ganado, donde hay que saber consensuar con los propietarios, porque quizás el ganado ingresa a sectores de parques, y produce daños.
En algunos otros casos, hay parques que al estar muy cerca de ciudades turísticas, y por poseer atractivos realmente muy importantes, se convierten en un polo de atracción en sí mismos, y ahí es donde se deben articular acciones planificadas en conjunto con la sociedad y sus instituciones. Lo mismo sucede de alguna manera con el “turista” que visita cada parque.
Me ha pasado que en parques donde la cantidad de visitantes es muy pequeña, ya sea por inaccesibilidad, falta de difusión, menor cantidad o importancia de atractivos, etcétera, la interacción con quienes allí trabajan es mucho más directa, pudiendo conversar con guardaparques y brigadistas, interiorizándome acerca de las características y/o problemáticas del parque y demás. Por otro lado, en parques mucho más grandes y visitados, como los Parques Nacionales Tierra del Fuego o Los Glaciares, ésto es más impersonal, y muchas veces quienes ahí trabajan están abocados a tareas de vigilancia, control, inspección, y no cuentan con la posibilidad de interactuar tanto.


—¿Cómo pensás que se vincula el turismo con Parques Nacionales, está bien encarado desde Parques o requiere de bastante más atención?

—Acá entramos en un tema un tanto complejo, en relación a varios factores, donde no puedo menos que ser bastante crítico, porque me parecen enormes falencias que han de ser encaradas y resueltas en algún momento. No sólo la falta de idoneidad de la “cúpula” de Parques es evidente, ya sea en el ámbito ambiental o bien turístico, sino también de compromiso con la idea fundante del sistema de Parques Nacionales.
En primer lugar, Parques Nacionales como entidad dependiente del Estado Nacional, se encuentra en una época de recortes y ajustes que debe de hacer muy difícil su manejo, de manera eficiente y eficaz.
El ejemplo más claro es el del Parque Nacional Lihué Calel, en La Pampa, que a mi paso a fines de octubre, había recibido 15 mil pesos para combustibles que debían “durar” hasta febrero. Qué significa ésto: carencia de recursos; imposibilidad de contar con material o personal necesario; no poder realizar tareas de control dentro del área del parque, ya sea por cazadores furtivos; animales asilvestrados; posibles focos de incendio, etcétera, y que todo el personal del parque trabaje a pulmón, con pocas herramientas, y limitados en su respuesta ante cualquier eventualidad, como fue el incendio de casi el 80 por ciento del parque en enero del año pasado.
O el caso de los Parques Nacionales Bosques Petrificados y Monte León, en los cuales los accesos son desastrosos, con caminos de ripio en muy mal estado, y donde se depende de un convenio con Vialidad provincial para mantenerlos. Mientras, muchos turistas eligen no ingresar, para no tener que sortear esos caminos.
Quien preside la Institución es una persona puesta a “dedo” por el Presidente de turno (es el caso actual) y esto significa que no suelen ser personas capacitadas en el ámbito del cuidado del medioambiente, ni tienen relación alguna. El señor Eugenio Bréard, actual Presidente de Parques Nacionales, es básicamente un empresario o gerente, con lo cual la mirada que tiene sobre el manejo de parques, es la de un negocio, y se nota que poco le interesa la protección ambiental. Y ésto se ve reflejado en proyectos como la idea de instalación de complejos hoteleros VIP dentro de áreas naturales como el Parque Nacional Iguazú y el Parque Nacional Tierra del Fuego, con su consiguiente afectación del cuidado del ambiente natural del lugar, y que va en contraposición de lo que debería ser la idea básica y fundante de un parque. Y el sólo hecho de pensar que quien preside los Parques, jamás ha visitado muchos de ellos, nos da una idea de cómo ha de funcionar todo.
Se supone que Parques Nacionales es la primera línea de defensa de nuestros más importantes recursos, ya sean naturales, históricos, culturales, etcétera. Pero estamos a punto de afectar o destruir de manera irreversible una de las Maravillas Naturales del Mundo —el Glaciar Perito Moreno, ubicado dentro del Parque Nacional Los Glaciares, entre otros glaciares— a causa de la construcción de las represas sobre el Río Santa Cruz. Y, sin embargo, la entidad nada ha dicho al respecto.
El caso más paradigmático es el del señor Emiliano Ezcurra, Vicepresidente de Parques Nacionales, quien cuenta con una larga trayectoria en defensa medio ambiental y a quien se le conoció su oposición a la construcción de las represas sobre el Río Santa Cruz durante algún tiempo. Tiempo que finalizó, dicho sea de paso, a partir de su “ascenso” dentro de la Institución, momento desde el cual nada se le ha oído decir en defensa del río y los glaciares del Parque Nacional.
Si bien “autárquicos”, los Parques tienen una “bajada de línea” muy concreta, impedidos de hacer o decir nada que no provenga de la Administración de Parques. Es decir, centralistas. Y ésto se ve reflejado en un sistema de gestión lento y engorroso, donde “todo” tiene que ir a Buenos Aires, ser visto y evaluado, y “regresar” a destino. Significa tiempo perdido; burocracias innecesarias, y cosas que se van perdiendo en ese ida y vuelta y van quedando sin respuesta o solución.
Significa también “acallar” al personal en aspectos que van en detrimento de las áreas naturales protegidas, impidiendo que se expresen, y sea sólo la “versión oficial” la que se comunique. El mejor ejemplo de ésto, es la falta de una manifestación clara de Parques acerca de la afectación que las represas del río Santa Cruz tendrán sobre los glaciares.
Hay muchas otras falencias, como la falta de difusión o comunicación clara; una evidente falta de mantenimiento de áreas naturales o elementos histórico culturales dentro de los parques; contraposición de normativas, etcétera.
Por otro lado, si algo he de destacar, en las visitas realizadas durante esta travesía y en los años que he trabajado como guía, es la labor de los guardaparques. Muchas veces trabajan faltos de todo tipo de recursos, en condiciones de aislamiento muy importantes, sin los debidos suministros, y hasta desempeñando tareas que no se hallan dentro de las funciones que les son propias.
Creo (y lo sostengo firmemente), que son ellos a quienes debemos en gran parte la eficacia en la preservación de nuestras áreas naturales, y no justamente a quienes deberían “dirigir” esas acciones.

LAS REPRESAS SOBRE EL RÍO SANTA CRUZ

Cóndor Cliff y La Barrancosa son dos represas proyectadas sobre el Río Santa Cruz, con una importante inversión del Estado Chino. Este río es el último río glaciario que corre libre desde la cordillera hasta el mar Atlántico, forma parte de un ecosistema sensible y del cual dependen varias especies de aves endémicas y en peligro. El proyecto de represarlo despertó la oposición de vecinxs de las localidades cercanas, así como de abogados, científicos, ONGs ambientalistas y deportistas de todo el país, quienes formaron una coalición que logró impugnar los Estudios de Impacto Ambiental y llevar el caso ante la Corte Suprema Argentina. Actualmente, las obras no están frenadas por orden judicial pero el caso se encuentra nuevamente en manos de la Corte para definir la nulidad de los estudios ambientales, mientras la coalición sigue luchando para frenar definitivamente el proyecto.

—¿Cómo te interesaste por el caso de las represas sobre el río Santa Cruz? ¿En los lugares que visitaste conocían el tema? ¿En los parques nacionales te dijeron algo por andar con la bandera del río libre flameando?
—Durante los últimos años estuve trabajando para una empresa de viajes que es propietaria de un hotel en El Calafate. Esto hizo que visitara esta localidad al menos dos o tres veces al mes, a lo largo de varios años. Y eso me llevó a entrar en contacto con colegas que estaban ya vinculados a la defensa del río Santa Cruz. De a poco fui comprendiendo el enorme desastre que su construcción va a producir, y comencé a involucrarme.
Mi “grano de arena” era intentar concientizar sobre ésta problemática a mis pasajeros, con quienes en una convivencia de casi dos semanas se genera un vínculo bastante especial. Y eso te permite “llegar” a esas personas desde otro ángulo. Ya más vivencial ó sentimental, genera cierta empatía, y que no sólo quede en una foto o comentario, sino que comiencen a interesarse en serio.
Luego, al proyectar este viaje, me pareció que podía ser una buena idea tratar de colaborar para visibilizar esta problemática, ya que el viajar en bici genera una cierta exposición.
En cuanto a las personas, excepto en Santa Cruz, en el resto de las provincias por las que pasé, han oído o visto noticias sobre la construcción de las represas, sobre todo vinculadas a la enorme corrupción asociada al proyecto, pero poco o nada saben sobre el daño ecológico que van a producir; lo obsoleto del proyecto, la cesión de soberanía de nuestros recursos hídricos a China, ni el endeudamiento mega millonario que nos va a costar una obra que no va a traer beneficios que valgan la pena semejante daño. Ningún político ha salido a hablar sobre la “letra chica” del proyecto, así que la gente desconoce estos aspectos.
En Santa Cruz, es tristísimo lo que sucede. La mayoría de las personas están al tanto de la corrupción del proyecto; del daño irreversible e irreparable que van a provocar; que se están pisoteando sus derechos, que se han violado leyes ambientales y de Derechos Humanos vigentes en la Constitución Nacional, etcétera. Pero les han “vendido” la idea de trabajo, lo cual también tiene letra chica, y a muchos los tienen cooptados, ya que gran parte de la población provincial depende de algún tipo de trabajo estatal, con lo cual, si se manifiestan en contra, corren el riesgo de quedarse ellos mismos o algún familiar, sin trabajo. Es un sistema que lleva muchos años en la provincia, y lo que permitió claro, la corrupción, el robo, el despilfarro, y que nadie hablara. Lo mismo, sucede con el proyecto de las represas.
Y es increíble cómo, cuando les mencionas el tema, las personas bajan la mirada con vergüenza y te dicen que saben lo que va a pasar, pero nadie se anima a hacer nada.
Y Parques Nacionales, ¡bien gracias! Lo digo por lo de la bandera. Han sido totalmente indiferentes. Incluso he intentado contactarme con cada Parque a visitar tiempo antes de arribar a ellos y, en general, ni siquiera se toman la molestia de responder los emails que, luego claro, me entero que los reciben. Mucho menos brindar algún tipo de “soporte” logístico como para poder llevar adelante mi viaje.
La única colaboración ha sido la de los guardaparques “in situ”, quienes se muestran muy interesados en general, y me han recibido muy bien.


—Para finalizar, ¿podrías recomendarnos algún sitio de esos que dirías son imperdibles para recorrer en bicicleta?

—Me sorprendieron muy gratamente toda una serie de pueblos o localidades de la provincia de Buenos Aires, ideales para visitar un fin de semana, como por ejemplo Bolívar, Urdampilleta, Daireaux, Laguna Alsina, etcétera. Súper apacibles, gente amable, limpios, ordenados. Un placer andar por sus calles. Una visita también interesantísima es a la localidad de Carhúe, que tiene termas, y las “ruinas” de la Villa Epecuén. Un lugar donde combinar el turismo de salud con la historia.
Ya ingresando a Patagonia, bien vale la pena pasar por los Parques Nacionales Lihúe Calel de La Pampa, P.N. Bosques Petrificados y Monte León, en Santa Cruz; la hermosa localidad de Las Grutas y Puerto Madryn con todos sus atractivos naturales, y Puerto San Julián, también en Santa Cruz. El P.N. Tierra del Fuego y Ushuaia son un clásico también.
Ahora, hay tres lugares que me enamoraron a mi paso por allí y los recomiendo enormemente. Quizás para una o dos noches, en contacto directo con la naturaleza: Pomona (Río Negro); Comandante Luis Piedra Buena (Santa Cruz) y Lago Escondido (Tierra del Fuego). Ya sea a la vera de un río o un lago, con la aridez de la estepa o el bosque andino y la cordillera de Los Andes de fondo, pero son lugares realmente increíbles.