LA EMERGENCIA CLIMÁTICA Y LOS DERECHOS DE HUMANOS Y NO HUMANOS

LA EMERGENCIA CLIMÁTICA Y LOS DERECHOS DE HUMANOS Y NO HUMANOS


LOS DERECHOS HUMANOS NO PUEDEN SEPARARSE DE UN MEDIO AMBIENTE SANO

El impacto de la crisis climática sobre la gran población empobrecida mundial es grave, gravísimo. “Incluso si los objetivos actuales se consiguen, millones de personas se verán más empobrecidas, sufrirán desplazamientos y hambrunas” dijo el Relator Especial de las Naciones Unidas, Philip Alston, en un reciente reporte emitido el 25/6 sobre pobreza extrema y derechos humanos.

El reporte no ahorra en predicciones poco alentadoras hacia el futuro cercano, pero no por eso poco creíble. Advierte que aún si se lograra limitar el aumento de temperatura global a un límite de 1,5° para el año 2100 – escenario casi inverosímil a esta altura – habrá temperaturas extremas en tantas regiones del planeta que las poblaciones vulnerables serán duramente impactadas con inseguridad alimentaria, bajos ingresos y peor salud. Muchos tendrán que elegir entre migrar o morir de hambre. 

Hay que reconocer que para documento internacional no disimula el hecho de que quienes son mayormente responsables de las grandes emisiones de gases de efecto invernadero y quienes sufren las consecuencias están una relación completamente asimétrica:

“Los países ‘en desarrollo’ soportarán un 75% de los costos de la crisis climática, a pesar de que la mitad de la población más pobre del mundo causa solamente el 10% de las emisiones de dióxido de carbono.”

Y en la misma línea denuncia: “Perversamente, mientras que las personas que viven en la pobreza son responsables de sólo una fracción de las emisiones globales, serán las más afectadas por el cambio climático y tendrán la menor capacidad para protegerse. Nos arriesgamos a un escenario de apartheid climático donde los ricos pagan para escapar del sobrecalentamiento, el hambre y los conflictos, mientras que el resto del mundo tiene que sufrir”

120 millones de personas pueden terminar sumidas en la pobreza total para el año 2030, empeorando severamente a los países más pobres. Los derechos humanos de gran parte de la población mundial están gravemente amenazados.

Los estados ni siquiera están cumpliendo su actual – e inadecuado – compromiso para reducir las emisiones de carbón y proveer financiamiento por el clima, mientras continúan subsidiando a la industria de las energías fósiles con $5.2 trillones de dólares por año, afirmó Alston.

En Argentina, un informe de FARN demostró que los subsidios a los combustibles fósiles representaron, con respecto a la totalidad de subsidios a la energía, un 97% en 2018 (el 6,5% del presupuesto nacional), un 95% en 2017 y un 99% en 2016.

Los montos transferidos a las empresas dedicadas a la extracción de hidrocarburos -particularmente para la producción de gas- sumaron en 2018 US$ 340 millones; es decir un 0,33% del presupuesto nacional y el equivalente a más de 5 millones de Asignaciones Universales por Hijo o al salario anual de 35.000 docentes de enseñanza inicial. Seguimos en la ruta hacia el desastre. 

En definitiva, el reporte tiene un planteo interesante sobre el futuro – si es que llegamos ahí con vida – para las sociedades humanas… “Esta crisis debe ser un catalizador para que los estados cumplan con los derechos económicos y sociales ignorados y pasados ​​por alto durante mucho tiempo, incluyendo la seguridad social y el acceso a alimentos, atención médica, vivienda y trabajo decente” sin embargo, advierte que

“si el cambio climático es usado para justificar políticas amigables con los negocios, la expansión de la privatización y la explotación de los recursos naturales, el calentamiento global se acelerará en vez de prevenirse”

LOS SERES HUMANOS SOMOS NATURALEZA

Alberto Acosta, economista ecuatoriano y ex-presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador habló para Amnesty sobre la necesidad de vincular los Derechos Humanos con los Derechos de la Naturaleza

Esta concepción, que es parte constitutiva de las culturas originarias americanas, llegó quizá a su punto más visible para nosotros – ciudadanos urbanitas culturalmente híbridos – con la sanción de la nueva constitución del Ecuador en 2007, pero aún así su implementación y reconocimiento general no están garantizados. “ A lo largo de la historia, cada ampliación de derechos fue antes impensable”, afirmó Acosta, “el reconocimiento  del “derecho a tener derechos” se ha conseguido siempre con luchas políticas para cambiar aquellas visiones, costumbres y leyes que negaban esos derechos; luchas que devienen en fuente pedagógica potente que exigen claridad conceptual y voluntad de cambio.”

Ante la crisis climática que pone en riesgo toda la vida en el planeta, surge imperiosamente la necesidad de entender la vida como nodos de relaciones entre los seres (humanos y no humanos) y los ecosistemas que nos sostienen. Si hemos de sobrevivir, tendremos que realizar un cambio radical en cómo entendemos la vida toda y nuestro lugar en ella. Los Derechos de la Naturaleza, nos sirven para pasar del enfoque antropocéntrico hacia uno socio-biocéntrico “que reconozca la indivisibilidad e interdependencia de todas las formas de vida y que, además, mantenga la fuerza de las obligaciones y normas propias de los Derechos Humanos” según Acosta

”el fin es fortalecer y ampliar el régimen de los Derechos Humanos, complementándolos y profundizándolos con nuevas generaciones de derechos, en este caso los Derechos de la Naturaleza, como parte de la permanente emancipación de los pueblos.

“Entendiendo que el colapso ambiental es una cuestión global, es hora de impulsar la Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza, desde la propuesta formulada en la Cumbre de la Tierra de Tikipaya, en Bolivia, en 2010. Igualmente urge establecer un tribunal internacional para sancionar los delitos ambientales, contra las personas y la Naturaleza como se propuso en la misma Cumbre. En síntesis, los Derechos de la Natraleza no se oponen para nada a los Derechos Humanos. Es más, sin duda que ambos grupos de derechos se complementan y potencian. Pronto llegará el día para construir una declaración conjunta de derechos para la Humanidad y la Naturaleza, en tanto ambos son derechos para la vida”, concluye el ecuatoriano.

LAS PALABRAS Y LOS CLIMAS

LAS PALABRAS Y LOS CLIMAS

La urgencia climática ha llegado a los medios, pero todavía es un debate abierto. Repasamos los últimos cambios y nos ponemos en campaña para seguir exigiendo, con palabras y acciones, el fin de este sistema contaminante.


¿Nos estaremos “adaptando” al “cambio climático”? Cada palabrita sobre “lo ambiental” siempre generó dudas y lleva a encontrarnos con una nueva esquina de ese laberinto.
 
No es menor la forma en que comunicamos sobre los desafíos ambientales, de qué manera ponemos en palabras lo que nos está sucediendo en este instante. Sin entrar en la desesperación, dirán algunos; sin entrar en el optimismo de la razón, dirán otros.
 
Un medio masivo de comunicación británico, The Guardian, tomó una decisión con respecto a su línea editorial a partir de ahora. Este diario viene siguiendo de cerca la amenaza global que atravesamos y ha dado un paso adelante en esta delicada cuestión de las palabritas: según comenta Paul Chadwick, editor de la sección de Lectores del citado medio, estas palabras no han sido “banneadas” (prohibidas) -de hecho, pueden ser usadas en contextos específicos o para sostener ciertos debates-, pero se ha optado por elegir las nuevas para sus publicaciones, lo que ha traído nuevos debates con lectores y miembros de la comunidad científica. Algo previsible, por demás.
 

UNA SOPA DE LETRAS

La principal medida fue dejar atrás el término “cambio climático” para sus notas y artículos (lo que se llama, “actualizar el libro de estilo”), confirmando que lo que estamos atravesando como humanidad es más bien una crisis climática, provocada por nuestra especie.
Aunque “cambio climático” sigue siendo un argumento central por el que generar medidas políticas, este hecho periodístico marca un ciclo de agotamiento. Un cambio no es necesariamente bueno o malo, y no promueve el movimiento. Se trata además de un fenómeno, algo que se ha dado en nuestra historia natural, llena de alteraciones climáticas estudiadas por generaciones de científicxs. Incluso cuando los orígenes hayan sido por actividades humanas.
 
También propone cuestionar expresiones usuales como “calentamiento global”, que en inglés se dirime entre “global warming” (el que se viene empleado mayormente) y “global heating”. Insistir con el uso de esta última frase alude a un efecto más impactante en las consecuencias planetarias de los gases de efecto invernadero; en vez de un simple “calentamiento” (algo templado o caliente, potencialmente controlable), un auténtico aumento de temperatura que exige medidas urgentes para enfriar el planeta, disminuyendo esos grados celsius que tanto debaten los líderes mundiales.
 
Otras palabras han sido tocadas en el libro estilístico. Se propone cambiar “vida salvaje” (wildlife) por “biodiversidad”; “poblaciones pesqueras” en vez de “recursos pesqueros” (fish populations en lugar de fish stocks); “negacionistas del clima” en lugar de “escépticos climáticos”. ¿De qué se trata aquí? Va en línea de recuperar la vida de todo lo que nos rodea (aunque “wildlife” -lo reconoce The Guardian- sea insuficiente al dejar de lado la vida que está mismo en las ciudades, en las plantas y fuera del alcance de la vista… aquí han optado por un término más visual, que tiene que ver mucho con el informe IPBES que comentamos) y de comprender que lo que es recurso o stock cuantificable, también tiene su dinámica poblacional y por ende, su vida a ser respetada. Lo de los escépticos es unánime: no son tiempos para tibiezas.
 
Lo que nos afecta como especie (y al resto de los no-humanos) tiene ese apartado especial en un diario, aquel programa específico en la grilla de la programación de la TV, uno o varios estantes de la librería. A alguno/as este hecho pone los pelos de punta; se trata de la urgencia del tema y el desfasaje que se produce en nuestra vida cotidiana.
 
 
Y eso sin dejar de estar prestando atención a otras cosas, a prioridades del aquí y ahora. Es difícil imaginar cuáles serán concretamente las alternativas (¿decrecimiento, buen vivir?), a pesar de que estemos poniendo en práctica algunas, o lo estemos debatiendo con los demás. Sabemos que mientras esto no sea prioridad absoluta, tenemos que avanzar en el “mientras tanto”.
 

SIN PELOS EN LA LENGUA

Uno de esos “mientras tanto”, entonces, por ahí puede ser revolucionar, aunque sea progresivamente, la forma en que nos referimos a estos temas. Hay que reconocer un escenario, nuevamente y por las dudas. Lo “verde” es un banquete para todos los gustos: una palangana de propuestas para la educación ambiental, una fuente inagotable para los negocios, un manantial de ideas creativas para las generaciones actuales y venideras, un manual de uso para los publicistas, un software que corre en todas las computadoras. ¿Podemos transmitir lo mismo, usando las mismas palabras? ¿Importan las palabras, importan los hechos?
 

Un tweet de Donald Trump se mofa del “global warming” ante un pico de frío polar en el medio-oeste estadounidense. La confusión, las fake news y el negacionismo contribuyen a empantanar el debate.

 
Líderes mundiales se llenan la boca con discursos que hablan de la sustentabilidad; documentales nos muestran los últimos momentos de una especie animal; niños y adolescentes reclaman por un mundo mejor. Todos tienen la salida fácil, el “EXIT” también verde que titila al lado del laberinto. Es el desgarrador “estar haciendo algo, aunque todo se caiga a pedazos”, el granito de arena. Un leve cosquilleo en las manos de gobernantes y empresarios, aún así tan poderoso y multiplicador.
 
En un plano cotidiano, “adaptarse” al cambio parece ser un emblema de nuestros tiempos. ¿Quién no ha sido exigido así en el mercado laboral? En aras de la meritocracia y el individualismo, nos hemos tenido que adaptar a los nuevos tiempos. No está mal reconocer que las condiciones y desafíos pueden variar en poco tiempo, pero tornarse norma de nuestras vidas modernas nos puede llevar al “sálvese quien pueda” y la inmovilidad.
 
Entonces, como menciona Chadwick, el lenguaje no es solo descriptivo, sino que puede ser exhortativo. No sólo describe, diagnostica, espera a que las cosas ocurran o cede su responsabilidad a los que “manejan las cosas” (todo lo que la “neutralidad” impone), sino que puede demandar, exigir acciones urgentes. Esto no le quita neutralidad, sino que se trata de la ética de la responsabilidad, de sabernos involucrados toda/os en estas cuestiones. El cambio climático describe, espera que se adapte; la crisis climática no sólo nos dice lo que sucede, nos obliga a la acción. En todo momento, aunque sea en el “mientras tanto”.
 
¿Qué otras palabras merecen una revisión urgente? ¿Seguiremos apostando al desarrollo sustentable? ¿Alcanza la responsabilidad social como algo accesorio en una organización, y no como un elemento intrínseco, parte de cualquier institución, empresa u ONG? ¿Esperamos que sean buenas para la salud y el ambiente las buenas prácticas en la agricultura, la ganadería y la minería?

Desde aquí queremos siempre revisar nuestras expresiones y acciones. Pretendemos seguir de cerca estos debates, ver qué cosas “cambian” y qué otras “entran en crisis”, y cuáles son los nuevos laberintos que creamos. Sabemos que tenemos por delante muchas actitudes, actividades y palabras para desarticular y generar nuevas iniciativas, con algunas que sí serán nuestra guía y garantía: la cooperación, la solidaridad, lo colectivo.
TODO DEBE CAMBIAR, EMPEZANDO AHORA

TODO DEBE CAMBIAR, EMPEZANDO AHORA

“La clase gobernante – la gente que nos puso acá, al borde de la destrucción y el fin del mundo – deben ser detenidos. Por nosotros, por la gente. La gente ahora debe rebelarse, revoltarse y romper las leyes”
Sam Knights

 

“Everything needs to change. And it has to start today”. En agosto de 2018, una sueca de 15 años, Greta Thunberg, decidió no ir a la escuela como señal de protesta por la crisis climática global. Esa pequeña acción desencadenó un movimiento global de millones de jóvenes que organizan huelgas y acciones directas para advertir al resto de la humanidad y forzar a los gobiernos a actuar por el futuro del planeta.

 

DEL LADO RADIOHEAD DE LA VIDA

Al menos en ésta, ¿por qué no? (Y además no recuerdo que hayan sido responsables de la destrucción del Napster ni ninguna de esas maravillas que nos ofrecieron un mundo lleno de fabulosos sonidos a quienes jamás hubiésemos podido acceder de otro modo).

A Thom Yorke, cantante de Radiohead, lo hackearon y le robaron 18 horas de sesiones de su gran disco “Ok Computer” (vaya ironía tecnológica!). Por ese material, los crackers pretendieron luego cobrarles un “rescate” de 150 mil dólares por los archivos.

Pero el chantaje salió mal. Piolas y bastante generosos, los Radiohead decidieron ofrecer ellos mismos el contenido en la web a través de la plataforma Bandcamp y durante 18 días y por 18 dólares, pusieron a disposición la descarga de ese material con el objetivo de entregar las ganancias al movimiento “Extinction Rebellion”


EL FUTURO COMO MIEDO Y ESPERANZA

Extinction Rebellion es un movimiento de protesta, de carácter pacífico, que realiza intervenciones artísticas callejeras de acción directa. Nacido en Europa, de fuerte presencia en el Reino Unido, y con intenciones de extenderse a todo el planeta, su propósito es cambiar el paradigma social y económico actual que está poniendo en riesgo la sostenibilidad del planeta.

Extinction Rebellion rompió la burbuja de la negación. Con charlas a las comunidades locales en todo el país ha humanizado la crisis. En lugar de explicar categóricamente que el nivel del mar ascenderá, las enfermedades se expandirán y que los cultivos fallarán, ha dejado en claro que esto es sobre nuestros niños y nosotros. Ha expresado dolor por nuestros niños, por la fauna silvestre, por la naturaleza y miedo por la degradación de los sistemas que nos mantienen vivos. Paradójicamente, al declarar la terrible verdad, ha creado esperanza auténtica por primera vez. Han sido los pequeños y valientes jovencitos que han dado un paso adelante, señalando al rey desnudo, declarando la realidad: que toda la vida en la tierra está bajo amenaza, incluso las familias de los periodistas y MPs (Member of Parliament), y que sólo la movilización masiva de la gente de todo el mundo forzará a nuestros engañados líderes a actuar” 

En principio, podría sonar un poco ingenuo; “nuestros líderes engañados”… ¿están engañados realmente? O será que quienes tienen el poder de decidir sobre nuestras vidas son en realidad parte constitutiva del problema… Ellos dirigen el modo de vida que acaba con la vida, y no son ellos de quienes podemos esperar soluciones…

Pero claro, no todo es tan simple. Leer a Sam Knights, de 22 años, miembro y organizador del movimiento, deja bien claro que estos jóvenes no son tan ingenuos como fueron las viejas generaciones… “para explicar que la gente está muriendo ahora, ahora mismo, en partes del mundo de las que hemos elegido ni pensar. En partes del mundo que hemos explotado por centurias. Y que ni nos importa. Porque la gente que está muriendo ahora es gente de color. Son los pobres. Son los discapacitados. Son los oprimidos e impotentes”

Y no se trata de niños que no quieren ir a la escuela y encontraron la excusa perfecta… “la ciencia nos dice que tenemos sólo una década para evitar que el cambio climático quede fuera de control. Entonces, en vistas a la inacción criminal de nuestros gobiernos, la desobediencia civil no violenta parece, no sólo lógica, sino total y absolutamente necesaria. Es, después de todo, una respuesta racional”.

Entienden de ciencia y la usan criteriosamente para argumentar. Tienen convicciones que le ganan al miedo cuando salen a poner el cuerpo en la vía pública. Estos pibes y pibas claman por una nueva democracia, por Asambleas Nacionales Ciudadanas, por darle valor al saber científico, hablan de justicia y equidad. “El movimiento climático está dirigido por la juventud. Por las mujeres. Por la gente de color. Y eso no es un accidente. La gente liderando este movimiento es la gente más afectada por la crisis que todos enfrentamos. Y es la gente con la mayoría de las respuestas” dice Knights.


EXTINCIÓN Y REBELIÓN LOCAL

Este movimiento apareció como un terremoto para sacudir las bases de un mundo que parece inmodificable, pero que de seguir por este camino, es muy probable que nos auto-destruya muy pronto. Flavia Broffoni, una de las coordinadoras del Extinction Rebellion (XR) Argentina, explica cómo funciona el movimiento a nivel internacional y local: “Extinction Rebellion propone un sistema de auto-organización. Hacia adentro de cada grupo local existen varios equipos que se auto-organizan en roles. Las posiciones se asumen en roles voluntarios, con mandatos y dominios. Y estos roles rotan cada dos meses, existiendo una coordinación internacional, regional y local. Cualquier persona que esté de acuerdo con los 10 principios y valores de XR puede armar un grupo local. Se ofrece acompañamiento en la autoorganización, pero se respeta la identidad local y la cultura de cada lugar”.

A nivel global son tres las demandas principales, que funcionan como guía y se “adaptan” a cada país:
1- Decir la verdad – 2 – Actuar ya – 3 – Abrir la democracia
.
“El reclamo 1: declarar la emergencia ecológica y climática, vale para todos los países porque es la forma de asumir la gravedad de la crisis, luego el reclamo 2 y 3 son construidos localmente” aclara Flavia.

¿Quiénes son los que nos ocultan la gravedad del problema? “Es el gobierno, los gobiernos, los que deben decir la verdad porque son quienes nos representan, aunque tenemos claro que los gobiernos no son independientes de los centros de poder y ese es el reclamo más profundo de XR: el sistema completo debe cambiar. El sistema de producción y consumo debe cambiar. Los patrones de relacionamiento con el sistema natural deben cambiar. XR tiene una visión que es mucho más grande que un posicionamiento ’ambiental’, es sistémico.”

En año electoral y plena campaña -propaganda electoralista-, la emergencia climática no parece ser una prioridad para los postulantes. Peor aún, salvo la coalición de izquierda (que se posiciona abiertamente contra el fracking y la megaminería) el resto de los partidos pretenden seguir apostando todo al fracking en Vaca Muerta.

Por eso, XR denuncia: “Ningún candidato ni coalición en Argentina durante estas elecciones siquiera menciona la crisis civilizatoria. Es por eso que somos plenamente conscientes de que los gobiernos de partidos y la representación indirecta le han quedado obsoletos al nuevo modelo. No es un problema de personas, es un problema sistémico: ninguno puede ir contra el modelo de producción agroindustrial o energético en Argentina porque todos se financian de él. Esos son los dos ejes del reclamo en Argentina”

¿Cómo salimos de este túnel oscuro y sin luz al final? Flavia concluye: “iniciar la transformación agroindustrial y energética. De esos dos modelos de producción depende la economía de nuestro país. Y son los drivers de degradación ecosistémica (crisis ecológica) y climática más severos aquí”

“El habla es una forma de acción. Usa tus palabras como estandartes. Como protesta. Como barricada alrededor de una rotonda. Leé. Pensá. Hablá. Actuá. Actuá como si el mundo estuviera terminando y las palabras correctas vendrán” Sam Knights

UN MILLÓN DE ESPECIES DE ANIMALES Y PLANTAS PUEDEN EXTINGUIRSE…

UN MILLÓN DE ESPECIES DE ANIMALES Y PLANTAS PUEDEN EXTINGUIRSE…

Esta nota es una versión acotada de la publicada en La Izquierda Diario

El lunes 6 de mayo, se dio a conocer el informe del IPBES, la Plataforma intergubernamental de ciencia y políticas sobre biodiversidad y servicios ecosistémicos (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services), el trabajo de más de 400 especialistas de 50 países da cuenta del tétrico panorama a futuro que le espera a la humanidad, los animales y plantas que vivimos en este planeta.

Más de un millón de especies de flora y fauna están en peligro de extinción, a un ritmo sin precedentes en la historia, debido principalmente a los cambios en el uso del suelo y del agua, la explotación directa de los organismos, el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras. En ese orden.

Sr Robert Watson, jefe del IPBES, declaró que “la salud de los ecosistemas sobre los que nosotros y todas las especies depende se está deteriorando más rápido que nunca. Estamos erosionando los propios fundamentos de nuestra economía, sostenimiento, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida global”.

NÚMEROS QUE ASUSTAN, O DEBERÍAN HACERLO

Desde 1980 la emisión de gases de efecto invernadero se ha duplicado, generando un aumento de la temperatura global promedio de 0,7 grados Celsius, lo que ya está impactando tanto a nivel ecosistémico como genético, y sus efectos se esperan que se incrementen en las próximas décadas.

La abundancia de especies nativas en la mayor parte de los hábitats terrestres decayó en al menos un 20%, desde 1900. Más del 40% de las especies de anfibios, 33% de corales y más de un tercio de los mamíferos marinos están amenazados. La evidencia sobre insectos sugiere que al menos un 10% se encuentra bajo amenaza, 680 especies de vertebrados fueron extintos desde el siglo 16 y más del 9% de las razas de mamíferos domésticos para el 2016, con al menos 1000 razas más en peligro.

Estos resultados dan cuenta del fracaso total de alcanzar, al menos, 35 de los 44 objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas sobre pobreza, hambre, salud, agua, ciudades, clima, océanos y tierra, y sólo podrían alcanzarse 4 de las 20 metas de Aichi sobre Biodiversidad.

Entre otros puntos destacados del informe, se mencionan la alteración de tres cuartos de los ambientes terrestres y aproximadamente 66% de los marinos por acciones humanas, tendencia que resulta ligeramente menos severa en áreas bajo manejo de poblaciones originarias y comunidades locales. La tasa de extinción de hoy es de diez a cientos de veces más alta, en promedio, que la de los últimos 10 millones de años. Más de un tercio de la superficie terrestre y un 75% de las fuentes de agua dulce son usadas para agricultura y producción pecuaria.

SUSTENTABILIDAD COMO ÚNICA OPCIÓN

El informe plantea que esta tendencia podría revertirse con un cambio “fundamental, una reorganización amplia de sistemas en lo tecnológico, económico y social, incluyendo paradigmas, metas y valores”; propone además manejos integrados y acercamientos intersectoriales que tengan en cuenta los intercambios entre la producción de comida, la energía, la infraestructura, el agua potable y la conservación de la biodiversidad. El punto más sobresaliente es que explicita la necesidad de “alejarse del actual y limitado paradigma del crecimiento económico” e incluso hace mención al problema de la extracción de recursos que se produce en una parte del mundo para satisfacer la demanda de consumo en otras regiones.

Sin embargo, vale la pena poner en tensión estas ideas, ya que bajo el sistema de producción capitalista, el calentamiento global, la acidificación de los océanos, del aire y la contaminación del agua, la deforestación, la extinción de las especies, etc. son el resultado necesario e inevitable de anteponer los beneficios económicos a la sostenibilidad de la vida.La necesidad del capitalismo de producir cada vez un mayor número de mercancías es fundamentalmente incompatible con la sustentabilidad ecológica.” 

Por eso, sólo si la gran masa oprimida de la humanidad se organiza para quebrar el poder destructivo del capitalismo, arrancando de sus manos el control de las sociedades y luchando para construir relaciones sociales equitativas y solidarias, entre humanos y con la Naturaleza y lo no humano, con el objetivo de producir para satisfacer demandas sociales y no el lucro privado, podremos salvarnos nosotros y a los millones de animales y plantas a los que estamos condenando a desaparecer de la faz de la tierra.

 

EL RÍO SOMOS TODAS

EL RÍO SOMOS TODAS

El Río Matanza-Riachuelo es un cuerpo de agua muerto. La zona con más industrias de la provincia de Buenos Aires, con una cuenca de 2240 km2 que abarca 14 municipios, donde viven aproximadamente 7 millones personas, de 64 km de extensión hasta desembocar en el Río de la Plata, el Riachuelo acumula y transporta gran cantidad de elementos tóxicos que las fábricas arrojan al agua entre ellos cromo, plomo y cobre generando todo tipo de padecimientos en las poblaciones que se asientan en sus márgenes, ciudadanos pobres y con sus derechos vulnerados.

“Mujeres del Río” es un cortometraje de investigación dirigido por Soledad Fernández Bouzo que indaga en la lucha permanente por sanear el agua, el suelo y el aire de la cuenca que llevan adelante tres mujeres: Beatriz Mendoza, Claudia Leguizamón y Graciela Itatí Aguirre.

 

EL RÍO SOMOS TODAS

Ayer en la Universidad Nacional de Moreno se llevó adelante una proyección del corto, junto a la realizadora y a Marta Maffei (Dirigente sindical docente argentina) y Maristella Svampa (Doctora en Sociología) quienes pudieron charlar con el público sobre algunas cuestiones pertinentes al rol de las mujeres en las luchas ambientales y la situación de extrema gravedad ecológica que estamos atravesando como humanidad.

“Esta es una invitación poco común”, con esta frase dio inicio a su charla Maristella Svampa, haciendo referencia a la invisibilización de la temática ambiental en la agenda pública, especialmente a nivel académico y estatal, y más aún, cuando los afectados son las poblaciones en situación de mayor vulnerabilidad. Hace 10 años que la causa del Río Matanza-Riachuelo adquirió resonancia mediática, gracias al fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que ordenó su saneamiento.

Para Svampa, para poder entender el caso del Riachuelo se necesita hacer uso de algunos conceptos clave y entender cómo estos se relacionan entre sí. El primero de esos conceptos es el de racismo ambiental, que tiene que ver con la invisibilización de ciertas poblaciones, excluidas y marginalizadas. El segundo concepto es el de zona de sacrificio, que son esos lugares donde viven las personas en condiciones precarias y marginales, áreas que son utilizadas para depositar los excedentes tóxicos, o pasivos ambientales, de la producción industrial, y el último es el concepto de maldesarrollo, que apunta a dar cuenta de un modelo insustentable, con consecuencias sanitarias graves para las poblaciones.

En cuanto al rol de la mujer, Svampa destacó el protagonismo de los feminismos populares o del sur, que han surgido en toda América Latina, principalmente conformados por mujeres en situación de marginalidad, pobres, indígenas, campesinas, y que visibilizan su situación de exclusión. Para la investigadora, estos son movimientos feministas situados en luchas concretas, de aspectos comunitarios.

La radicalidad de estos feminismos populares está en su reivindicación de una cultura de la vida, contraria a la cultura de la muerte que nos ha impuesto el sistema capitalista y patriarcal, y una cultura de la vida y el cuidado. Poner de manifiesto la relación entre mujer y Naturaleza, entre feminismo y ecologismo y poner en cuestión las “dualidades de la modernidad”, esto es la separación arbitraria de los pares naturaleza/sociedad, Mujer/Hombre, humano/no-humano, donde además, uno de esos polos siempre es jerarquizado sobre otro, desconociendo la diferencia y desvalorizándolo, abriendo el camino para la dominación y la opresión.

En este sentido, para la especialista “el ecofeminismo revaloriza aquello que fue denigrado por el pensamiento moderno y patriarcal, poniendo en el centro la tarea del cuidado, sin esencializarlo”; cuando esencializar el rol de cuidadoras fue justamente lo que hizo el patriarcado, separando a los hombres de ese rol y anulando su capacidad de empatía. El cuidado al que se hace referencia tiene que ver con cuidar del otro, de la Naturaleza, de la producción y reproducción de la vida y de su sostenibilidad. Svampa resaltó que los humanos no somos seres autónomos sino seres vulnerables e inderdependientes, o sea, ecodependientes.

“Debemos resaltar que no todo el movimiento feminista asume que la tarea del cuidado de la Naturaleza es tan prioritaria como conseguir la abolición del patriarcado y terminar con la cultura machista y violenta, y en ese sentido, es necesario hoy más que nunca articular entre la agenda del ecofeminismo con los feminismos como el ‘ni una menos’” concluyó Svampa.

Por su parte, Marta Maffei recordó que las luchadoras y luchadores por el saneamiento del Riachuelo no se plantearon la descontaminación del río sino el saneamiento de la cuenca completa, del suelo, el agua y la tierra. “La tierra de la cuenca está llena de tóxicos, ahora mismo”, advirtió Maffei, y agregó que “están construyendo una gran cloaca para verter desechos en el Río de la Plata, y la tierra que remueven luego la acumulan en cualquier lado, donde los chicos juegan, al aire libre”.

Existe hoy una capacidad tecnológica y científica que nos contamina a gran escala, debemos repensar el rol de la investigación en relación a las necesidades y luchas sociales. El derecho de propiedad nos hace creer que podemos hacer lo que queremos con nuestro pedazo de tierra, sin considerar cómo eso afecta a los demás, el daño colateral de las actividades industriales es aceptado y no se controla.

Para Maffei, es necesario pensar al agua como un derecho humano, no hay posibilidad de vida sana (como manda el artículo 41 de la Constitución Nacional argentina) tomando agua contaminada. Además, recordó que las mujeres, por su constitución física orgánica, absorben mayor cantidad de toxinas que los hombres y la ciencia médica no está reconociendo suficientemente esta diferencia para realizar estudios específicos. Últimamente han cobrado relevancia enfermedades como la sensibilidad química múltiple, la fibromialgia y la fatiga crónica, todas relacionadas a la grave contaminación del ambiente.

SOBRE LA PELÍCULA 

Mujeres del Río

ver online: https://www.youtube.com/watch?v=6IlwE5ZocIw&t=653s

Dirección: Soledad Fernández Bouzo

Duración: 11’ 52’’

Universidad de Buenos Aires, 2018

Producción: Instituto de Investigaciones Gino Germani y el Centro de Producción e Investigación Audiovisual de la Facultad de Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires).

Realizado en el marco del concurso de microrrelatos audiovisuales de investigación social, financiado por la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación e impulsado por el Consejo de Decanos de las Facultades de Ciencias Sociales y Humanas en el año 2015.

 

22 de abril | Día de la Tierra

22 de abril | Día de la Tierra

El 22 de abril de 1970 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Madre Tierra (o día de la Tierra), en Estados Unidos, por iniciativa del senador Gaylord Nelson. La preocupación por los impactos de las actividades humanas sobre la vida y los ecosistemas no es nada reciente: ya en aquel entonces había muchas voces que alertaban sobre estos impactos y pronosticaban un futuro siniestro de persistir el mismo modelo de producción que los estaba causando. Y el gran problema de este modelo también estaba claro cincuenta años atrás: la humanidad estaba acercándose peligrosamente a los límites del crecimiento. En efecto, en 1972 el Massachusetts Institute of Technology (MIT) publicó The limits of Growth (“Los límites del crecimiento”), un informe en el que se da cuenta, a lo largo de sus casi doscientas páginas, de la insensatez de perseguir un crecimiento infinito en un planeta cuyos recursos están limitados.

Desde entonces han pasado 49 Días Internacionales de la Tierra, 24 Conferencias sobre Cambio Climático y 14 Conferencias de Naciones Unidas sobre la Biodiversidad. Se han establecido los Objetivos de Desarrollo del Milenio y luego los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Se estableció el Protocolo de Kyoto, que fracasó, y desde 2015 el Acuerdo de París. Se han celebrado otros tantos encuentros: sobre océanos, bosques, glaciares, pueblos indígenas, países emergentes, migraciones, transporte sostenible y más. Pero a la par de todos estos encuentros y acuerdos, el modelo de producción lineal, de depredación de recursos naturales y de consumo voraz persiste en su hegemonía, como si nada pasara. 50 años después la economía sigue siendo lineal, dependiente de fuentes de energía no renovables, de la esclavitud y la explotación de animales y seres humanos. Insensato y desolador.

El Quinto Informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) nos dice que estamos en un brete, pero que todavía estamos a tiempo de evitar una verdadera catástrofe. El cambio climático es una amenaza que hoy se ciñe sobre nuestras cabezas más que nunca. Tenemos incluso un margen de tiempo para actuar: doce años. Hoy, 22 de abril de 2019, están a la vista los efectos devastadores de este sistema depredador y excluyente. El cambio climático es un síntoma. El sistema de económico y productivo es la enfermedad. La buena noticia es que la cura está en nuestras manos. Para que, dentro de doce años, el 22 de abril de 2041 sea, quizá por primera vez, un día para celebrar. Pero hoy es un día para luchar y para cambiar.