“La independencia que te da una bicicleta simboliza el acceso de la mujer a un mundo, hasta entonces, prohibido.… Por eso fue tan odiada. Que gracias a una bicicleta la mujer accediera a todo eso, y que encima fuese a través de una máquina sobre la que apoyaba sus partes y pedaleaba con las piernas abiertas, no podía ser más que considerado un escándalo”
Pilar Tejera autora de “Reinas de la carretera”


Afghanistán. 2001. El régimen Talibán se termina, pero las libertades de las mujeres siguen severamente cercenadas. Ser ciclista y mujer en ese país, es un acto de valentía. Pedalear es una cuestión de libertad y derechos de las mujeres. También, sobre la dominación de la calle por el dúo hombre/automóvil. Un grupo de mujeres conforman el equipo nacional de mujeres ciclistas, rompiendo tabúes sobre el uso de la bicicleta. Incluso lograron una nominación al Nobel de la Paz en 2016. 

 

Usted también, a partir de ahora, tendrá el privilegio de circular, como los ricos y los burgueses, más rápido que todo el mundo.En la sociedad del automóvil el privilegio de la élite está a su disposición.”
André Gorz, “La ideología social del automóvil”


Pakistán. 2019. A las mujeres no se les permite conducir ni ser propietarias de automóviles. Organizan bicicleteadas. La lucha por la equidad de género también avanza sobre dos ruedas.

 

“El coche es el bien de consumo peor aprovechado de la sociedad, dado que se calcula que pasa el 95% de su vida útil aparcado, ocupando en la gran mayoría de ocasiones un espacio público que, no olvidemos, nos pertenece a todos.”
Dani Cabezas, autor de “La revolución silenciosa”


Bélgica. 2019. Una carrera de bicis es detenida porque una mujer alcanzó al pelotón masculino, que había arrancado 10 minutos antes. Nicole Hanselmann fue forzada a detenerse por los organizadores de la carrera para reestablecer la división entre ambos pelotones. La carrera, como era de esperarse, la ganó un hombre. “Tal vez fuimos demasiado rápidas, o los hombres muy lentos”, posteó Nicole.

 

 

“Queremos ciudades sin violencia vial, pero también sin violencias de género, para esto el feminismo latinoamericano y decolonial nos reúne y abraza para dar lugar a la sororidad ciclista.”
Red de Mujeres en Bicicleta Latinoamérica


Argentina. 2019. Durante la “Vuelta de San Juan”, una ciclista fue acosada por otro corredor. Tras la repercusión mediática, los organizadores decidieron echar al abusador para resguardar el “honor y la reputación de la Vuelta a San Juan, la UCI y el ciclismo en general”. Desde la Red de Mujeres en Bicicleta Latinoamérica se denunció que el interés de la organización fue proteger a la competencia, no el de erradicar las actitudes machistas ni empatizar con la víctima. Llamaron a lograr un “compromiso de todas las organizaciones que realizan actividades relacionadas al uso de la bicicleta, para promocionar de manera activa la participación de mujeres y otros géneros no hegemónicos”.

 

La situación de las mujeres ciclistas en algunos países no sólo es cuestión de patriarcado y privación de derechos humanos, sino también un ataque a las bases del ambientalismo popular”
Environmental Justice Atlas “Women’s cycling team challenged several social norms and taboos in Afghanistan”


España. 2019. Proyecto Biela y Tierra. Un equipo de mujeres que recorrerán 3.000 km en bicicleta para intercambiar experiencias, con quienes producen y quienes consumen, ligadas a la alimentación sostenible.

 

“Puesto que los coches han matado a la ciudad, son necesarios coches aun más rápidos para escaparse hacia suburbios lejanos. Impecable circularidad: dennos más automóviles para huir de los estragos causados por los automóviles.”
André Gorz “La ideología social del automóvil”


Mundo. 2019. Juanita Arias Palacio recorre el mundo en bicicleta. Una mujer que se atrevió a salir sola, sobre dos ruedas, a visitar todos los lugares que le plazcan.

 

LA BICICLETA VERDE

Wadjda tiene 10 años. Vive en Arabia Saudita y asiste a una escuela de niñas, con una superiora que controla que las alumnas no se desvíen de las enseñanzas del Corán ni un milímetro. Wadjda suele recibir retos constantes, por sus zapatillas, por que no se cubre el pelo… Dentro de su casa tiene mayor libertad, aunque sea para escuchar la radio. Pero tampoco es el paraíso prometido, su padre está por tomar otra esposa, y su madre se ve ciertamente estresada por la noticia. Pero en su vida también existe Abdullah. Un amigo que anda siempre en bici y con el que pelean pero también se divierten.

Todo lo que Wadjda desea es comprarse una bici para ganarle una carrera a ese amigo, criado bajo las reglas patriarcales de un país islámico, donde las chicas no pueden siquiera pensar en andar en bici, ni hacer muchas de las cosas que los hombres si pueden. Sus deseos no existen, es un mundo donde las mujeres sólo están para objeto y propiedad del macho.

Wadjda igual se las ingenia, ingresa al grupo de estudio del Corán y termina ganando un premio en dinero que le permite acceder a la tan ansiada bicicleta verde. Bueno, en realidad no tan así, cuando confiesa qué es lo que piensa hacer con el premio estalla el escándalo y la directora de la escuela decide que el dinero irá a Palestina. Su madre finalmente le regala la bici: “quiero que seas la persona más feliz”. Es una película de ficción, pero bien podría ser un film documental.

 

 

“No se es libre de tener o no un automóvil porque el universo suburbano está diseñado en función del coche y, cada vez más, también el universo urbano.”
André Gorz “La ideología social del automóvil”


En muchos países, una mujer que se muestra en el espacio público sin una razón objetiva para ocuparlo – ir a la escuela o al mercado – es visto como una amenaza a la moralidad. Es por eso que estas mujeres están tomando las calles en bicicleta, como acto de rebeldía. El derecho a moverse libremente es política feminista internacional.

Pareciera que existe un boom de mujeres ciclistas, compiten en carreras y ganan premios, ya hay ropa de ciclista especial y hasta modelos de bicicletas diseñados exclusivamente para mujeres.
Pero no nos dejemos engañar, ese “boom” parece más una forma del capitalismo de expandir su mercado hacia el público femenino que un cambio radical en la forma en que construimos relaciones sociales y espaciales.


Moverse en bicicleta tiene todo que ver con la libertad, con el modo en que queremos vivir nuestras ciudades, con sentir el viento y escuchar a las aves cantar. Es una subversión del modo que nos impone la ciudad, negarse a depender del petróleo que viene de países aplastados por guerras absurdas, que contamina el aire y atropella animales, rechazar el urbanismo tecnocrático y mercantil que destruye los espacios comunes para abrir paso a autopistas y que todo lo convierte en un lugar de paso, puro tránsito, aunque nunca se llegue a ningún lado.
El automóvil prometió ser la máquina que permitiría a su dueño llegar a donde quisiera a toda velocidad, sin embargo, basta intentar recorrer la ciudad de Buenos Aires (y apostaría que no es una característica única de esta urbe), para enfurecerse por la insostenible y caótica cantidad de autos particulares que circulan a la misma hora y por el mismo lugar, imposibilitando a cualquier ser humano calcular el tiempo necesario para llegar del punto A al punto B, y eso si logra llegar.

André Gorz nos advertía en su libro “Ecológica” que el problema del transporte debe ser vinculado al problema de la ciudad, de la división social del trabajo y de cómo introdujo la compartimentación entre las diferentes dimensiones de nuestras existencias. El territorio donde vivimos debe volver a ser un espacio habitable, no un lugar de paso diseñado más en función del tránsito vehicular, sino construido y vivido priorizando las actividades humanas y la vida en común.

Tal vez es hora de pensar en un sistema de propiedad comunal del automóvil y una priorización real del transporte público y de bicicletas. Y especialmente, considerar seriamente las necesidades de las mujeres a la hora de movilizarse por la ciudad y ocupar el espacio público, esto implica también dar lugar a otra lógica de construcción social, una ligada al ecofeminismo, desde donde se tejen lazos de solidaridad y respeto medioambiental y no de competencia, tan arraigada en las sociedades patriarcales, donde el deporte es mayormente considerado en su forma más competitiva.
Sólo así recuperaremos las ciudades para que vuelvan a ser espacios comunes, plenos de vida y biodiversidad y no zonas construidas, por y para, la lógica tirana del capitalismo petrodependiente.