OTRO LADRILLO EN LA PARED

OTRO LADRILLO EN LA PARED

Un documental que retrata varios años de lucha vecinal por lograr el reconocimiento de un barrio construido desde abajo en una de las zonas más ricas del país.

Los planos vuelven sobre ese paisaje: áreas verdes que parecen inhabitadas y, sobresaliendo, enormes torres grises que se arrogan la vista directa al Río de la Plata, al que la ciudad de Buenos Aires dio siempre la espalda. Sólo lo aprecian desde arriba, airosos, los grandes edificios. Aguas adentro, desde una embarcación, sólo veremos cómo esos símbolos de “lo urbano” buscan tocar algo en el cielo.

La película de Gustavo Laskier “Ladrillos capitales” relata un esfuerzo colectivo por mejorar la calidad de vida en el barrio Rodrigo Bueno, levantado desde residuos y escombros en pleno Puerto Madero, una zona que arrastra la gentrificación en su piel y que se ha convertido en el polo de la especulación inmobiliaria en la ciudad más rica del país.

Este barrio de alrededor de 1000 familias distribuidas en cuatro manzanas codiciadas por desarrolladores tiene su origen en la década de 1980, cuando allí solo había más bien retazos de lo que se convertiría en la reserva Costanera Sur, hoy un sitio RAMSAR que atrae turistas, bicicletas y observadorxs de aves. Las primeras construcciones se hicieron con materiales a la mano. A inicios del nuevo siglo, con la crisis del 2001 el barrio creció, con su propia identidad, ligada a inmigrantes de países limítrofes como Perú, Bolivia y Paraguay. Reclamaron el uso residencial de tierras que han ocupado hace años, antes de que esa zona se tornara “top”. Ahora, con la mano privatizadora avanzando con voracidad, estos ladrillos capitales se convierten en obstáculos para los emprendimientos de alto nivel… ¿O no tanto?

CONSTRUIDO PARA DURAR

La historia de la Ciudad de Buenos Aires en relación a las diferentes formas de habitarla tiene sus cuitas. La intendencia en 2007 de Mauricio Macri definía, palabras más o menos, que las villas debían ser erradicadas. El discurso fue mutando y el barrio Rodrigo Bueno es un exponente. Ladrillos y ladrillos, años de construcción y organización, más el asedio inicial con la permanente amenaza de desalojo. Pero han ganado varias batallas al gobierno del PRO, a través de la defensa en tribunales.  La movilización siempre da, aunque sea, algún fruto. El juego se rearma: el gobierno cambia el mecanismo para hacer lugar a los negocios; tiene que ofrecer algo, sabiendo que no podrán “sacar” a esa gente.

Las palabras clave pasaron a ser “integración urbana”, “urbanización”, aunque la privatización del espacio público y la especulación inmobiliaria se intensificaron. En Puerto Madero, el proyecto en cuestión fue el de los Solares de Santa María, en manos de la tristemente famosa desarrolladora IRSA (curioso que esas letras repliquen estas otras), a implantarse en el predio de lo que fuera la Ciudad Deportiva del club Boca Juniors, enfrente de la reserva. Así lo vivieron lxs vecinxs: al principio amenazados de desalojo, luego interpelados a re-urbanizarse mediante un plan presentado “desde arriba”, tras años de reclamo por reconocimiento. ¿Habrá cambiado realmente el objetivo?

La cámara sigue a Luis, miembro del barrio de origen peruano, quien se presenta como candidato a delegado junto a otrxs compañerxs y gana la elección, encarando así el objetivo principal de articular con autoridades sobre los planes para Rodrigo Bueno y ser reconocido como barrio. Así que asistimos a juntas vecinales y festividades locales -a veces con la presencia de una fuerte iconografía religiosa- donde la palabra “urbanización” tiene opiniones a favor y en contra. En realidad, se trata del contenido con que se llena. ¿Qué implica urbanizar? ¿Alcanza con un proyecto aparentemente redondo que baja del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) a la comunidad, con el (supuestamente único) requisito de ir costeando la construcción vía crédito? ¿Contempla eso todas las situaciones de informalidad que el barrio presenta?

Es que los vecinos y vecinas ya se conocen y de a poco también van forjando distintos caminos y discrepan en cómo lidiar con lo que se les ofrece. “Ladrillos capitales” muestra un poco la hilacha de ese juego a dos puntas. El film muestra lo desafiante que resulta generar acuerdos entre los habitantes, cuando, en medio de una crisis económico-social, se aproximan al barrio grandes proyectos inmobiliarios que, según declara en una escena el gobernador actual de la ciudad Rodríguez Larreta, traerá un efecto derrame de mayores oportunidades laborales en servicios. Se trata del efecto ideológico de presentar cualquier emprendimiento privado como auto-compensador de “posibles” futuros efectos negativos sobre el territorio.

MATE, BARRO Y LEGISLATURA

Parece necesario que la re-urbanización se trabaje desde abajo, que la lleven adelante aquellas personas que viven allí. No obstante, el sentido de la participación en una ciudad neoliberal tiene esas características: la voz y el voto se ofrecen con el proyecto más o menos cerrado tras el escritorio. El plan está listo, pero de todos modos se construye un escenario de ciudadanía leve. Las palabras en contra poco sirven si no son vinculantes, es un procedimiento similar al de las audiencias públicas frente a proyectos de envergadura, que cambiarán la vida de miles. Donde estos miles no pueden, a priori, ni torcerlo, a menos que se tomen el enorme trabajo de la organización para defender el espacio. La democracia superficial, no tiene nada que ver con el “derecho a la ciudad”.

Urbanizar entonces puede querer decir muchas cosas, dependiendo de cómo se la encare. El paso fundamental para el hábitat en las ciudades metropolitanas es el de construir colectivamente. Es no negar la identidad, el recuperar el pasado y discernir la realidad actual. Aquello que asume su carácter popular y su religiosidad, el que construye desde la diferencia. Lo que sucede en la Rodrigo Bueno tiene réplicas en otros puntos de la ciudad de Buenos Aires. ¿Cómo generar ciudades equitativas sin imponer proyectos, por más fabulosos que suenen? A primera vista, pasar de amenazados de desalojo a “integrados” a la ciudad vía construcción de viviendas es un gran paso. Pero sólo quienes allí viven pueden comprobarlo, mediante un proceso de debate de lo que ellos desean que sea su barrio, su lugar para vivir, y que implica muchas veces negociar con otros actores.

Finalmente el proyecto de IRSA no prosperó en la votación de la legislatura, y sí el proyecto por la urbanización. En marzo de 2017 se sanciona la ley 5.798 que dispone la “reurbanización, zonificación e integración del barrio”. ¿Cómo se logra eso? ¿Realmente basta con la construcción de edificios homogéneos? ¿Dónde está la “participación popular”? Preguntas inevitables que no opacan igualmente el reconocimiento.

Esa pequeña gran victoria nos deja en la complejidad. Los problemas no cesan para una ciudad desigual, cada vez más maquillada y pretendidamente “aséptica”, donde el espacio público se busca impoluto: sin ferias, sin vendedores ambulantes, sin manifestaciones públicas en un contexto de endeudamiento, inflación y desempleo. La topadora de represión y negocios con bienes del Estado está con mucho combustible. Porque la experiencia indica el doble filo: la urbanización o integración urbana tiende a quedarse en el papel, sobre todo en zonas donde el mercado inmobiliario por el momento no está interesado en especular, y el abandono y desidia repercute en la maltrecha calidad de vida; mientras que es proclive a expulsar a los habitantes del barrio mediante el encarecimiento de los costos en aquellas zonas apetecidas por la burbuja inmobiliaria.

Por eso es que, como barrios o como villa, como parte de la ciudad, distintos espacios se ponen en contacto para exigir el derecho a habitarla y a recrearla. Un claro ejemplo es la Coordinadora de Villas por la Urbanización Real, nacida para reclamar por los  derechos como ciudadanos y visibilizar las problemáticas, donde los sentidos de la urbanización se tejen en disputa. Cómo no van a tornarse tan necesarias, entonces, estas películas que nos develen todos los lazos sociales que implican un barrio, la construcción y la autogestión, el toma y dame con autoridades, cuánto hay de vida entre los muros y ladrillos que a veces nos quieren ocultar realidades. Por donde grietas y pequeños agujeros dejan el paso a una cámara.

LLEGAMOS… ¿A DÓNDE VAMOS AHORA?

LLEGAMOS… ¿A DÓNDE VAMOS AHORA?

Me parecía escuchar en el tema “Where do we go from here?” ( 1 ) de The Band un llamado o mención subrepticia a algún animal, y creo haber registrado también la palabra “extinción”. Supuse que se trataba entonces de algunos versos medio “verdes” en una banda donde no desentonaría, teniendo en cuenta que muchos asocian su sonido a bosques de pino, polizones hobo, red-necks y reuniones al crepitar del fuego cerca de la frontera yankee-canadiense. Presté un poquito más de atención y luego rastreé la letra. La canción, compuesta por Robbie Robertson para el álbum Cahoots (1971), se lamenta por las “águilas de distinción”, búfalos y vías de ferrocarril que desaparecen, vaya a saber uno porqué mano del “hombre”.

Did you hear about the eagle of distinction
The one that came on every Friday afternoon
Well, it seems that eagle has near flown into extinction
Descending to the sand
His biggest enemy being man
Have you ever seen the freedom on the wing

(…)

Have you heard about the buffalo on the plain
And how at one time they’d stampede a thousand strong
Now that buffalo’s at the zoo standing in the rain
Just one more victim of fate

Me pregunté luego cuál sería “el águila de la distinción” en ese tema, y qué pueblos tenía en mente Robertson cuando lo compuso. Los pueblos nativos de Canadá y EUA tuvieron siempre cierta presencia en su legajo, me viene a la cabeza otros como Last of the blacksmiths, y en solitario, “Music For The Native Americans”. Después descubrí que Robertson es descendiente de naciones indígenas Mohawk y Cayuga, y fue criado en la reserva de las 6 Naciones, ubicada al sur de Ontario ( 1 ). Empezaron a dispararse mis preguntas, que llevan a notas donde se entremezclan variadas referencias. Mirando el mapa de esa región… ¿podrá ser, por ejemplo, el águila calva (Haliaeetus leucocephalus)?

Foto: Uncoated

Mundialmente conocida por estampar la documentación estadounidense en todas sus formas (escudos nacionales, pasaportes, etc.), un aura de mito dando vueltas indica que otra ave pudo haber ocupado ese lugar. Al parecer, el padre del ethos norteamericano, Benjamin Franklin -aquel resabio de cuáquero tan primordial para comprender la afinidad entre la ética protestante y el espíritu capitalista siguiendo los análisis de Max Weber- pretendía que otra especie de ave ocupara el lugar insignia del estandarte estadounidense, luego de que el Congreso se inclinara por la rapaz. Indignado, escribió a su hija en 1784 una carta lamentando la elección por un ave “de mal carácter”, “cobarde calificado”, bastante haragana ya que espera impasible que otras -por ejemplo, el águila pescadora (Pandion haliaetus)- se esforzaran por conseguir alimento y luego les roba la presa. Mención aparte que era también espantada por aves de menor porte. Por el contrario, el pavo silvestre (Meleagris gallopavo) era comparativamente “más respetable”, y a sus ojos, realmente “nativo” de América, concluía Franklin. ( 1 )

Esta oposición podría extenderse a su concepción utilitarista, craneando con lentes weberianas. A diferencia del capitalismo aventurero o de rapiña, inconstante, avaro, “sin alma”, inmoral, del cual no podría devenir un sistema económico estructurado, tiene que haber una ética, un sistemático trabajo de elevada conciencia, metódico y racional, de paciencia y ascetismo en lo laboral, ahorro y frugalidad. Un fin en sí mismo, un espíritu o alma que procede de una fuente religiosa, referido a la vez en la ética profesional del calvinismo. Es decir, el águila calva (la rapiña) vs. el pavo real (la moral).

Quizás Franklin estaba en lo cierto, porque la historia posterior de su país corrobora varias de sus anotaciones… carroñería, cobardía; palabras que en los animales no son más que descripciones “personificadas”, pero quizás ilustren el accionar de las clases dominantes hacia dentro y fuera de los EUA. Por ahí el águila calva reluce cierto espíritu innoble de los Estados Unidos y Franklin acertaba.

Suponiendo al águila calva y al bisón americano en la canción, enfrentaron sí el destino feroz del “hombre”, su peor enemigo, si nos referimos al Hombre blanco, occidental y profesor de la religión capitalista, “ya sin espíritu o contenido”. Riesgo de extinción y encierro en el zoo. Pero estos animales rodeaban también la cosmogonía nativa de los pueblos locales. Las tribus algonquinas reciben su caricatura en el “primer contacto” con los europeos Asterix y Obelix (en “Asterix y la Gran Travesía”, también conocido como “Asterix en América”) y un primer intercambio de flora y fauna que se establece en el viaje. Un sentido diferente puede traerse mirando el libro de de Gord Hill, “500 años de resistencia” ( 1 ). El “animismo” -ese extender la interioridad o alma a especies no humanas, rememorando a Philipe Descolá- de los pueblos algonquinos, con los dioses manitus y una conexión cósmica sin intermediarios a los brazos de la naturaleza.

En la aventura que realizan visitando -inadvertidamente- el nuevo continente, Asterix y Obelix se topan con el ave preferida de Franklin, que marca lo específico del lugar, la extrañeza (Obelix se refiere a este animal como “glúglú”). Reflejando las costumbres de la actualidad, el destino del pavo se encuentra sellado, y viene a ocupar el lugar del jabalí en la dieta de los irreductibles galos. Pero la época y el uso que realizan del bicho no tiene aún la intensidad y ausencia de contenido que vendrá luego con la ocupación del continente; aún con la voracidad de un Obelix, ni él ni los pueblos algonquinos de Canadá y Estados Unidos amenazaron a estas especies. El avance de la frontera agraria, desecamiento de pantanos -tierras improductivas a los ojos de los landowners– y la caza afectaron a los pavos silvestres, descendiendo en un 90% a nivel continental (EEUU, Canadá y Mexico) hacia 1930-1940.

Aparentemente, los efectos sociales de la crisis de 1929 contribuyeron a la recuperación de las poblaciones: alrededor de 14 millones de trabajadores rurales dejaron sus campos para buscar un puesto en las ciudades, lo cual permitió que las tierras recuperaran pastos, arbustos y árboles; en definitiva, el hábitat re-emergente para esta especie. Alrededor de 1940, varios planes sustentados por la ecología y también la difusión de avances en las técnicas para conservar los alimentos permitieron que el ave como “recurso” disminuyera su precio al público y se tornara masivo.

Hoy en día, el pavo es parte de la dieta cotidiana de los estadounidenses, donde más de 200 millones de pavos son consumidos anualmente y colabora notablemente con la emisión de CH4 en términos relativos con otros animales que también son parte de la cadena de explotación.

El “águila de distinción”. Un ejemplar de 25 años electrocutado en la ciudad de Kodiak, Alaska, en febrero de 2011. De acuerdo al American Bird Conservancy, este individuo fue capturado y anillado en 1989 luego del derrame de petróleo de Exxon Valdez -ocurrido en Prince William Sound, Alaska-. (http://blogs.sierraclub.org/sierradaily/2011/02/the-eagle-of-distinction.html)

El águila calva estuvo en riesgo de permanecer sólo como una estampa. La época de 1930-1940, como para el pavo, fue también de concientización de disminución de poblaciones. También cazadas por recreación y para quitarles rango de acción de las zonas de pesca deportiva, sufrieron a la vez el impacto de pesticidas como el DDT. En 1940 se firmó The Bald Eagle Act y recién luego de la prohibición del DDT en 1972, la especie pasó a considerarse de “en peligro” a “amenazada”. Problemas aún presentes como la caza furtiva y electrocución en postes de luz siguen afectando a individuos.

Asterix se pregunta “a dónde hemos venido a parar” y The Band “a dónde vamos a partir de ahora”. Una vez que llegamos a vernos reflejados en especies y cosmovisiones que compartieron tierras con ellas nos surgen las preguntas. El tema de The Band se acumula junto a decenas de otros de su compleja discografía. Música poco ortodoxa, la creatividad puesta en sonidos frescos, en letras que cuentan aquellas historias que trascienden la experiencia, sondeando la profundidad de pueblos que nos anteceden pero que nos continúan atravesando, aunque a veces sean ficticias. Nos unen con otras especies y espacios.