LA EMERGENCIA CLIMÁTICA Y LOS DERECHOS DE HUMANOS Y NO HUMANOS

La crisis climática agrava la situación de pobreza estructural global. Un informe de la ONU da cuenta de la inacción de los Estados frente a esta situación. ¿Cómo vinculamos los derechos humanos con el derecho al ambiente y de la Naturaleza?


LOS DERECHOS HUMANOS NO PUEDEN SEPARARSE DE UN MEDIO AMBIENTE SANO

El impacto de la crisis climática sobre la gran población empobrecida mundial es grave, gravísimo. “Incluso si los objetivos actuales se consiguen, millones de personas se verán más empobrecidas, sufrirán desplazamientos y hambrunas” dijo el Relator Especial de las Naciones Unidas, Philip Alston, en un reciente reporte emitido el 25/6 sobre pobreza extrema y derechos humanos.

El reporte no ahorra en predicciones poco alentadoras hacia el futuro cercano, pero no por eso poco creíble. Advierte que aún si se lograra limitar el aumento de temperatura global a un límite de 1,5° para el año 2100 – escenario casi inverosímil a esta altura – habrá temperaturas extremas en tantas regiones del planeta que las poblaciones vulnerables serán duramente impactadas con inseguridad alimentaria, bajos ingresos y peor salud. Muchos tendrán que elegir entre migrar o morir de hambre. 

Hay que reconocer que para documento internacional no disimula el hecho de que quienes son mayormente responsables de las grandes emisiones de gases de efecto invernadero y quienes sufren las consecuencias están una relación completamente asimétrica:

“Los países ‘en desarrollo’ soportarán un 75% de los costos de la crisis climática, a pesar de que la mitad de la población más pobre del mundo causa solamente el 10% de las emisiones de dióxido de carbono.”

Y en la misma línea denuncia: “Perversamente, mientras que las personas que viven en la pobreza son responsables de sólo una fracción de las emisiones globales, serán las más afectadas por el cambio climático y tendrán la menor capacidad para protegerse. Nos arriesgamos a un escenario de apartheid climático donde los ricos pagan para escapar del sobrecalentamiento, el hambre y los conflictos, mientras que el resto del mundo tiene que sufrir”

120 millones de personas pueden terminar sumidas en la pobreza total para el año 2030, empeorando severamente a los países más pobres. Los derechos humanos de gran parte de la población mundial están gravemente amenazados.

Los estados ni siquiera están cumpliendo su actual – e inadecuado – compromiso para reducir las emisiones de carbón y proveer financiamiento por el clima, mientras continúan subsidiando a la industria de las energías fósiles con $5.2 trillones de dólares por año, afirmó Alston.

En Argentina, un informe de FARN demostró que los subsidios a los combustibles fósiles representaron, con respecto a la totalidad de subsidios a la energía, un 97% en 2018 (el 6,5% del presupuesto nacional), un 95% en 2017 y un 99% en 2016.

Los montos transferidos a las empresas dedicadas a la extracción de hidrocarburos -particularmente para la producción de gas- sumaron en 2018 US$ 340 millones; es decir un 0,33% del presupuesto nacional y el equivalente a más de 5 millones de Asignaciones Universales por Hijo o al salario anual de 35.000 docentes de enseñanza inicial. Seguimos en la ruta hacia el desastre. 

En definitiva, el reporte tiene un planteo interesante sobre el futuro – si es que llegamos ahí con vida – para las sociedades humanas… “Esta crisis debe ser un catalizador para que los estados cumplan con los derechos económicos y sociales ignorados y pasados ​​por alto durante mucho tiempo, incluyendo la seguridad social y el acceso a alimentos, atención médica, vivienda y trabajo decente” sin embargo, advierte que

“si el cambio climático es usado para justificar políticas amigables con los negocios, la expansión de la privatización y la explotación de los recursos naturales, el calentamiento global se acelerará en vez de prevenirse”

LOS SERES HUMANOS SOMOS NATURALEZA

Alberto Acosta, economista ecuatoriano y ex-presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador habló para Amnesty sobre la necesidad de vincular los Derechos Humanos con los Derechos de la Naturaleza

Esta concepción, que es parte constitutiva de las culturas originarias americanas, llegó quizá a su punto más visible para nosotros – ciudadanos urbanitas culturalmente híbridos – con la sanción de la nueva constitución del Ecuador en 2007, pero aún así su implementación y reconocimiento general no están garantizados. “ A lo largo de la historia, cada ampliación de derechos fue antes impensable”, afirmó Acosta, “el reconocimiento  del “derecho a tener derechos” se ha conseguido siempre con luchas políticas para cambiar aquellas visiones, costumbres y leyes que negaban esos derechos; luchas que devienen en fuente pedagógica potente que exigen claridad conceptual y voluntad de cambio.”

Ante la crisis climática que pone en riesgo toda la vida en el planeta, surge imperiosamente la necesidad de entender la vida como nodos de relaciones entre los seres (humanos y no humanos) y los ecosistemas que nos sostienen. Si hemos de sobrevivir, tendremos que realizar un cambio radical en cómo entendemos la vida toda y nuestro lugar en ella. Los Derechos de la Naturaleza, nos sirven para pasar del enfoque antropocéntrico hacia uno socio-biocéntrico “que reconozca la indivisibilidad e interdependencia de todas las formas de vida y que, además, mantenga la fuerza de las obligaciones y normas propias de los Derechos Humanos” según Acosta

”el fin es fortalecer y ampliar el régimen de los Derechos Humanos, complementándolos y profundizándolos con nuevas generaciones de derechos, en este caso los Derechos de la Naturaleza, como parte de la permanente emancipación de los pueblos.

“Entendiendo que el colapso ambiental es una cuestión global, es hora de impulsar la Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza, desde la propuesta formulada en la Cumbre de la Tierra de Tikipaya, en Bolivia, en 2010. Igualmente urge establecer un tribunal internacional para sancionar los delitos ambientales, contra las personas y la Naturaleza como se propuso en la misma Cumbre. En síntesis, los Derechos de la Natraleza no se oponen para nada a los Derechos Humanos. Es más, sin duda que ambos grupos de derechos se complementan y potencian. Pronto llegará el día para construir una declaración conjunta de derechos para la Humanidad y la Naturaleza, en tanto ambos son derechos para la vida”, concluye el ecuatoriano.

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