Tres porteñas viajan por la costa atlántica austral. Vivencian entre la gran belleza natural, la destrucción de la minería y el petróleo, pero también el trabajo constante de quienes quieren otro futuro para la región.

En enero de 2017 subimos a un avión en Ciudad de Buenos Aires y aterrizamos en la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina. Allí conocimos la excelente labor del Centro Cultural por la Memoria de Trelew, que funciona en el aeropuerto viejo de la ciudad, donde en 1972 se produjo la detención y fusilamiento de presos políticos que se habían fugado del Penal de Rawson, hecho recordado como la Masacre de Trelew.

A partir de ahí, abandonamos la zona explotada de forma masiva por el turismo y emprendimos un recorrido por la ruta 3 que bordea el océano atlántico sur. Durante 10 días recorrimos más de 1200 km y atravesamos dos provincias: Chubut y Santa Cruz.

El este de la patagonia alberga sitios con gran historia natural y social, fue protagonista de las matanzas de peones rurales durante los años 1920 y 1921, conocidos por el libro del historiador y periodista Osvaldo Bayer y por la película “La patagonia rebelde”. Pero también es anfitriona de un territorio mágico con una fauna única que pudimos conocer visitando sus Reservas y Parques Nacionales.

Visitar las ciudades costeras ofrece la oportunidad de disfrutar del océano atlántico sur, un mar de un color azul profundo, sacudido por los intensos vientos patagónicos. En nuestro viaje pudimos observar lobos marinos, guanacos, peludos, halcones, águilas, aguiluchos, cormoranes, pingüinos, choiques, liebres y tantos otros.

El pueblo de Jaramillo alberga un museo dedicado a recordar a los peones fusilados durante la huelga de la “patagonia rebelde” y en su entrada se encuentra una escultura que homenajea al peón “facón grande”, un gaucho entrerriano que lideró a los obreros durante su resistencia y lucha por mejores condiciones de vida. La municipalidad además, organizó una muestra fotográfica con los archivos del pueblo, quienes prestaron generosamente, pero también cuidaron de forma celosa. los documentos para ser copiados y digitalizados.

La ciudad de Caleta Olivia es un enclave que creció alrededor de la actividad petrolera, pero que nos demuestra que las actividades extractivas no traen beneficios para todos los trabajadores, esta población carece de muchos de los servicios básicos como luz y gas natural, las casas son humildes y actualmente sufre de graves problemas económicos y conflictividad social. Allí conocimos a Daniel, un trabajador de la industria petrolera, fotógrafo submarino y periodista, que se dedica a preservar la memoria del pueblo, como los restos que rescató del incendio del archivo municipal, y de los habitantes marinos.

En los Parques Nacionales pudimos conversar con los guardaparques, quienes nos contaron sobre la fauna típica de la estepa patagónica y de las costas marinas y también de los obstáculos y las virtudes de vivir en parajes tan alejados de las grandes ciudades. Ellos saben que las industrias extractivas no pueden garantizar el futuro de estas poblaciones, pero perseveran en su tarea de resguardar la memoria colectiva y las áreas naturales para construir un futuro mejor.

Este trayecto en particular no es tradicionalmente explotado por el turismo masivo, por lo cual muchas veces no guarda esa “corrección política”, lo cual le permite mostrar sus miserias y ser genuino. Nos llevamos sensaciones encontradas, que vinieron a disputar los sentidos construidos tradicionalmente sobre la Patagonia, como el desierto a ser conquistado, una idea de grandes áreas deshabitadas que llevaron hasta las últimas consecuencias, borrando todas las marcas de sus pueblos originarios. Visto desde la gran ciudad, parece que aquí “no pasa nada”, pero la realidad demuestra que la conflictividad social es alta. Estas experiencias locales prometen hacer ruido, insistente e invisible, como el viento patagónico.

Fotos: Colectiva La Cueva

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