LA RESPUESTA SOPLA EN EL VIENTO

LA RESPUESTA SOPLA EN EL VIENTO

El pasado 14 de mayo, en el marco del juicio por el saneamiento del Riachuelo y en respuesta a una solicitud presentada por el Cuerpo Colegiado (integrado por la Asociación de Vecinos La Boca, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos (ACDH) y la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)), el juez Jorge Ernesto Rodríguez, uno de los jueces a cargo de la ejecución de la sentencia dictada por la Corte Suprema de Justicia en la causa por el saneamiento de la Cuenca Matanza-Riachuelo, emitió una resolución en la cual declaró que el acceso al aire limpio es un derecho fundamental para todas las personas.

Si bien el fallo apela al “desarrollo sostenible”, poniendo énfasis en “el crecimiento demográfico” y “la tecnología” como principales causantes de desequilibrios ambientales graves, celebramos que entienda que “el acceso a un ambiente libre de contaminación del aire resulta un derecho humano derivado del derecho a disfrutar de un medio ambiente saludable y no Degradado” y que se declare “que constituye un derecho humano el acceso al aire sin contaminantes agregados como consecuencia de actividades antrópicas que puedan producir daños a la salud humana”, así como el requerimiento a la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) a que adopte las medidas necesarias para revertir esta problemática.

 


LA SALUD DE TODOS ESTÁ COMPROMETIDA

La pésima calidad del aire que soportamos genera gran cantidad de trastornos de salud para la población. Más del 90% de la población mundial se encuentra expuesta a altos niveles de toxicidad del aire. Las más afectadas son las poblaciones  vulnerables, con problemas de acceso al mercado de trabajo, a la educación y a la salud, en suma, las que suelen vivir en las áreas más contaminadas.

Según nuevos estudios, la contaminación del aire produce muchos más efectos adversos en los cuerpos de los que comúnmente conocemos (como la afectación a los pulmones). “La polución del aire puede ser asociada a síntomas que aparecen inmediatamente luego de la exposición, como toser, lagrimear, dificultad al respirar o anginas. También puede ser asociada con daños de largo término, que son mucho más sutiles. La población usualmente desconoce cómo la exposición de largo alcance afecta su salud o empeora sus problemas médicos en el tiempo. El aire contaminado gana acceso al cuerpo a través del tracto respiratorio pero sus efectos sistémicos pueden dañar muchos otros órganos” [1]


AL PAN VENENO Y AL AUTO BENEFICIOS

Más de 70.000 papers científicos demuestran cómo la contaminación del aire afecta la salud humana. Mientras, en Argentina, el kilo de pan (lleno de agrotóxicos) cuesta más de 100$ y el gobierno nacional rebaja los impuestos para los autos de lujo. ACUMAR poco ha podido avanzar en el saneamiento real de la cuenca Matanza-Riachuelo, y por extensión, el aire de “Buenos” Aires -ciudad con gran déficit de espacios naturales y que sigue fomentando el uso del transporte automotor- es cada día más irrespirable. Aunque el gobierno porteño y la ONG Greenpeace difunden datos bastante contradictorios, “esperar el bondi” en la parada del Metrobús del bajo o andar en bicicleta por las fatídicas avenidas se vuelve una experiencia cuasi chernobilesca. Según la ONG, el gobierno porteño utiliza parámetros más flexibles que la OMS para medir la contaminación, y de ahí las diferencias.

El aumento del plantel de vehículos motorizados en la ciudad es el principal factor contaminante. Lamentablemente, las políticas públicas parecen estar más enfocadas en aumentar la venta y circulación de automóviles, con infraestructura diseñada para la movilidad en detrimento de la permanencia en los espacios de la ciudad, con el costo social y ambiental que pagamos todes les ciudadanes por igual, tengamos o no vehículo motorizado particular.

Para garantizar el derecho a un ambiente sano para todes, las políticas públicas deberían fomentar la participación ciudadana en la toma de decisiones, el transporte público eficaz y sustentable, en lugar del uso privado del automóvil a combustión (incluso por qué no, insistimos… un sistema de propiedad comunal de automóviles!), sumado a una política vial coherente que haga foco en las personas y no simplemente en la movilidad. Todo ello con el objetivo de descentralizar la urbe y disminuir la cantidad de viajes necesarios para trabajar o abastecerse, aumentar considerablemente los espacios verdes naturales y de público acceso, fomentar con educación e infraestructura el uso de transportes realmente sustentables como la bicicleta, el skate o caminar, y recuperar el espacio público de la ciudad, no para los automóviles – que bastante espacio ya ocupan – sino para que las y los habitantes podamos utilizarlos y (re)construir los lazos solidarios y de afinidad entre nosotres y con nuestro entorno vital.

ANDRÉS CARRASCO – CIENCIA DISRUPTIVA

ANDRÉS CARRASCO – CIENCIA DISRUPTIVA

En el marco del 18 Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos (FICDH) realizado en Buenos Aires, se pre-estrenó el documental que narra la obra y vida de Andrés Carrasco. ¿Quién fue y qué motivó una película con su nombre y la palabra “ciencia disruptiva”?

SEMBRANDO DIGNIDAD

Andrés Carrasco dejó un legado enorme en el camino de la ética, de la justicia social y ambiental. Fue director del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, docente de la misma universidad y presidente del Conicet. Científico, médico, maestro, militante, en 2009 denunció los efectos letales del herbicida glifosato en el desarrollo de los vertebrados, a partir de investigaciones propias. Ello le implicó una campaña de desprestigio por parte de empresas del agronegocio, medios de comunicación y del secretario (entonces ministro de Ciencia y Tecnología) Lino Barañao.

Ante el silencio cómplice de la ciencia hegemónica, Carrasco salió a defender el pensamiento crítico y a guiar el conocimiento hacia las alternativas, configurando una resistencia al modelo de desarrollo basado en la agroindustria, que privilegia las ganancias de pocos a costa de envenenar pueblos enteros.

¿CIENCIA PARA QUÉ? ¿CIENCIA PARA QUIÉN?

A partir de testimonios de sus familiares y conocidos y recuperando también imágenes de las luchas de pueblos que se enfrentaron a las corporaciones y la represión, el documental combina hábilmente momentos de intimidad e historia personal con escenas de resistencia ciudadana y movilización social.

Su compromiso queda plasmado en la pantalla. Lo que aprendió, enseñó e investigó fue puesto al servicio del pueblo. Específicamente, cuando ya era un investigador muy reconocido, su accionar rompió el marco de la “ciencia convencional”, guiada por un cientificismo cuantitativo, calculador y supuestamente “neutral”. Se puso al lado de las comunidades afectadas por el abuso del paquete tecnológico del ecocidio, basado en el monocultivo de soja transgénica y sus agrotóxicos, en plena connivencia entre grandes empresarios y autoridades estatales. Con las pruebas de que el glifosato afecta el desarrollo en embriones, algo dentro suyo le dijo que tenía que actuar. “Hacé algo”. Y, en vez de transmitirlo al “sistema científico”, lo primero que hizo fue comunicarlo a la gente que estaba siendo víctima directa de las fumigaciones. Luego procedió a difundirlo en medios, siempre en contacto con las comunidades.

“TE LO DIGO, TE LO CANTO… FUERA MONSANTO!”

Un hito en la historia de las luchas populares contra el envenenamiento por agrotóxicos fue el fallo en la ciudad de Córdoba de 2012 por parte de Cámara Primera del Crimen. El agricultor Francisco Parra y el piloto aeroaplicador Edgardo Pancello fueron condenados por el delito de contaminación ambiental dolosa en el barrio Ituzaingó Anexo. El fallo, sin embargo, absolvió al productor Jorge Gabrielli.

Las Madres del Barrio Ituzaingó impulsaron ese juicio por pulverizaciones ilegales en campos de soja. Llevan años practicando la epidemiología popular, tras detectar a varios familiares enfermos de cáncer. La perversidad del sistema obliga a que las víctimas tengan que salir a probar los daños para lograr pedacitos de justicia.

La localidad Malvinas Argentinas, en Córdoba, opuso férrea resistencia a la instalación de una planta de Monsanto en su localidad. Fue anunciada en el 2012, con promesas de trabajo para la comunidad. En 2013 organizaron un festival bajo el lema “Primavera sin Monsanto”, y allí estuvo Carrasco, al pie del cañón. En 2016, la corporación tuvo que vender el predio gracias a la lucha y resistencia incansable de los vecinos, vecinas y asambleas que dijeron NO. Tras años de luchas, difusión a la población, cortes de rutas, acampes, asambleas y represiones, Malvinas Argentinas logró echar al gigante.

“LA CIENCIA NO ES NEUTRAL”

Andrés Carrasco falleció en el año 2014, por defender la salud y la ciencia al servicio de los pueblos, sufrió persecución académica y mediática. Andrés sabía que la tenía difícil y se enfrentaba a los poderosos, aún así decidió que hacer eso era lo correcto. Su nombre hoy es sinónimo de ciencia digna, de ética y de justicia, y se replica en homenajes de escuelas rurales y distintas organizaciones.

Ante un mundo que ya no puede esperar más y mientras transitamos la emergencia climática y el desastre ambiental, cuando millones de seres vivos sufren y mueren envenenados por el sistema de producción de commodities, que no genera alimentos sino mercancías para exportar a países ricos, este documental es una obra imprescindible. Para cuando te sientas agobiado/a de luchar, para recargar energías, para comprender que siempre se puede “hacer algo”, para saber un poquito más de los caminos arduos pero gratificantes de la dignidad y el compromiso. Vale la pena continuar difundiendo el legado de un científico al servicio de los pueblos.

Andrés Carrasco | Ciencia disruptiva


Premio
“Voto del Público” de la Competencia Oficial de Documentales Nacionales del 18° FCIDH

Sinopsis:  En pleno auge del modelo agroexportador en Argentina, Andrés Carrasco, reconocido científico argentino, denuncia los efectos nocivos de los agrotóxicos en la salud humana. Mientras ponía en jaque al sistema científico subvencionado por el Estado en connivencia con las empresas, se convirtió en un referente para las víctimas del modelo.

Guion y Dirección: Valeria Tucci

Productores: Aníbal “Corcho” Garisto y Valeria Tucci

Productora Ejecutiva: Gabriela Franchini

Dirección de Fotografía: Santiago Canepa

Montaje: Valeria Tucci y Santiago Canepa

Cámara: Tobías Tosco y Santiago Canepa

Postproducción de sonido: Luciana Foglio

Casa productora: LumenCine

https://www.facebook.com/carrascofilm/videos/840907512933580/

UN MILLÓN DE ESPECIES DE ANIMALES Y PLANTAS PUEDEN EXTINGUIRSE…

UN MILLÓN DE ESPECIES DE ANIMALES Y PLANTAS PUEDEN EXTINGUIRSE…

Esta nota es una versión acotada de la publicada en La Izquierda Diario

El lunes 6 de mayo, se dio a conocer el informe del IPBES, la Plataforma intergubernamental de ciencia y políticas sobre biodiversidad y servicios ecosistémicos (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services), el trabajo de más de 400 especialistas de 50 países da cuenta del tétrico panorama a futuro que le espera a la humanidad, los animales y plantas que vivimos en este planeta.

Más de un millón de especies de flora y fauna están en peligro de extinción, a un ritmo sin precedentes en la historia, debido principalmente a los cambios en el uso del suelo y del agua, la explotación directa de los organismos, el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras. En ese orden.

Sr Robert Watson, jefe del IPBES, declaró que “la salud de los ecosistemas sobre los que nosotros y todas las especies depende se está deteriorando más rápido que nunca. Estamos erosionando los propios fundamentos de nuestra economía, sostenimiento, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida global”.

NÚMEROS QUE ASUSTAN, O DEBERÍAN HACERLO

Desde 1980 la emisión de gases de efecto invernadero se ha duplicado, generando un aumento de la temperatura global promedio de 0,7 grados Celsius, lo que ya está impactando tanto a nivel ecosistémico como genético, y sus efectos se esperan que se incrementen en las próximas décadas.

La abundancia de especies nativas en la mayor parte de los hábitats terrestres decayó en al menos un 20%, desde 1900. Más del 40% de las especies de anfibios, 33% de corales y más de un tercio de los mamíferos marinos están amenazados. La evidencia sobre insectos sugiere que al menos un 10% se encuentra bajo amenaza, 680 especies de vertebrados fueron extintos desde el siglo 16 y más del 9% de las razas de mamíferos domésticos para el 2016, con al menos 1000 razas más en peligro.

Estos resultados dan cuenta del fracaso total de alcanzar, al menos, 35 de los 44 objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas sobre pobreza, hambre, salud, agua, ciudades, clima, océanos y tierra, y sólo podrían alcanzarse 4 de las 20 metas de Aichi sobre Biodiversidad.

Entre otros puntos destacados del informe, se mencionan la alteración de tres cuartos de los ambientes terrestres y aproximadamente 66% de los marinos por acciones humanas, tendencia que resulta ligeramente menos severa en áreas bajo manejo de poblaciones originarias y comunidades locales. La tasa de extinción de hoy es de diez a cientos de veces más alta, en promedio, que la de los últimos 10 millones de años. Más de un tercio de la superficie terrestre y un 75% de las fuentes de agua dulce son usadas para agricultura y producción pecuaria.

SUSTENTABILIDAD COMO ÚNICA OPCIÓN

El informe plantea que esta tendencia podría revertirse con un cambio “fundamental, una reorganización amplia de sistemas en lo tecnológico, económico y social, incluyendo paradigmas, metas y valores”; propone además manejos integrados y acercamientos intersectoriales que tengan en cuenta los intercambios entre la producción de comida, la energía, la infraestructura, el agua potable y la conservación de la biodiversidad. El punto más sobresaliente es que explicita la necesidad de “alejarse del actual y limitado paradigma del crecimiento económico” e incluso hace mención al problema de la extracción de recursos que se produce en una parte del mundo para satisfacer la demanda de consumo en otras regiones.

Sin embargo, vale la pena poner en tensión estas ideas, ya que bajo el sistema de producción capitalista, el calentamiento global, la acidificación de los océanos, del aire y la contaminación del agua, la deforestación, la extinción de las especies, etc. son el resultado necesario e inevitable de anteponer los beneficios económicos a la sostenibilidad de la vida.La necesidad del capitalismo de producir cada vez un mayor número de mercancías es fundamentalmente incompatible con la sustentabilidad ecológica.” 

Por eso, sólo si la gran masa oprimida de la humanidad se organiza para quebrar el poder destructivo del capitalismo, arrancando de sus manos el control de las sociedades y luchando para construir relaciones sociales equitativas y solidarias, entre humanos y con la Naturaleza y lo no humano, con el objetivo de producir para satisfacer demandas sociales y no el lucro privado, podremos salvarnos nosotros y a los millones de animales y plantas a los que estamos condenando a desaparecer de la faz de la tierra.

 

ILHA DE MARÉ (BRASIL) – LOS QUILOMBOS OLVIDADOS. 1º Parte

ILHA DE MARÉ (BRASIL) – LOS QUILOMBOS OLVIDADOS. 1º Parte

El jueves 21 de marzo empezó con lluvia y muy temprano. Partimos del bonito barrio de Río Vermelho, en Salvador de Bahía, al nordeste de Brasil, con rumbo a Santo Tomé de Paripe. Una hora aproximadamente de viaje, hasta este pequeño enclave de pescadores, rodeado por la Bahía de Todos los Santos y la Base Naval Aratú.

La isla tiene unos 5 mil habitantes, el 93% se reconoce como “negro” o “pardo” y vive de la pesca artesanal. Es muy poco lo que se conoce sobre el lugar, con un pasado turístico que parece ya olvidado y un presente complicado para quienes allí habitan. Son comunidades quilombolas, asentadas en las tierras donde sus antepasados, los esclavos de las plantaciones cercanas, huyeron en busca de libertad.

Brasil fue el último país latinoamericano en abolir formalmente la esclavitud: recién en 1888. La zona norte de la isla es la que sufre de mayor precariedad, más próxima a la zona industrial y carente de infraestructura de calidad. La zona sur tiene mayor oferta de servicios básicos, cierta ligazón con actividad turística y mayor distancia de las fuentes contaminantes. Llegamos a destino a las 8 de la mañana con un cielo amenazante. El mar se embravecía y los barquitos se sacudían rítmicamente. Zarpar hacia la Isla de Maré sonaba a una aventura extrema.

Dentro de la embarcación, unas 70 personas hacíamos equilibrio para sentarnos, y algunos se pusieron el salvavidas. Contra todo pronóstico, el viaje fue de lo más tranquilo. Jocemar y Marizélia, de la comunidad quilombola Bananeiras y miembros del MPP (Pescadores y Pescadoras Artesanales de Brasil) fueron nuestros guías y quienes nos llevaron a ver de cerca las construcciones gigantes, el “progreso industrial brasilero”, que está carcomiendo a sus habitantes y cultura tradicional. “Nosotros producimos la comida que comen los brasileros” explican nuestros guías, y es real… ellos pescan de ese mar y ese río que las corporaciones están matando.

UN BOLONQUI SERIO

Los quilombos son comunidades autónomas. En el año 2003, por decreto, el presidente Lula estableció el reconocimiento de sus derechos territoriales, pero en la práctica esto no resolvió todos sus problemas y titular la tierra comunitaria les resulta sumamente complicado. Son comunidades pobres, descendientes de esclavos con sus derechos avasallados. El Estado los ignora y, actualmente, bajo un gobierno que mira con poco cariño a las comunidades campesinas, indígenas, quilombolas, y a las minorías en general, resultan sobre todo un obstáculo al ingreso de industrias y corporaciones internacionales que buscan recursos naturales.

Esta isla, perteneciente al municipio de Salvador, desde la década de los ‘50 fue convertida literalmente en “zona de sacrificio ambiental” en pos del “desarrollo” brasileño, a partir de la instalación de un complejo industrial en la región. La Refinería Landulpho Alves (RLAM), la Terminal Marítima Madre de Dios (TEMADRE), el Complejo Industrial de Aratú (CIA), el Puerto de Aratú y el Complejo Petroquímico de Camaçari (COPEC) son algunas de las industrias en funcionamiento alrededor de la isla. Como consecuencia, elevados niveles de contaminantes (arsénico, cadmio, cobre, mercurio, plomo, zinc, entre otros) fueron registrados en toda la bahía, afectando a la población de la isla y a toda su fauna y flora. Uno de los efectos es modificación de la cadena alimenticia en los humanos, ya que como “predadores tope” ingieren alimento contaminado. El riesgo cancerígeno asociado para varios poblados de la región -y cuya absorción es más acentuada en los niños- ha sido registrado oficialmente pero aún no se le ha dado ninguna respuesta concreta.

Mientras nuestro barco se adentra en la bahía, vamos observando las distintas comunidades costeras. Son construcciones humildes, casas de ladrillos, algunas pintadas de colores, enclavadas en un selvático ecosistema litoral. En las orillas siempre hay barcos y a nuestros costados, mientras navegamos, nos cruzamos con hombres en plena labor, lanzando redes desde pequeños botes. Nuestra primera parada nos lleva frente unos tanques-esferas gigantescas de cemento, almacenes de gases licuados y otros materiales. Del lado de enfrente hay un puerto donde podemos presenciar el momento en que las grúas descargan granos en camiones, liberando polvo lleno de agrotóxicos al mar y al aire.

La logística del mercado agroindustrial también se implantó en esta isla, y los impactos recaen en las aguas y costas, ensuciando las aguas con los remanentes, los materiales de limpieza de máquinas y buques, que atraen animales que pueden ser peligrosos para las comunidades, como ratas o serpientes, aumentando el riesgo sanitario. No hay gestión ambiental para estas consecuencias, más bien se las invisibiliza y no se brinda asistencia a las poblaciones locales para que puedan lidiar con estas situaciones de mejor manera. No muy lejos ya podemos ver torres que expelen el humo y fuego de las centrales termoeléctricas cercanas. La isla está rodeada de estos monstruos contaminantes.

LA BASE NAVAL ARATÚ

Un muro separa el poblado del comienzo de una zona restringida de uso militar. Más allá, las playas guardan refugio a usos exclusivos de las tierras.

Durante la década de 1950 se instaló la primera refinería de petróleo cerca de la Isla y a partir de ese momento, la región quedó ligada al paradigma desarrollista de la nación brasileña, así como a los impactos de los gobiernos dictatoriales. Puntualmente, en 1954 la prefectura de Salvador donó tierras continentales de Paripé, y ahora se encuentra una de las bases navales de la Marina brasilera (que luego construyó en la región también una represa). En los años ‘70, estas tierras se destinaron a residencia de los militares que allí se instalaron, aunque moraban comunidades quilombolas. En ese entonces unas 50-60 familias fueron expulsadas del lugar, sin indemnización. Desde ese momento perduran relaciones de hostilidad y agresión con las comunidades quilombolas adyacentes, quienes reclaman las tierras como propias.

En definitiva, el noreste brasilero, y particularmente la zona de Aratú (puerto de Aratu-Candeias) recibió un fuerte impulso en materia industrial (y un fuerte cariz militar en su control y vigilancia), estableciendo también una zona de movimientos entre diferentes actividades que requerían abastecimiento y transporte de personal desde los poblados cercanos. Paradójicamente (o no tanto…), en los últimos tiempos la base funciona como remanso vacacional para presidentes y otros funcionarios de alto rango. Los guías nos comentaron que Dilma Rousseff y Lula pasaron sus fiestas de fin de año, y el uso exclusivo para jefes de Estado parece que no va a cambiar. Algunos pueden disfrutar la tranquilidad y belleza de las playas de Inema.

Tan lejos y tan cerca de estas comunidades que resisten 500 años de una opresión que nunca termina. Hoy en día encontramos industrias que no cumplen con las normativas, el riesgo de las actividades portuarias y pretroleras, un tipo de turismo que impacta negativamente en el ambiente, el crecimiento del cultivo de camarones en los manglares, la contaminación atmosférica, la deficiencia de los servicios sanitarios y cloacales, la pesca con bomba y la destrucción de la Mata Atlántica, como mayores problemas para un buenvivir de esta región. Las actividades de drenado del Canal de Cotegipe, que implica el riesgo de diseminar metales pesados sedimentados y acumulados en el fondo del mismo, además de los nuevos riesgos asociados al polo de la Industria Naval en la Bahía de Iguape, acrecientan el drama.

Y tenemos, a la vez, los mismos pozos de extracción de petróleo dentro del territorio de las quilombolas.

¿Cómo llevan esta situación las comunidades, y qué alternativas pueden encontrarse desde sus propias intervenciones y propuestas?

 

EL RÍO SOMOS TODAS

EL RÍO SOMOS TODAS

El Río Matanza-Riachuelo es un cuerpo de agua muerto. La zona con más industrias de la provincia de Buenos Aires, con una cuenca de 2240 km2 que abarca 14 municipios, donde viven aproximadamente 7 millones personas, de 64 km de extensión hasta desembocar en el Río de la Plata, el Riachuelo acumula y transporta gran cantidad de elementos tóxicos que las fábricas arrojan al agua entre ellos cromo, plomo y cobre generando todo tipo de padecimientos en las poblaciones que se asientan en sus márgenes, ciudadanos pobres y con sus derechos vulnerados.

“Mujeres del Río” es un cortometraje de investigación dirigido por Soledad Fernández Bouzo que indaga en la lucha permanente por sanear el agua, el suelo y el aire de la cuenca que llevan adelante tres mujeres: Beatriz Mendoza, Claudia Leguizamón y Graciela Itatí Aguirre.

 

EL RÍO SOMOS TODAS

Ayer en la Universidad Nacional de Moreno se llevó adelante una proyección del corto, junto a la realizadora y a Marta Maffei (Dirigente sindical docente argentina) y Maristella Svampa (Doctora en Sociología) quienes pudieron charlar con el público sobre algunas cuestiones pertinentes al rol de las mujeres en las luchas ambientales y la situación de extrema gravedad ecológica que estamos atravesando como humanidad.

“Esta es una invitación poco común”, con esta frase dio inicio a su charla Maristella Svampa, haciendo referencia a la invisibilización de la temática ambiental en la agenda pública, especialmente a nivel académico y estatal, y más aún, cuando los afectados son las poblaciones en situación de mayor vulnerabilidad. Hace 10 años que la causa del Río Matanza-Riachuelo adquirió resonancia mediática, gracias al fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que ordenó su saneamiento.

Para Svampa, para poder entender el caso del Riachuelo se necesita hacer uso de algunos conceptos clave y entender cómo estos se relacionan entre sí. El primero de esos conceptos es el de racismo ambiental, que tiene que ver con la invisibilización de ciertas poblaciones, excluidas y marginalizadas. El segundo concepto es el de zona de sacrificio, que son esos lugares donde viven las personas en condiciones precarias y marginales, áreas que son utilizadas para depositar los excedentes tóxicos, o pasivos ambientales, de la producción industrial, y el último es el concepto de maldesarrollo, que apunta a dar cuenta de un modelo insustentable, con consecuencias sanitarias graves para las poblaciones.

En cuanto al rol de la mujer, Svampa destacó el protagonismo de los feminismos populares o del sur, que han surgido en toda América Latina, principalmente conformados por mujeres en situación de marginalidad, pobres, indígenas, campesinas, y que visibilizan su situación de exclusión. Para la investigadora, estos son movimientos feministas situados en luchas concretas, de aspectos comunitarios.

La radicalidad de estos feminismos populares está en su reivindicación de una cultura de la vida, contraria a la cultura de la muerte que nos ha impuesto el sistema capitalista y patriarcal, y una cultura de la vida y el cuidado. Poner de manifiesto la relación entre mujer y Naturaleza, entre feminismo y ecologismo y poner en cuestión las “dualidades de la modernidad”, esto es la separación arbitraria de los pares naturaleza/sociedad, Mujer/Hombre, humano/no-humano, donde además, uno de esos polos siempre es jerarquizado sobre otro, desconociendo la diferencia y desvalorizándolo, abriendo el camino para la dominación y la opresión.

En este sentido, para la especialista “el ecofeminismo revaloriza aquello que fue denigrado por el pensamiento moderno y patriarcal, poniendo en el centro la tarea del cuidado, sin esencializarlo”; cuando esencializar el rol de cuidadoras fue justamente lo que hizo el patriarcado, separando a los hombres de ese rol y anulando su capacidad de empatía. El cuidado al que se hace referencia tiene que ver con cuidar del otro, de la Naturaleza, de la producción y reproducción de la vida y de su sostenibilidad. Svampa resaltó que los humanos no somos seres autónomos sino seres vulnerables e inderdependientes, o sea, ecodependientes.

“Debemos resaltar que no todo el movimiento feminista asume que la tarea del cuidado de la Naturaleza es tan prioritaria como conseguir la abolición del patriarcado y terminar con la cultura machista y violenta, y en ese sentido, es necesario hoy más que nunca articular entre la agenda del ecofeminismo con los feminismos como el ‘ni una menos’” concluyó Svampa.

Por su parte, Marta Maffei recordó que las luchadoras y luchadores por el saneamiento del Riachuelo no se plantearon la descontaminación del río sino el saneamiento de la cuenca completa, del suelo, el agua y la tierra. “La tierra de la cuenca está llena de tóxicos, ahora mismo”, advirtió Maffei, y agregó que “están construyendo una gran cloaca para verter desechos en el Río de la Plata, y la tierra que remueven luego la acumulan en cualquier lado, donde los chicos juegan, al aire libre”.

Existe hoy una capacidad tecnológica y científica que nos contamina a gran escala, debemos repensar el rol de la investigación en relación a las necesidades y luchas sociales. El derecho de propiedad nos hace creer que podemos hacer lo que queremos con nuestro pedazo de tierra, sin considerar cómo eso afecta a los demás, el daño colateral de las actividades industriales es aceptado y no se controla.

Para Maffei, es necesario pensar al agua como un derecho humano, no hay posibilidad de vida sana (como manda el artículo 41 de la Constitución Nacional argentina) tomando agua contaminada. Además, recordó que las mujeres, por su constitución física orgánica, absorben mayor cantidad de toxinas que los hombres y la ciencia médica no está reconociendo suficientemente esta diferencia para realizar estudios específicos. Últimamente han cobrado relevancia enfermedades como la sensibilidad química múltiple, la fibromialgia y la fatiga crónica, todas relacionadas a la grave contaminación del ambiente.

SOBRE LA PELÍCULA 

Mujeres del Río

ver online: https://www.youtube.com/watch?v=6IlwE5ZocIw&t=653s

Dirección: Soledad Fernández Bouzo

Duración: 11’ 52’’

Universidad de Buenos Aires, 2018

Producción: Instituto de Investigaciones Gino Germani y el Centro de Producción e Investigación Audiovisual de la Facultad de Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires).

Realizado en el marco del concurso de microrrelatos audiovisuales de investigación social, financiado por la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación e impulsado por el Consejo de Decanos de las Facultades de Ciencias Sociales y Humanas en el año 2015.

 

22 de abril | Día de la Tierra

22 de abril | Día de la Tierra

El 22 de abril de 1970 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Madre Tierra (o día de la Tierra), en Estados Unidos, por iniciativa del senador Gaylord Nelson. La preocupación por los impactos de las actividades humanas sobre la vida y los ecosistemas no es nada reciente: ya en aquel entonces había muchas voces que alertaban sobre estos impactos y pronosticaban un futuro siniestro de persistir el mismo modelo de producción que los estaba causando. Y el gran problema de este modelo también estaba claro cincuenta años atrás: la humanidad estaba acercándose peligrosamente a los límites del crecimiento. En efecto, en 1972 el Massachusetts Institute of Technology (MIT) publicó The limits of Growth (“Los límites del crecimiento”), un informe en el que se da cuenta, a lo largo de sus casi doscientas páginas, de la insensatez de perseguir un crecimiento infinito en un planeta cuyos recursos están limitados.

Desde entonces han pasado 49 Días Internacionales de la Tierra, 24 Conferencias sobre Cambio Climático y 14 Conferencias de Naciones Unidas sobre la Biodiversidad. Se han establecido los Objetivos de Desarrollo del Milenio y luego los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Se estableció el Protocolo de Kyoto, que fracasó, y desde 2015 el Acuerdo de París. Se han celebrado otros tantos encuentros: sobre océanos, bosques, glaciares, pueblos indígenas, países emergentes, migraciones, transporte sostenible y más. Pero a la par de todos estos encuentros y acuerdos, el modelo de producción lineal, de depredación de recursos naturales y de consumo voraz persiste en su hegemonía, como si nada pasara. 50 años después la economía sigue siendo lineal, dependiente de fuentes de energía no renovables, de la esclavitud y la explotación de animales y seres humanos. Insensato y desolador.

El Quinto Informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) nos dice que estamos en un brete, pero que todavía estamos a tiempo de evitar una verdadera catástrofe. El cambio climático es una amenaza que hoy se ciñe sobre nuestras cabezas más que nunca. Tenemos incluso un margen de tiempo para actuar: doce años. Hoy, 22 de abril de 2019, están a la vista los efectos devastadores de este sistema depredador y excluyente. El cambio climático es un síntoma. El sistema de económico y productivo es la enfermedad. La buena noticia es que la cura está en nuestras manos. Para que, dentro de doce años, el 22 de abril de 2041 sea, quizá por primera vez, un día para celebrar. Pero hoy es un día para luchar y para cambiar.