La organización Foro Hídrico de Lomas de Zamora cumplió 18 años de trabajo continuo por un derecho básico, el acceso al agua y el fin de la contaminación de la cuenca del río Matanza-Riachuelo

Un festejo de cumpleaños se vivió el miércoles 20 de junio, el mismísimo feriado nacional del Día de la Bandera, en una escuela pública de Lomas de Zamora, Buenos Aires. Se trató del aniversario número 18 de la organización vecinal Foro Hídrico de Lomas de Zamora, que lleva todos esos años luchando por resolver la problemática ambiental que afecta a gran parte del sur del conurbano bonaerense: falta de acceso al agua potable y eventos de inundaciones en uno de los lugares más contaminados del planeta, la cuenca del río Matanza-Riachuelo. Esta organización, nacida en el convulsionado año 2000 de una conjunción de asambleas y movimientos sociales y políticos, se ha situado como una referencia local en la problemática hídrica. Es la expresión del saber colectivo, una agrupación abierta, un foro que parte del diálogo de saberes y genera redes para interpretar el territorio. No busca solo denunciar los problemas, siempre quiso ser también parte de la solución.

La ocasión fue propicia para el festejo, aún con un panorama complicado frente a la crisis económica que atraviesa el país. Hubo clima distendido, vecinos y vecinas reunidos y regalándose abrazos, murgas que sacaban sonrisas y contagiaban el ritmo. También la presentación de un libro que narra la historia de la organización, las luchas, logros y sinsabores por acceder al agua y al saneamiento. Un panel de expositores con personalidades que acompañaron al Foro, miembros -desde los históricos (algunos que ya no están físicamente, pero quedan en la memoria por su ejemplo y compromiso) a nuevas generaciones- y compañerismo de militancia y luchas compartidas, otras organizaciones que venían a saludar y contar -micrófono abierto- todo lo que aprendieron de su accionar.

LAS AGUAS BAJAN TURBIAS

A lo largo del siglo XX, la zona sur fue sede principal del proceso de industrialización de Buenos Aires, suceso que contrajo también un importante proceso de ocupación del suelo sin coordinación previa por parte del Estado. A la larga, las obras se fueron concentrando en las zonas céntricas, generando una suburbanización en la que servicios y equipamiento urbano básicos no fueron asumidos por las autoridades. Las ciudades que se van expandiendo implican calles y caminos, pavimento, medios de transporte, instituciones educativas y sanitarias, espacio verde y público, todo lo que contribuye a generar vínculos donde los ciudadanos puedan ejercer sus derechos y vivir. No obstante, es conocido el camino de la desolación: la infraestructura urbana parece estar siempre un paso detrás de los deseos de ocupar la tierra para vivirla. A veces muy tardíamente, o en forma deficiente; las obras prometidas para el partido de Lomas de Zamora nunca se hicieron o terminaron. Cabe aclarar que esta situación se repite en otros municipios, por mencionar solo a algunos, Lanús, Almirante Brown, Esteban Echeverría.

El partido de Lomas, ubicado a 10 minutos en auto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es una muestra botón de la desigualdad urbana. Atravesada por varios arroyos con desembocadura en el Río de la Plata, o el mismo Riachuelo, en Lomas algunos sufren más que otros las lluvias y temporales. Los barrios más alejados del centro, sin agua potable y con elevados índices de población contaminada con plomo se llevan la peor parte. Falta de agua y cloacas, rellenos clandestinos, basurales a cielo abierto. Barrios como Ingeniero Budge, Villa Fiorito y Villa Lamadrid, están expuestos a los desbordes del Arroyo del Rey, por ejemplo. Industrias vuelcan contaminantes y rellenos ilegales obstruyen la salida del agua de los arroyos Galíndez, Santa Catalina, Mujica, Unamuno.

LUCHAS DESDE ABAJO

De esta situación crítica, y a hombros de movimientos sociales y políticos de larga data, fueron emergiendo agrupamientos de base que reclamaban al Estado por agua potable y cloacas. Algunos expositores lo definieron como “organización y lucha de los de abajo para los de abajo”. Porque han sido marginados de un proceso inclusivo donde sus derechos sean realizados. El Foro es uno de los ejemplos patentes de cómo las salidas se pueden pensar desde la base de lo social, generando vínculos, “organizándose desde la diversidad”.

Los antecedentes más directos son los destellos de movilización y horizontalismo de las asambleas ciudadanas de comienzos de este siglo, en el contexto de una fuertísima crisis económica que ahora se vislumbra -con sus obvias diferencias- peligrosamente cercana. Clubes y Sociedades de Fomento fueron núcleos de reuniones y trabajo local a contrapelo para ciudadanos afectados por las inundaciones recurrentes y la contaminación, pero también por un contexto fatídico en lo laboral; lo cual da cuenta de la complejidad de la crisis: se sufre un conjunto de afectaciones en diferentes ámbitos de la vida que a nivel individual te hunde. El grupo se torna vital. Aparece así la necesidad de establecer contacto con la otra persona, y lo impersonal se torna cara a cara: viejas y nuevas formas de economía -trueques, ferias-, estrategias para asegurar que la salud y la educación continúen en los espacios afectados -salas de atención barriales, bachilleratos populares-. La dificultad teje nuevas redes.

El año 2000, el del origen, se declaró en emergencia hídrica y sanitaria al municipio. El Foro, desde ese entonces, ha identificado puntualmente todos los nudos de la problemática hídrica, presentó planes alternativos a los propuestos por las autoridades (AySA, por ejemplo) y realizó seguimiento de todas las obras, aquellas paralizadas y las no iniciadas. Sin embargo, como también enseña la Historia (esa historia tan universal y monolítica que nos dan desde chiquitos), los quiebres solo fueron posibles gracias a que vecinas y vecinos pusieron el cuerpo. Fueron necesarios episodios como la “toma” de un edificio del Ministerio de Infraestructura provincial, o que en 2003 una vecina se encadenara a la pirámide de la Plaza de Mayo (emblema de “lo central”, ombligo de nuestra espiral), para que en ocasiones las autoridades aceptaran tomar en sus manos las propuestas.

LA UNIVERSIDAD EN EL BARRIO O EL PUEBLO EN LAS AULAS

Una de las primeras acciones emprendidas fue la de obtener datos. Parece mentira, pero el castillo de la ciencia insiste a veces una y otra vez con describir y diagnosticar, y eso se acumula. ¿Cuánto diagnóstico necesita la cuenca para emprender acciones? No obstante, es cierto que no se cuida lo que no se conoce. Mediante vínculos con profesionales de la salud se realizó una encuesta epidemiológica para reafirmar lo que venían experimentando en carne propia, y a la vez, poder “dialogar” con esas frías pantallas de la autoridad, que cuando no baja al terreno sólo establece contacto si empleas su terminología. Números, registros, estadísticas, que a veces dicen mucho, y otras no tanto. Fueron así apareciendo las escuelas y universidades que aportaban su conocimiento en diferentes campos (toma de muestras de agua y suelo; obras hídricas necesarias; problemáticas de acceso al mercado laboral, al sistema de salud y al educativo, etc.) extendiendo esa llama de conciencia de la problemática a nuevos vecinos y vecinas.

De allí que en el festejo de cumpleaños se haya hablado de cómo el Foro logró “romper los castillos de las universidades, a donde entraron las comunidades”. Se trata de un hermoso ejemplo de intercambio de saberes. Comentaban también que en los años ’90 aún no se hablaba de “saneamiento”, “ni siquiera la Organización Mundial de la Salud lo hacía”. Pero del barro literal se empezó a tomar conciencia del impacto de un territorio sin planificación, librado al desarrollo del mercado industrial e inmobiliario.

SABERES COLECTIVOS

Médicos del Mundo, universidades, centros culturales, movimientos sociales y políticos, muchos pasaron y aún entablan lazos entre sí y dan vida a este Foro, contribuyendo a afianzar un saber colectivo sobre lo hídrico en el sur del conurbano. En 2015, un potente “Programa Ambiental de las Organizaciones de Lomas de Zamora” condensa toda la problemática local y enumera detalladamente las medidas necesarias para mejorar la calidad de vida de la población. En un pequeño folleto que en la fiesta repartían, el espejismo del posible camino a la dignidad estaba en tus manos, y levantando la vista, en la de todos esos vecinos y vecinas orgullosos de sus logros, y aún seguros de lo que falta.

Una de las cosas que pone en tensión esta agrupación es el sentido profundo del conocimiento. Redefine los términos de esa relación “vecino” – “gobierno” en la posibilidad de ofrecer respuestas a los problemas históricos locales. Uno de los artilugios de la retórica actual en materia de políticas públicas es la “rendición de cuentas”: vos pagá tus impuestos, vecino/a, el gobierno se encarga del resto. Es básicamente una relación pasiva de contraprestación de servicios. Como cuando uno abona, por ejemplo, el celular. Si el funcionamiento de la línea es deficiente, uno se queja y trata de lograr que mejoren las condiciones, o se lo compense ante alguna deficiencia. Pero eso trasladado a los derechos de hábitat tiene un efecto político desmovilizador, que oscurece la potente idea de la autodeterminación, de decidir cómo vivimos. Ante la desidia estatal, quienes habitan los barrios salen por sí mismos a recorrer, intercambiar, identificar los orígenes de sus problemas. A leer entre líneas.

En ese desarrollo de alternativas desde abajo, los ciudadanos -no siempre proponiéndoselo- generan cuestionamientos al modelo hegemónico de administrar nuestras vidas, ese que se plantea como pilar en la propiedad y el contrato, estatuas del neoliberalismo. Franz Hinkelammert lo llama “negación de la complejidad del mundo”, el que en cierta forma se nos muestra invertido: mientras las autoridades se arrogan tener de su lado el saber técnico y científico para desarrollar las políticas públicas y avanzar con las obras de ingeniería, y así operan, a la larga todo ese saber acumulado procede en forma parcial y poco eficaz. Simplifica la realidad en definitiva, mientras que -por efecto de esa mirada- lo que la ciudadanía a veces termina aportando genera propuestas integrales que le machacan, en desprendidos términos: “tienen que prestar atención a esto, esto y esto. Y no olvidarse de esto”. Ofrecen una mirada totalizadora de una realidad que hay que asirla desde el todo, aunque tengamos que comenzar por partes; complejo y no parcial.

Por eso para el Foro no alcanzaba con la ingeniería pura. Interpretó integralmente el espacio geográfico del distrito en función de la cuenca. Fue aprendiendo -con esfuerzo, pérdidas de vidas y bienes, dedicación- sobre su territorio, la dinámica y escurrimiento del agua, los intereses del mercado inmobiliario, la importancia de los espacios verdes y los humedales. Así como se movilizan para pedir por un aliviador oeste en el Arroyo del Rey, sostienen la necesidad de relocalizaciones en casos urgentes, y de planes de urbanización y saneamiento para la población más expuesta a la contaminación. Comprende que la desigualdad social está en la base del problema ambiental. Y disputa el acceso a un bien que -en los términos vagos y “todocolorderosas” de los convenios internacionales-  se ha determinado como un derecho humano básico, el agua.

Me fui pensando: ¿cuántos años más tiene que festejar esta organización? ¿Más es mejor? ¿Debemos alegrarnos porque haya alcanzado la mayoría de edad y ahora pueda brindar? ¿No es lamentable? Personajes notables que ya no están (cuyas apasionantes trayectorias podemos leer en el libro de Patricia Rodriguez), vecinos que recogen su legado y marcan el camino para las futuras generaciones, seguramente plagado de las turbias aguas y escombros de burocracias y negociados… Con todo, creo que sí, hay que saber festejar y sonreír en la adversidad, saludar a sus integrantes y aprender de ellos. Seguir construyendo colectivamente.

CUMPLEAÑOS NÚMERO 18 DEL FORO HÍDRICO DE LOMAS DE ZAMORA

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