LAS PALABRAS Y LOS CLIMAS

LAS PALABRAS Y LOS CLIMAS

La urgencia climática ha llegado a los medios, pero todavía es un debate abierto. Repasamos los últimos cambios y nos ponemos en campaña para seguir exigiendo, con palabras y acciones, el fin de este sistema contaminante.


¿Nos estaremos “adaptando” al “cambio climático”? Cada palabrita sobre “lo ambiental” siempre generó dudas y lleva a encontrarnos con una nueva esquina de ese laberinto.
 
No es menor la forma en que comunicamos sobre los desafíos ambientales, de qué manera ponemos en palabras lo que nos está sucediendo en este instante. Sin entrar en la desesperación, dirán algunos; sin entrar en el optimismo de la razón, dirán otros.
 
Un medio masivo de comunicación británico, The Guardian, tomó una decisión con respecto a su línea editorial a partir de ahora. Este diario viene siguiendo de cerca la amenaza global que atravesamos y ha dado un paso adelante en esta delicada cuestión de las palabritas: según comenta Paul Chadwick, editor de la sección de Lectores del citado medio, estas palabras no han sido “banneadas” (prohibidas) -de hecho, pueden ser usadas en contextos específicos o para sostener ciertos debates-, pero se ha optado por elegir las nuevas para sus publicaciones, lo que ha traído nuevos debates con lectores y miembros de la comunidad científica. Algo previsible, por demás.
 

UNA SOPA DE LETRAS

La principal medida fue dejar atrás el término “cambio climático” para sus notas y artículos (lo que se llama, “actualizar el libro de estilo”), confirmando que lo que estamos atravesando como humanidad es más bien una crisis climática, provocada por nuestra especie.
Aunque “cambio climático” sigue siendo un argumento central por el que generar medidas políticas, este hecho periodístico marca un ciclo de agotamiento. Un cambio no es necesariamente bueno o malo, y no promueve el movimiento. Se trata además de un fenómeno, algo que se ha dado en nuestra historia natural, llena de alteraciones climáticas estudiadas por generaciones de científicxs. Incluso cuando los orígenes hayan sido por actividades humanas.
 
También propone cuestionar expresiones usuales como “calentamiento global”, que en inglés se dirime entre “global warming” (el que se viene empleado mayormente) y “global heating”. Insistir con el uso de esta última frase alude a un efecto más impactante en las consecuencias planetarias de los gases de efecto invernadero; en vez de un simple “calentamiento” (algo templado o caliente, potencialmente controlable), un auténtico aumento de temperatura que exige medidas urgentes para enfriar el planeta, disminuyendo esos grados celsius que tanto debaten los líderes mundiales.
 
Otras palabras han sido tocadas en el libro estilístico. Se propone cambiar “vida salvaje” (wildlife) por “biodiversidad”; “poblaciones pesqueras” en vez de “recursos pesqueros” (fish populations en lugar de fish stocks); “negacionistas del clima” en lugar de “escépticos climáticos”. ¿De qué se trata aquí? Va en línea de recuperar la vida de todo lo que nos rodea (aunque “wildlife” -lo reconoce The Guardian- sea insuficiente al dejar de lado la vida que está mismo en las ciudades, en las plantas y fuera del alcance de la vista… aquí han optado por un término más visual, que tiene que ver mucho con el informe IPBES que comentamos) y de comprender que lo que es recurso o stock cuantificable, también tiene su dinámica poblacional y por ende, su vida a ser respetada. Lo de los escépticos es unánime: no son tiempos para tibiezas.
 
Lo que nos afecta como especie (y al resto de los no-humanos) tiene ese apartado especial en un diario, aquel programa específico en la grilla de la programación de la TV, uno o varios estantes de la librería. A alguno/as este hecho pone los pelos de punta; se trata de la urgencia del tema y el desfasaje que se produce en nuestra vida cotidiana.
 
 
Y eso sin dejar de estar prestando atención a otras cosas, a prioridades del aquí y ahora. Es difícil imaginar cuáles serán concretamente las alternativas (¿decrecimiento, buen vivir?), a pesar de que estemos poniendo en práctica algunas, o lo estemos debatiendo con los demás. Sabemos que mientras esto no sea prioridad absoluta, tenemos que avanzar en el “mientras tanto”.
 

SIN PELOS EN LA LENGUA

Uno de esos “mientras tanto”, entonces, por ahí puede ser revolucionar, aunque sea progresivamente, la forma en que nos referimos a estos temas. Hay que reconocer un escenario, nuevamente y por las dudas. Lo “verde” es un banquete para todos los gustos: una palangana de propuestas para la educación ambiental, una fuente inagotable para los negocios, un manantial de ideas creativas para las generaciones actuales y venideras, un manual de uso para los publicistas, un software que corre en todas las computadoras. ¿Podemos transmitir lo mismo, usando las mismas palabras? ¿Importan las palabras, importan los hechos?
 

Un tweet de Donald Trump se mofa del “global warming” ante un pico de frío polar en el medio-oeste estadounidense. La confusión, las fake news y el negacionismo contribuyen a empantanar el debate.

 
Líderes mundiales se llenan la boca con discursos que hablan de la sustentabilidad; documentales nos muestran los últimos momentos de una especie animal; niños y adolescentes reclaman por un mundo mejor. Todos tienen la salida fácil, el “EXIT” también verde que titila al lado del laberinto. Es el desgarrador “estar haciendo algo, aunque todo se caiga a pedazos”, el granito de arena. Un leve cosquilleo en las manos de gobernantes y empresarios, aún así tan poderoso y multiplicador.
 
En un plano cotidiano, “adaptarse” al cambio parece ser un emblema de nuestros tiempos. ¿Quién no ha sido exigido así en el mercado laboral? En aras de la meritocracia y el individualismo, nos hemos tenido que adaptar a los nuevos tiempos. No está mal reconocer que las condiciones y desafíos pueden variar en poco tiempo, pero tornarse norma de nuestras vidas modernas nos puede llevar al “sálvese quien pueda” y la inmovilidad.
 
Entonces, como menciona Chadwick, el lenguaje no es solo descriptivo, sino que puede ser exhortativo. No sólo describe, diagnostica, espera a que las cosas ocurran o cede su responsabilidad a los que “manejan las cosas” (todo lo que la “neutralidad” impone), sino que puede demandar, exigir acciones urgentes. Esto no le quita neutralidad, sino que se trata de la ética de la responsabilidad, de sabernos involucrados toda/os en estas cuestiones. El cambio climático describe, espera que se adapte; la crisis climática no sólo nos dice lo que sucede, nos obliga a la acción. En todo momento, aunque sea en el “mientras tanto”.
 
¿Qué otras palabras merecen una revisión urgente? ¿Seguiremos apostando al desarrollo sustentable? ¿Alcanza la responsabilidad social como algo accesorio en una organización, y no como un elemento intrínseco, parte de cualquier institución, empresa u ONG? ¿Esperamos que sean buenas para la salud y el ambiente las buenas prácticas en la agricultura, la ganadería y la minería?

Desde aquí queremos siempre revisar nuestras expresiones y acciones. Pretendemos seguir de cerca estos debates, ver qué cosas “cambian” y qué otras “entran en crisis”, y cuáles son los nuevos laberintos que creamos. Sabemos que tenemos por delante muchas actitudes, actividades y palabras para desarticular y generar nuevas iniciativas, con algunas que sí serán nuestra guía y garantía: la cooperación, la solidaridad, lo colectivo.
BOLIVIA: EL TIPNIS Y LOS DERECHOS DE LA NATURALEZA

BOLIVIA: EL TIPNIS Y LOS DERECHOS DE LA NATURALEZA

El Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza (TIDN) presentó su sentencia por la violación de múltiples derechos de los pueblos indígenas ante la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, a través del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). Como sanción al gobierno de Bolivia, el Tribunal dispuso “la paralización inmediata y definitiva” de la construcción de esta vía. Asimismo, exigió la “elaboración y promulgación de una ley que garantice la conservación y protección del TIPNIS, prohíba la construcción de una carretera que atraviese su zona núcleo, a la vez que respete los derechos de los pueblos indígenas que ahí habitan”.

La sentencia también pide detener el avance de la colonización -por parte de un sector productor específico, el de los cocaleros- dentro del territorio, así como la anulación de los proyectos petroleros. También se instó al gobierno boliviano a que cese con “las presiones para disciplinar y controlar a los movimientos sociales, sobre todo a las organizaciones indígenas, lo que afecta gravemente su capacidad de organización y autonomía, afectando su potencialidad para defender la Madre Tierra”. Además, reclamaron que el presidente Evo Morales pida públicamente disculpas, por el daño causado a las organizaciones sociales en los últimos años.

EL TRIBUNAL INTERNACIONAL POR LOS DERECHOS DE LA NATURALEZA

El Tribunal está integrado por 26 expertas y expertos en temáticas relacionadas a la protección y respeto de la Naturaleza. Fue creado a partir de la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, aprobada por la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, que se realizó en Bolivia en 2010, con la participación de representantes de 142 países. Vale señalar que el alcance de sus sentencias es solamente ético.

Entre sus integrantes se encuentra Alberto Acosta, economista y ex presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador; Blanca Chancoso, lideresa kichwa y educadora de Cotacachi, Ecuador; Cormac Cullinan, abogado e integrante de Earth Democracy Coop, Sudáfrica; Tom Goldtooth, director de la Indigenous Environmental Network de Minnesota, EEUU; Julio César Trujillo, abogado constitucionalista representante de Yasunidos, Ecuador; Elsie Monge, activista de Derechos Humanos y Presidenta de CEDHU y FIDH, Ecuador; Atossa Soltani, fundadora y directora de Amazon Watch, EEUU; Enrique Viale, abogado ambientalista y activista de Argentina; y Tantoo Cardinal, actriz y activista contra las arenas bituminosas, Canadá.

LA CARRETERA QUE CORTA UN PARQUE NACIONAL

El 16 de agosto de 1990 los pueblos indígenas de las tierras bajas bolivianas comenzaron la primera gran marcha indígena del país denominada “Marcha por el Territorio y la Dignidad”. Esta movilización popular, que comenzó en la ciudad de Trinidad y finalizó un mes después en La Paz, logró el reconocimiento por parte del Estado de la existencia de los primeros Territorios Indígenas de la Amazonía boliviana. Durante los siguientes años, y a raíz de otras demandas históricas que tuvieron expresión en las llamadas guerras del agua y del gas, los movimientos y organizaciones indígenas-populares de Bolivia se consolidaron como los principales protagonistas e impulsores del proceso de cambio que culminó en diciembre de 2005 con la llegada al gobierno del primer presidente indígena, Evo Morales.

Para facilitar la aprobación, el proyecto de carretera fue dividido en tres partes. Con irregularidades declaradas en los procesos de diseño, adjudicación, ejecución, los procesos de evaluación ambiental y participación de las comunidades también fueron objeto de manipulación. La consulta pública se realizó sin la presencia de las organizaciones indígenas del TIPNIS, cuya opinión ha sido sistemáticamente ignorada por los organismos estatales.

La cuestionada carretera Villa Tunari-San Ignacio de Mojos pretende atravesar por la mitad el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), un área doblemente protegida de un elevado valor ecológico y cultural donde habitan los pueblos mojeño, yuracaré y chimán. Serían 306 km de longitud, para unir los departamentos de Cochabamba y Beni. El diseño y ejecución de las obras fueron adjudicadas a la constructora brasileña OAS Ltda., tras un polémico proceso de adjudicación en el que la empresa brasileña fue la única proponente. “El 80% del financiamiento del proyecto corre a cargo del BNDES de Brasil, uno de los principales actores en el financiamiento de infraestructura en Bolivia, que responde al objetivo de impulsar la inversión del capital brasileño en la región”. Este proyecto se enmarca en un paquete de iniciativas de carácter regional que hemos podido analizar oportunamente en un artículo sobre IIRSA-COSIPLAN.

Existen fuertes intereses para promover una ruta por el TIPNIS. Uno de ellos es la intención de los campesinos colonos vinculados al cultivo de hoja de coca, asentados desde hace décadas en la zona sur del parque, para acceder a nuevas tierras de cultivo que se verían facilitadas por la construcción de la carretera. Otro motivo no menor reside en la existencia de reservas de hidrocarburos bajo el subsuelo del TIPNIS, cuya posible extracción también se vería posibilitada por esta obra. Tampoco debemos olvidar el interés del Estado Brasilero, como potencia hegemónica del continente, que a través de la promoción y construcción de grandes megaproyectos de infraestructura (Caso IIRSA – COSIPLAN) facilita la llegada de sus productos a los mercados asiáticos – particularmente a China – y paralelamente, expande su capital a los países vecinos.

En 2011, el Gobierno de Evo Morales reprimió duramente una protesta de comunidades indígenas que se manifestaban en contra de la carretera.

ESTADO PARALELO

El Chapare (donde el entonces líder indígena cocalero y ahora Presidente del Estado Plurinacional comenzó su lucha político-social) es una provincia que limita al sur con el TIPNIS y de donde provienen los campesinos asentados en el área colonizada. El gobierno promulgó una ley para ampliar los cultivos de coca hasta 20.000 hectáreas, con la legalización de 8.000 hectáreas destinadas concretamente al Chapare, donde el rendimiento de hoja de coca seca por hectárea es más del doble que en otras regiones productoras del país.

Esto ha provocado el avance de este sector dentro del TIPNIS, que en la actualidad alcanza alrededor de 200.000 hectáreas de área colonizada. No hay dudas que las bases cocaleras de Evo Morales se han convertido en el principal sector social apoyando la construcción de la carretera, y forma parte de una tensión entre los proyectos productivos y las bases de una defensa de los ecosistemas tan necesarios para la reproducción material de la vida.

En agosto del año pasado, tres integrantes del Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza, una de sus secretarias, más una veintena de periodistas e integrantes de organizaciones de la sociedad civil intentaron acudir a una invitación del Consejo Indígena del Sur (CONISUR) para conocer el “Polígono Siete” – la parte del territorio invadida por la colonización y la producción descontrolada de hoja de coca y sus derivados- pero al llegar fueron retenidos y hostigados por grupos locales durante más de 6 horas. Finalmente fueron liberados y se les permitió marcharse, aunque sin haber podido presenciar la situación de las comunidades indígenas oprimidas por los negocios de los cocaleros.

Así como en Argentina, el macá tobiano se convierte en una especie animal emblemática que corre riesgo de desaparecer si se concreta el proyecto de las represas sobre el río Santa Cruz, el último río glaciario que corre libre, en Bolivia, el paujil unicornio (Pauxi unicornis) puede ser el símbolo de la extinción potencial que acarrearía el proyecto sobre el TIPNIS.

Fuentes:

https://www.servindi.org/actualidad/52119

https://www.servindi.org/actualidad/52382

http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Caso-TIPNIS-Tribunal-Internacional-sanciono-al-gobierno-de-Bolivia

https://www.lacapital.com.ar/el-mundo/evo-morales-amplia-la-extension-legal-del-cultivo-la-hoja-coca-bolivia-n1353871.html

¿Y AHORA, QUIÉN PODRÁ SALVARNOS?

¿Y AHORA, QUIÉN PODRÁ SALVARNOS?

Este año se viene muy difícil para todes… y encima hay elecciones. En medio del revuelo, un “misterioso” candidato parece haber surgido de un hashtag o frase más o menos viralizada. La premisa dice algo como “Votá por la Naturaleza 2019”.

Más que una candidatura testimonial de las que nos tiene acostumbrados la democracia formal, averiguamos y resultó ser un slogan de la fundación CLT (Conservation Land Trust) y la fundación Flora y Fauna Argentina, que de alguna manera “postulaban” a la Naturaleza para los próximos comicios, con la promesa de una fuente de “desarrollo y empleo”. Interesante. Celebramos la intervención “política” de una institución conservacionista, pero quizás convenga revisar algunas ideas que vehiculizan esta campaña.

Con el foco en la creación de Parques Nacionales -uno de los ejes de trabajo fuertes de la CLT: adquirir tierras, restaurarlas ecológicamente y luego donarlas al estado, promoviendo especialmente el ecoturismo- y centrados en una visión de estos como “motores de desarrollo económico”, se postula entonces que, diferencias de otro tipo a un lado (¡lo que no es poco!: “Saltar la grieta” es uno de sus slogans), la clave para el futuro del país sería apostar a crear más áreas protegidas que generen divisas y empleo.

EL DESARROLLO COMO MODELO

Este argumento lo sostienen sobre los resultados de una encuesta (alojada en un sitio elocuentemente llamado “Producción de naturaleza”) que demuestra que la gran mayoría de la población apoyaría a un candidato que promueva la creación de Parques Nacionales. En el informe de resultados se aprecia también que un 78% de los encuestados considera también que las áreas protegidas son “Muy importantes” (¿respecto a qué otras prioridades de gestión? No sabemos), un 67% las considera “factores de desarrollo” para su provincia, y casi el 80% las entiende como aporte a la creación de puestos de trabajo. Los resultados son positivos, y a tal punto esperanzadores. Están muy bien presentados además, vale la pena visitar el sitio web.

Pongamos en perspectiva estas ideas de campaña. En primer lugar, aquí proteger el territorio equivale a insistir con el desarrollo económico, lo cual nos remite a un grave problema histórico para nuestra región latinoamericana. La necesidad de “desarrollarse” permea toda la historia de los países del inventado “Tercer Mundo”, como sugiere Arturo Escobar. En realidad, la idea misma de “desarrollo” no está para nada exenta de una gran variedad de significaciones, muchas veces contradictorias.

Puntualmente, aquí parecería que el desarrollo pasa por la generación de turismo. Obviemos por un segundo la cuestión de qué clase de turismo se trata, ya que acceder a un Parque Nacional no es para cualquier turista. La plataforma electoral de nuestra “Naturaleza 2019” sugiere que el éxito del turismo como generador de desarrollo se mide en el ingreso de dólares, y hasta se lo compara con actividades productivas como la extracción de petróleo o la plantación de soja… ¿no resulta paradojal medirlo con actividades precisamente de tipo extractivo? En efecto, también el turismo puede asumir rasgos de industria que explota bienes naturales, aunque tengan el paliativo de “sostenible”. Simplemente remitirnos a los impactos del turismo de gran escala sobre áreas naturales, de los cuales hay realmente poco estudio hecho y menos aún, planificación sobre la capacidad de carga. La presencia de gran cantidad de gente asusta animales e interfiere en sus comportamientos, degrada suelos, abre rutas y caminos que fragmentan espacios, y ni hablar de la contaminación por automóviles que circulan dentro de esas áreas o por los aviones que mueven a esos turistas.

Otro punto que se destaca es la idea del desarrollo de las comunidades humanas cercanas, lo cual a priori no es mala propuesta electoral. Sucede que siempre se la plantea como un “derivado” o colateral efecto de una supuesta buena gestión de la naturaleza. Así como la democracia formal del sistema nos tiene aletargados en ese “acto” cívico único de la votación, para “esperar” luego que el candidato elegido no decepcione y se limite a “administrar los recursos escasos de la nación” (es decir, la eterna trampa del problema de la institucionalidad y la corrupción como males endémicos, que conducen al desgano, la desmovilización y la a-política de mucha/os), aquí la buena y moralizante elección por Naturaleza 2019 nos traerá también la reconfortante sensación de ayudar, a la vez, a las pobres comunidades que se encuentran alrededor de estas áreas protegidas. No hay lugar en este esquema para considerar el cuidado, y qué desean esas mismas comunidades (en el video de la web ¡hasta parece que serán convertidas en barrios modernos con edificios y starbucks!). Una de las grandes críticas a las intervenciones territoriales para crear áreas protegidas a nivel mundial es, precisamente, el desplazamiento de las comunidades residentes para “vaciar” esos territorios, en esa búsqueda de la “resurrección” de la naturaleza en su faceta mítica: la naturaleza prístina e intocada, sin humanos que la alteren. Hay que tener mucho cuidado con esta idea ya que ningún desarrollo será posible si las comunidades mismas no tienen participación en la decisión sobre sus vidas, su territorio y entorno natural, sus modos de vida.

Por otro lado, también se señala la creación de empleo, que es necesario, sí… pero es así porque vivimos en un sistema donde quienes no tenemos la posibilidad de autosustentarnos nos vemos forzados a vender tiempo y fuerza de trabajo a otro/s para poder comprar comida, vivienda y abrigo (sobre todo nosotres habitantes urbanos que no tenemos huerta ni acceso a medios de producción de subsistencia, y que crecemos alienados de muchas de las capacidades para interactuar con otros entornos y realidades). No está de más pisar con cuidado en este escenario, ya que el “desarrollo de las comunidades” a veces implica que los habitantes originales pierdan sus modos de subsistencia y autonomía en favor de reconvertir esos territorios en grandes áreas protegidas, recibiendo a cambio la resignación de su autonomía para convertirse casi en empleados de ONG o de una institución estatal. Ojo, esto no quita que haya buenas experiencias y/o buenas intenciones. Pero bien o mal remunerados, con más o menos buenos indicadores de conservación, e incluso con nobles fines de parte de técnicos y empleados asignados, nada puede reemplazar la libertad individual y comunitaria, y el poder de decidir sobre nuestras vidas.


LA METÁFORA ANIMAL SIEMPRE FALLA

Por último, pero no menos importante, uno de los slogans expresa: “para defender nuestra economía, alguien que ponga huevos” (ilustrada por la imagen de un pingüino). Qué decir a esta altura… si por un lado son -literalmente- las aves hembras las que ponen huevos, no podemos dejar de resaltar que una afirmación del estilo carga con todo un simbolismo, especialmente del tipo barrabrava (lo cual por estos pagos ya implica que atraviesa casi todos los ámbitos sociales), pues refiere a los eggs masculinos, donde “el ponerlos” implica que se tiene fuerza, poder, valentía y todas esas ideas asociadas a la masculinidad tradicional. Y si nos ponemos un tanto suspicaces, hasta podríamos pensar que se estaría tomando cierta posición ante la posibilidad de que ¿nuevamente? una mujer pueda liderar un proceso político, ya que “si no tiene huevos, ¿cómo va a defender a nuestra economía, no?” Es por lo menos una frase tan ambigua como desafortunada.

En fin, no dudamos de los buenos y honrosos fines de esta campaña. Pero, como todo hecho político, es necesario recuperar la complejidad de lo que con números y dibujos se sintetiza. Diseñar políticas de biodiversidad que aumenten la superficie conservada -incluso manteniendo esta idea de que favorecerá los indicadores económicos- no puede desconocer la realidad territorial, atravesada por múltiples visiones de la naturaleza de quienes allí viven y trabajan, que expresan diferentes formas de uso de los bienes comunes, con necesidades propias y deseos de mejorar sus condiciones de vida. El gobierno actual se jacta de ser uno de los que “más hizo por el ambiente”, y de hecho la creación de parques nacionales aparece cada tanto como un eje central de ese discurso. Pero en el interín, también son las políticas de estado que promueven actividades extractivas (lo cual se traduce en que nuestro presidente rechace un amparo provincial que limita las fumigaciones con agrotóxicos en áreas pobladas, por caso) las que generan el mayor impacto en la biodiversidad. Protege áreas para sacrificar otras, y cada vez más. Esto sucede también “más allá de la grieta”, y resulta fundamental empezar a cuestionarlo.

Hay muchos más elementos en esta plataforma electoral para seguir pensando esta relación con el territorio y sobre todo, el tema de la responsabilidad sobre ese mismo estado calamitoso de lo ambiental que se pretende “salvar” (la imagen de un panda nos recuerda que es el “Hombre” -ese eterno culpable universal- el que somete a extinción a 150 especies por día). Reiteramos: celebramos que una institución reconocida visibilice a la práctica de la conservación como parte de la actividad política, y por ello mismo también nos otorgamos el derecho a sostener nuestra posición, entendiendo que ese “desarrollo” es incompatible con el sostenimiento de la vida en el planeta. Todas las acciones que emprendamos, todas las plataformas electorales y las propuestas de organización colectiva, deben estar “situadas”, como nos enseña Orlando Fals Borda. En un mundo en que casi todo resulta víctima del mercado, proteger (¿o producir?) a la Naturaleza poco tiene que ver con la economía hegemónica y el desarrollo en términos monetarios, sino más bien con respetar las formas de vida, humanas y no humanas, y sus vínculos más allá de las relaciones instrumentales de uso, aprovechamiento y ganancias, reconociendo que existen múltiples naturalezas para diversas sociedades. Dejamos a ustedes la plataforma e invitamos a pensar colectivamente formas distintas de conservar nuestra biodiversidad con justicia social y ambiental.

UN MILLÓN DE ESPECIES DE ANIMALES Y PLANTAS PUEDEN EXTINGUIRSE…

UN MILLÓN DE ESPECIES DE ANIMALES Y PLANTAS PUEDEN EXTINGUIRSE…

Esta nota es una versión acotada de la publicada en La Izquierda Diario

El lunes 6 de mayo, se dio a conocer el informe del IPBES, la Plataforma intergubernamental de ciencia y políticas sobre biodiversidad y servicios ecosistémicos (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services), el trabajo de más de 400 especialistas de 50 países da cuenta del tétrico panorama a futuro que le espera a la humanidad, los animales y plantas que vivimos en este planeta.

Más de un millón de especies de flora y fauna están en peligro de extinción, a un ritmo sin precedentes en la historia, debido principalmente a los cambios en el uso del suelo y del agua, la explotación directa de los organismos, el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras. En ese orden.

Sr Robert Watson, jefe del IPBES, declaró que “la salud de los ecosistemas sobre los que nosotros y todas las especies depende se está deteriorando más rápido que nunca. Estamos erosionando los propios fundamentos de nuestra economía, sostenimiento, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida global”.

NÚMEROS QUE ASUSTAN, O DEBERÍAN HACERLO

Desde 1980 la emisión de gases de efecto invernadero se ha duplicado, generando un aumento de la temperatura global promedio de 0,7 grados Celsius, lo que ya está impactando tanto a nivel ecosistémico como genético, y sus efectos se esperan que se incrementen en las próximas décadas.

La abundancia de especies nativas en la mayor parte de los hábitats terrestres decayó en al menos un 20%, desde 1900. Más del 40% de las especies de anfibios, 33% de corales y más de un tercio de los mamíferos marinos están amenazados. La evidencia sobre insectos sugiere que al menos un 10% se encuentra bajo amenaza, 680 especies de vertebrados fueron extintos desde el siglo 16 y más del 9% de las razas de mamíferos domésticos para el 2016, con al menos 1000 razas más en peligro.

Estos resultados dan cuenta del fracaso total de alcanzar, al menos, 35 de los 44 objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas sobre pobreza, hambre, salud, agua, ciudades, clima, océanos y tierra, y sólo podrían alcanzarse 4 de las 20 metas de Aichi sobre Biodiversidad.

Entre otros puntos destacados del informe, se mencionan la alteración de tres cuartos de los ambientes terrestres y aproximadamente 66% de los marinos por acciones humanas, tendencia que resulta ligeramente menos severa en áreas bajo manejo de poblaciones originarias y comunidades locales. La tasa de extinción de hoy es de diez a cientos de veces más alta, en promedio, que la de los últimos 10 millones de años. Más de un tercio de la superficie terrestre y un 75% de las fuentes de agua dulce son usadas para agricultura y producción pecuaria.

SUSTENTABILIDAD COMO ÚNICA OPCIÓN

El informe plantea que esta tendencia podría revertirse con un cambio “fundamental, una reorganización amplia de sistemas en lo tecnológico, económico y social, incluyendo paradigmas, metas y valores”; propone además manejos integrados y acercamientos intersectoriales que tengan en cuenta los intercambios entre la producción de comida, la energía, la infraestructura, el agua potable y la conservación de la biodiversidad. El punto más sobresaliente es que explicita la necesidad de “alejarse del actual y limitado paradigma del crecimiento económico” e incluso hace mención al problema de la extracción de recursos que se produce en una parte del mundo para satisfacer la demanda de consumo en otras regiones.

Sin embargo, vale la pena poner en tensión estas ideas, ya que bajo el sistema de producción capitalista, el calentamiento global, la acidificación de los océanos, del aire y la contaminación del agua, la deforestación, la extinción de las especies, etc. son el resultado necesario e inevitable de anteponer los beneficios económicos a la sostenibilidad de la vida.La necesidad del capitalismo de producir cada vez un mayor número de mercancías es fundamentalmente incompatible con la sustentabilidad ecológica.” 

Por eso, sólo si la gran masa oprimida de la humanidad se organiza para quebrar el poder destructivo del capitalismo, arrancando de sus manos el control de las sociedades y luchando para construir relaciones sociales equitativas y solidarias, entre humanos y con la Naturaleza y lo no humano, con el objetivo de producir para satisfacer demandas sociales y no el lucro privado, podremos salvarnos nosotros y a los millones de animales y plantas a los que estamos condenando a desaparecer de la faz de la tierra.

 

LA EMPATÍA, ES POSIBLE, IMPOSIBLE… VALE LA PENA INSISTIR?

LA EMPATÍA, ES POSIBLE, IMPOSIBLE… VALE LA PENA INSISTIR?

Un experimento realizado por científicos del Instituto de Neurociencia Holandés sometió a ratas a sufrir electroshocks dolorosos para comprobar qué tanto sus conespecíficas eran capaces de reaccionar y concluyó que la misma región del cerebro se activaba tanto en la rata que sufría la experiencia dolorosa, como en la que la observaba. Al desactivar ciertas neuronas, los animales dejaban de ser capaces de “registrar” el dolor de sus pares (o sea, no se verificaba actividad en esa región neuronal). Eligieron ratas porque el “área 24” de su arquitectura neuronal es similar a la de los humanos.

Hay científicos y experimentos que siguen aportando pruebas sobre la capacidad de empatía y sentimientos de los animales no humanos. Para nosotres, en tanto humanes, la ciencia nos proporciona el conocimiento sobre el mecanismo físico que permitiría reconocer el dolor ajeno y “sentirlo como propio”, pero… es posible sentir como siente une otre?

Según el estudio en cuestión, el córtex cingulado anterior (ACC) de las ratas responde igual tanto cuando experimentan dolor propio como al observar similares expresiones y síntomas de dolor ajeno en otra rata, aunque los mecanismos celulares permanecen poco entendidos en los humanos. Según estos estudios, los psicópatas, por ejemplo, no expresan el mismo nivel de actividad neuronal.

Eso desde el punto de vista puramente científico y mecánico. Mirado desde la simple – y no tanto – humanidad sensible, lo difícil es aceptar que la empatía (si  la reducimos a la idea de “ponerse en el lugar de otre”) sea algo tan sencillo. ¿Es posible “situarse en el lugar de otre” para sentir lo que él o ella siente? ¿No estaríamos opacando la misma presencia de ese otre ser sensible “poniéndonos en su lugar” … y en todo caso, qué significa “ponerse en su lugar”? el cuerpo, la subjetividad, la racionalidad, ¿qué pondríamos y dónde?

El propio experimento nos enfrenta a la paradoja de humanes que buscan descifrar los mecanismos físicos de la empatía en animales vertebrados, torturando ratas… !!! ¿Ese gesto no nos dice ya bastante sobre la empatía como algo absoluto e universal? Por ejemplo en este caso, la situación vincular está mediada por la ciencia, el laboratorio y, por qué no, el “especismo”, que permite y legitima un trato cruel hacia un ser sensible sin mayores consecuencias para quienes lo realizan.

En este punto, resulta interesante cómo se cruza lo subjetivo individual con la forma en que socialmente fuimos formateados y puestos en roles sociales que aún estamos pensando y tratando de desarmar, tarea titánica y más que difícil. Por eso,  recomendamos leer esta entrevista que aporta una reflexión sobre este tema, y también esta otra, ya que plantea una respuesta más que interesante por el uso de la terminología y la reflexión sobre los acuerdos “afectivos”, en tanto constructos sociales y no puramente individuales. 

En esa línea, también Rita Segato entiende que la capacidad de empatía es una construcción social que atraviesa a los individuos, que se enseña y se aprende, por eso ella habla de la “pedagogía de la crueldad”, como lo opuesto: la forma en que el sistema capitalista neoliberal entrena y formatea a los individuos para no ser sensibles ante los demás.

“Por qué la pedagogía de la crueldad, por qué la gratuidad de la crueldad. Me parece que estamos en una fase del capitalismo al que le interesa tener sujetos no sensibles, sin empatía. Y esta etapa, donde el enriquecimiento y la acumulación se dan por despojo, donde el mercado es global; en esta abolición de lo local, que es la abolición de las relaciones interpersonales, de la propia empatía; es necesario entrenar a los sujetos para esa distancia, para esa crueldad, para la no identificación de la posición del otro y la no relacionalidad. Esa pedagogía de la crueldad es funcional a esta fase del capital.” dice Rita Segato

Tal vez aún sirva pensar la cuestión de la “empatía” en términos de sensibilidad y afectos, que atraviesan el cuerpo y varían todo el tiempo, que son subjetivos pero socialmente formados y articulados. No somos todes iguales, ni somos dueñes absolutos de lo que sentimos, pero podemos reconocer situaciones en que une otre está pasándola mal y ser sensibles a eso, sin pensar en igualar nuestros sentimientos y actitudes ni imponer la propia mirada y opinión. Los vínculos sociales se sostienen en acuerdos preestablecidos y socialmente construidos, que implican desigualdades y roles de género que los hacen funcionar de cierta manera y no de otra, que vale la pena revisar.

Y también habrá que aceptar, por más difícil que sea, que hay otres que por momentos – largos, cortos o perpetuos – son más sensibles a todo, otres que no lo son, otres que son torpes, otres que simplemente son imbéciles, y que nada es así todo el tiempo y para siempre y que no está mal pensar colectivamente para desarmar las formas que nos forman y construir otras, priorizando sensibilidades solidarias y cuidadosas para nosotres y les otres.

EPÍLOGO

En estos tiempos de efervescencia feminista y altas dosis de violencia (no sólo machista sino de todo tipo) la cuestión de la empatía cobra mayor protagonismo, sin embargo, no sin tensiones. La palabra misma está ya contaminada por ciertos usos cuestionados, donde se cuelan la intencionalidad, la moral, el bien y el mal. Por eso, creemos que la idea de “empatía” tendría sentido si la podemos pensar, no como “ponerse en el lugar del otre” sin más bien, sino como la posibilidad de estar sensible ante los sentimientos de une otre. Quizá si vale la pena seguir cuestionando la terminología, ampliando límites y provocando reflexiones. En esta línea, agregamos en este apartado una cita de la autora Suely Rolnik ya que hace eje en la dimensión corporal (no cognitiva si se quiere) para pensar qué pasa cuando dos afectos se encuentran…, se encuentran?

Política de las palabras: de la empatía a la transverberación

“De la misma manera que mientras el sujeto aprehende por medio de la percepción, nuestro cuerpo vivo aprehende por medio de los afectos, mientras que el sujeto se relaciona con lxs otrxs por medio de la comunicación, nuestro cuerpo vivo se relaciona con lxs otrxs por medio de algo cuyo nombre estoy buscando en este preciso momento para un texto nuevo[2]. Porque antes lo llamaba empatía, pero empatía no va. No va porque la publicidad lo usó mucho, la cosa new age y los libros de autoayuda también. A su vez, muchos militantes negros por ejemplo nos dicen “gracias, estamos hartxs de su empatía”; es que la empatía deniega la tensión. La palabra que creo que voy a poner, lo estoy trabajando en estos días, es transverberación. Transverberar alude a reverberar, traslucir, diseminar… Es un término que encontramos en Santa Teresa de Ávila. Voy a contar primero la descripción que ella hace de esa experiencia desde su idioma católico, después sacamos la Iglesia, Dios, etc., para transcribir su experiencia en nuestro idioma desde lo que esa experiencia aporta. Para Santa Teresa, existen seis etapas para volverse Santa, la sexta es la transverberación. Describe un sueño que tuvo: vino un ángel hacia ella y le traspasó el corazón. Sintió un dolor gigantesco en su cuerpo, su cuerpo quemaba pero decía todo el tiempo que ese dolor no era solo corporal, sino también espiritual. Y ahí, dice, habitaba totalmente el espíritu, es decir Dios en su idioma católico. Si traduzco esto en mi idioma lo que ella sentía habitar plenamente es el saber-del-cuerpo, nuestra condición de viviente, lo que podemos llamar “el espíritu”, si lo liberamos en nuestro idioma de su cafisheo por el poder colonial de la Iglesia, que ha sido fundamental e indisociable del poder de Europa sobre el resto del mundo así como del poder colonial del capitalismo globalizado, (ambos poderes van de la mano). Diríamos entonces que la ética de una vida consiste precisamente en habitar cada vez más nuestra condición de viviente. Desde esta perspectiva, la sexta etapa, en nuestro idioma, no es un devenir-santa, sino cumplir con el destino ético de una vida, honrándola; la vida es lo “sagrado”, si queremos preservar ese término. Honrar la vida es habitarla lo más plenamente posible. Esto es la transverberación. El “trans-” remite a trans­-versalidad, pero también a trans-sexualidad, y por supuesto a trans-cendencia, cuando esa no es lo más allá del mundo, sino su inmanencia misma. También es una especie de “reverberación” pero de “espíritu” con “espíritu”, de lo viviente con lo viviente, y no una comunicación entre identidades o sistemas morales. Es una especie de resonancia intensiva, o resonancia entre afectos. En este caso el conocimiento no es el de la cognición, sino el del saber-del-cuerpo, de lo viviente, del saber-eco-etológico. A partir de esto podemos pensar la resistencia, en particular del movimiento de mujeres.”

Seguiremos pensando!


Fuentes:
“Emotional Mirror Neurons in the Rat’s Anterior Cingulate Cortex” Carrillo et al., 2019, Current Biology 29, 1–12 https://doi.org/10.1016/j.cub.2019.03.024

“¿Cómo hacernos un cuerpo?” Entrevista con Suely Rolnik // Marie Bardet publicada en Lobo Suelto

“Acostarse con un boludo no es violencia” Entrevista a Alejandra Kohan para revista Panamá 


“Por una pedagogía del cuidado, el acuerdo y la responsabilidad afectiva” Por Magdalena López para Latfem 

“En los medios existe una pedagogía de la crueldad” Entrevista a Rita Segato

LA CONSERVACIÓN DEL RÍO SANTA CRUZ: UNA CAUSA INTERNACIONAL

LA CONSERVACIÓN DEL RÍO SANTA CRUZ: UNA CAUSA INTERNACIONAL

Por Noel Miranda, desde Puerto San Julián, Santa Cruz, Argentina.

El 14 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Acción por los Ríos Libres, en este marco, se realizan actividades en todo el mundo en defensa de las cuencas de agua promoviendo la conservación de las fuentes hídricas fundamentales para la vida. Este año, el Río Santa Cruz fue protagonista internacional, durante 4 días kayakistas, activistas y comunicadores, navegaron sus aguas con el fin de llevar un mensaje: “Queremos que el río continúe en estado natural”, en relación a la construcción inminente de dos mega represas en su cauce.

Charles Fuhr –ubicado a unos 30 km de la ciudad de Calafate- fue el lugar elegido para iniciar los 350 km que recorrió el heterogéneo grupo de profesionales (y poco experimentados en el deporte náutico) para “unir” la naciente del río Santa Cruz con el mar Atlántico.

Realizar este tipo de acciones requiere un esfuerzo físico, mental y espiritual –a la deriva siempre del implacable clima patagónico- con una temperatura promedio del entorno de 10° C, mientras que la temperatura del agua oscila entre 1° a 12° C a lo largo del año; en este escenario la articulación de un grupo humano tan variado fue el desafío. Finalmente, designados en 7 kayaks simples y 9 kayaks dobles, 27 personas culminaron la travesía.

Gastón, Zequi y Linno, remadores inexpertos pero especialistas en la difusión de causas sociales, estuvieron presentes en esta travesía con su propuesta “Influos”, una iniciativa para crear y difundir contenidos que generen un impacto positivo en la sociedad y, así, utilizar las redes de forma constructiva, o como dicen ellos, “usar la influencia en forma positiva”.

También fueron parte de la expedición activistas de distintas partes de mundo, desde Alemania, Estados Unidos y Chile, distintos conservacionistas viajaron miles de kilómetros hasta llegar a la Patagonia argentina, con un fin: establecer redes de acciones, intercambiar experiencias sobre luchas similares en otras partes del mundo y fortalecer un año cargado de actividades, encuentros y producciones en torno a la defensa de los ríos.

Por último, kayakistas experimentados y conocedores de la cuenca del río Santa Cruz se pusieron a la carga el traslado de aquellos quienes el cuerpo agotado ante los obstáculos climáticos les impedía continuar el ritmo de la remada.

Así, entre coirones, guanacos, zorros y cóndores; aguas planas o revoltosas, el firmamento soleado o nubes espesas; el equipo supo compartir mates, charlas y fogatas, que hicieron parecer que fueron mucho más que 4 días, porque en este río glaciario que aún corre libre de cordillera a mar, todo es más intenso.

DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Las represas Cóndor Cliff y La Barrancosa pueden ser vistas como una fuente laboral inmediata y de alguna manera lo son; sin embargo, la flexibilización laboral, las pésimas condiciones de trabajo y la corta vida de la obra son la otra cara de la moneda. Construir dos paredones gigantescos de más de 15 km de ancho, dos embalses que superan los 100 km de largo cada uno, para producir energía destinada a los grandes centros de consumo del país no es fomentar el desarrollo energético, sino todo lo contrario.

Donde algunas personas ven un río que desperdicia su fuerza desembocando en el mar, otros observan el tercer río más caudaloso de la Argentina que arrastra los nutrientes necesarios para la vida de distintas especies de aves, mamíferos y peces que habitan este inhóspito territorio. Mientras algunos ven un desierto improductivo, otros reconocen vastos terrenos que, si prestamos atención, nos narran la historia de nuestro planeta y de culturas ancestrales que supieron vivir 10 mil años en equilibrio con el clima agrestre e inexorable frío de la Patagonia. Para algunos la construcción de las mega represas son la salvación de la provincia, para otros es condenar a la desaparición un río glaciario que se encuentra en constante cambio.

Por eso, contraponer el ´progreso´ al ´no progreso´, es una discusión sin cabida. Lo que se necesita es información real sobre las consecuencias que esta obra generará en el entorno y en la cotidianidad de los habitantes de la provincia. ¿Cómo se trasladará la energía desde Santa Cruz a Buenos Aires? ¿Por qué aún no se presenta el Estudio de Impacto Ambiental de dicho tendido eléctrico? ¿Qué plan de contingencia existe en caso de que las represas fallen “por error matemático” como ha sucedido en otros casos en los que la empresa China Gezhouba Group –encargada de la obra- ha construido mega represas? ¿Qué sucederá con la calidad del agua del río Santa Cruz de la cual se proveen tres localidades santacruceñas? ¿Y qué respuesta se les dará los trabajadores que quedarán cesantes en unos cinco o siete años, una vez concluida la obra?

Cuando hay más preguntas que respuestas, el acceso a la información es el primer derecho que no se cumple, por eso, si vamos a ver la moneda, que sea ambas caras, y antes de que sea tarde.