El pasado 14 de mayo, en el marco del juicio por el saneamiento del Riachuelo y en respuesta a una solicitud presentada por el Cuerpo Colegiado (integrado por la Asociación de Vecinos La Boca, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos (ACDH) y la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)), el juez Jorge Ernesto Rodríguez, uno de los jueces a cargo de la ejecución de la sentencia dictada por la Corte Suprema de Justicia en la causa por el saneamiento de la Cuenca Matanza-Riachuelo, emitió una resolución en la cual declaró que el acceso al aire limpio es un derecho fundamental para todas las personas.

Si bien el fallo apela al “desarrollo sostenible”, poniendo énfasis en “el crecimiento demográfico” y “la tecnología” como principales causantes de desequilibrios ambientales graves, celebramos que entienda que “el acceso a un ambiente libre de contaminación del aire resulta un derecho humano derivado del derecho a disfrutar de un medio ambiente saludable y no Degradado” y que se declare “que constituye un derecho humano el acceso al aire sin contaminantes agregados como consecuencia de actividades antrópicas que puedan producir daños a la salud humana”, así como el requerimiento a la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) a que adopte las medidas necesarias para revertir esta problemática.

 


LA SALUD DE TODOS ESTÁ COMPROMETIDA

La pésima calidad del aire que soportamos genera gran cantidad de trastornos de salud para la población. Más del 90% de la población mundial se encuentra expuesta a altos niveles de toxicidad del aire. Las más afectadas son las poblaciones  vulnerables, con problemas de acceso al mercado de trabajo, a la educación y a la salud, en suma, las que suelen vivir en las áreas más contaminadas.

Según nuevos estudios, la contaminación del aire produce muchos más efectos adversos en los cuerpos de los que comúnmente conocemos (como la afectación a los pulmones). “La polución del aire puede ser asociada a síntomas que aparecen inmediatamente luego de la exposición, como toser, lagrimear, dificultad al respirar o anginas. También puede ser asociada con daños de largo término, que son mucho más sutiles. La población usualmente desconoce cómo la exposición de largo alcance afecta su salud o empeora sus problemas médicos en el tiempo. El aire contaminado gana acceso al cuerpo a través del tracto respiratorio pero sus efectos sistémicos pueden dañar muchos otros órganos” [1]


AL PAN VENENO Y AL AUTO BENEFICIOS

Más de 70.000 papers científicos demuestran cómo la contaminación del aire afecta la salud humana. Mientras, en Argentina, el kilo de pan (lleno de agrotóxicos) cuesta más de 100$ y el gobierno nacional rebaja los impuestos para los autos de lujo. ACUMAR poco ha podido avanzar en el saneamiento real de la cuenca Matanza-Riachuelo, y por extensión, el aire de “Buenos” Aires -ciudad con gran déficit de espacios naturales y que sigue fomentando el uso del transporte automotor- es cada día más irrespirable. Aunque el gobierno porteño y la ONG Greenpeace difunden datos bastante contradictorios, “esperar el bondi” en la parada del Metrobús del bajo o andar en bicicleta por las fatídicas avenidas se vuelve una experiencia cuasi chernobilesca. Según la ONG, el gobierno porteño utiliza parámetros más flexibles que la OMS para medir la contaminación, y de ahí las diferencias.

El aumento del plantel de vehículos motorizados en la ciudad es el principal factor contaminante. Lamentablemente, las políticas públicas parecen estar más enfocadas en aumentar la venta y circulación de automóviles, con infraestructura diseñada para la movilidad en detrimento de la permanencia en los espacios de la ciudad, con el costo social y ambiental que pagamos todes les ciudadanes por igual, tengamos o no vehículo motorizado particular.

Para garantizar el derecho a un ambiente sano para todes, las políticas públicas deberían fomentar la participación ciudadana en la toma de decisiones, el transporte público eficaz y sustentable, en lugar del uso privado del automóvil a combustión (incluso por qué no, insistimos… un sistema de propiedad comunal de automóviles!), sumado a una política vial coherente que haga foco en las personas y no simplemente en la movilidad. Todo ello con el objetivo de descentralizar la urbe y disminuir la cantidad de viajes necesarios para trabajar o abastecerse, aumentar considerablemente los espacios verdes naturales y de público acceso, fomentar con educación e infraestructura el uso de transportes realmente sustentables como la bicicleta, el skate o caminar, y recuperar el espacio público de la ciudad, no para los automóviles – que bastante espacio ya ocupan – sino para que las y los habitantes podamos utilizarlos y (re)construir los lazos solidarios y de afinidad entre nosotres y con nuestro entorno vital.